Obama ya es el candidato demócrata y parte con ventaja sobre McCain, pero enfrenta algunos obstáculos para ser elegido el primer presidente afroamericano de Estados Unidos. Según una serie de seis encuestas realizada entre el entre el 8 y el 20 de mayo, en promedio, lograría el 47,5% de los votos versus el 43,2% de McCain (www.realclearpolitics.com/polls). En otra serie de cuatro encuestas, entre el 25 de abril y el 15 de mayo, también en promedio, los votarán por los demócratas en las elecciones de congresales, que se realizan conjuntamente con la presidencial, superan a los que lo harán por los republicanos por 49,3% a 37,3% (misma fuente).
La razón es obvia. En una serie de cinco encuestas, entre el 1 y el 15 de mayo, en promedio, el 79,8% de los norteamericanos piensan que el país va en la dirección equivocada y solamente el 15,6% que va por la correcta, y en otras cinco, entre el 8 y el 17 de mayo, el 66% desaprueba la gestión del presidente Bush y sólo el 30,2% la aprueba.
Todo ello explica que en tres elecciones de congresales celebradas este año, en distritos que eran bastiones republicanos, triunfaran los demócratas.
La última de ellas, en Mississippi, fue especialmente dolorosa. Ese distrito fue ganado hace cuatro años por la dupla Bush/Cheney por 25 puntos porcentuales. Lo conservó el congresal republicano en la última elección de medio período presidencial, 2006, con el 66% de los votos. Y ahora lo perdieron por 54% versus 46%.
Los republicanos hicieron una campaña como de costumbre. Todas sus figuras, no solamente McCain, también Bush y Cheney, se jugaron por su candidato. Y tuvo claros matices racistas, al identificar a un candidato demócrata blanco y conservador con el discutido ex pastor de Obama. Todo ello tuvo ahora un efecto bumerán, los afroamericanos, los independientes y los blancos liberales se movilizaron y votaron masivamente derrotando al republicano; una victoria de la obamanía.
Obama tiene otra serie de ventajas sobre McCain, además de un eficaz uso del internet. No solamente es más joven, logró movilizar a los jóvenes y afroamericanos, que en las últimas décadas votaron muy poco. Tiene la caja electoral más grande de la historia de EE.UU., y gracias a pequeñas contribuciones, en promedio, cien dólares. Y es el candidato del cambio, con un matiz comunitario, que recuerda a Franklin D. Roosevelt, en una sociedad agotada por los excesos neoliberales, que desembocó en una crisis financiera, e imperiales, las políticas neoconservadoras en el medio oriente.
Obama tiene por supuesto problemas, en especial con los que han sido llamados “demócratas con Reagan” o, más precisamente, los votantes blancos de la cadena de los Apalaches, la región más pobre del país. Y que son o fueron obreros de la industria pesada, en proceso de enmohecimiento, hacia el norte, o campesinos blancos pobres, hacia el sur. En el centro, son descendientes de escoceses, que primero emigraron a Irlanda y después a EE.UU., y que son conocidos por su individualismo.
Para enfrentar los obstáculos parece que se concentrará en sus bases sociales: jóvenes, afroamericanos, trabajadores del conocimiento, independientes; en los hispanos, con el apoyo del gobernador Richardson, el político latino más popular; en los cuatro estados que han cambiado su composición demográfica a favor de los demócratas: Oregón, Colorado, Nevada y Virginia, y en las zonas fronterizas de los Apalaches, como los estados de Indiana y Mississippi y el este de Pennsylvania.
Un completo más audaz sería designar como candidato a la vicepresidencia a un político de los Apalaches, el senador demócrata por Virginia, Jim Webb, por ejemplo, quien tiene varias ventajas, además de que el estado que representa podría ser clave para la victoria de Obama. Es descendiente de escocés de Irlanda, también es un héroe de Vietnam, como McCain, y fue no solamente republicano, sino subsecretario de la marina de Reagan. En otras palabras, es la encarnación del discurso de unidad nacional que según Obama es indispensable para hacer posible el cambio.
A Obama también lo ayuda que McCain, a pesar de su fama de rebelde, insiste en las políticas de Bush respecto de la guerra de Irak, la baja de impuestos y el mantenimiento del sistema de salud, el más caro e ineficiente del mundo. Y esos tres temas son vitales para los ciudadanos. Las proposiciones de Obama y los demócratas en esas materias, en cambio, son bastante más populares y por varios puntos porcentuales. A lo que se suma que, para tener soldados y caja para su campaña, McCain no puede separarse del muy impopular abrazo de Bush y sus muchachos.
Hasta ahora el equipo de Obama ha demostrado una excelente capacidad estratégica y enfrentado los escollos con gran habilidad. Veremos como sigue en esa larguísima marcha que es la elección presidencial norteamericana.
Según los optimistas, la larga competencia con Hillary Clinton entrenó a la obamanía para la recta final y su candidato terminará siendo un segundo FD Roosevelt. Para los pesimistas, en cambio, el país todavía no está preparado para elegir un afroamericano, con tintes comunitarios y que resalta la diplomacia en vez de la cruzada democrática por la fuerza, y Obama será un segundo McGovern. Como es demasiado temprano para hacer un diagnóstico para noviembre, hay que limitarse a hacer una fotografía del presente.
Todo ello explica que en tres elecciones de congresales celebradas este año, en distritos que eran bastiones republicanos, triunfaran los demócratas.
La última de ellas, en Mississippi, fue especialmente dolorosa. Ese distrito fue ganado hace cuatro años por la dupla Bush/Cheney por 25 puntos porcentuales. Lo conservó el congresal republicano en la última elección de medio período presidencial, 2006, con el 66% de los votos. Y ahora lo perdieron por 54% versus 46%.
Los republicanos hicieron una campaña como de costumbre. Todas sus figuras, no solamente McCain, también Bush y Cheney, se jugaron por su candidato. Y tuvo claros matices racistas, al identificar a un candidato demócrata blanco y conservador con el discutido ex pastor de Obama. Todo ello tuvo ahora un efecto bumerán, los afroamericanos, los independientes y los blancos liberales se movilizaron y votaron masivamente derrotando al republicano; una victoria de la obamanía.
Obama tiene otra serie de ventajas sobre McCain, además de un eficaz uso del internet. No solamente es más joven, logró movilizar a los jóvenes y afroamericanos, que en las últimas décadas votaron muy poco. Tiene la caja electoral más grande de la historia de EE.UU., y gracias a pequeñas contribuciones, en promedio, cien dólares. Y es el candidato del cambio, con un matiz comunitario, que recuerda a Franklin D. Roosevelt, en una sociedad agotada por los excesos neoliberales, que desembocó en una crisis financiera, e imperiales, las políticas neoconservadoras en el medio oriente.
Obama tiene por supuesto problemas, en especial con los que han sido llamados “demócratas con Reagan” o, más precisamente, los votantes blancos de la cadena de los Apalaches, la región más pobre del país. Y que son o fueron obreros de la industria pesada, en proceso de enmohecimiento, hacia el norte, o campesinos blancos pobres, hacia el sur. En el centro, son descendientes de escoceses, que primero emigraron a Irlanda y después a EE.UU., y que son conocidos por su individualismo.
Para enfrentar los obstáculos parece que se concentrará en sus bases sociales: jóvenes, afroamericanos, trabajadores del conocimiento, independientes; en los hispanos, con el apoyo del gobernador Richardson, el político latino más popular; en los cuatro estados que han cambiado su composición demográfica a favor de los demócratas: Oregón, Colorado, Nevada y Virginia, y en las zonas fronterizas de los Apalaches, como los estados de Indiana y Mississippi y el este de Pennsylvania.
Un completo más audaz sería designar como candidato a la vicepresidencia a un político de los Apalaches, el senador demócrata por Virginia, Jim Webb, por ejemplo, quien tiene varias ventajas, además de que el estado que representa podría ser clave para la victoria de Obama. Es descendiente de escocés de Irlanda, también es un héroe de Vietnam, como McCain, y fue no solamente republicano, sino subsecretario de la marina de Reagan. En otras palabras, es la encarnación del discurso de unidad nacional que según Obama es indispensable para hacer posible el cambio.
A Obama también lo ayuda que McCain, a pesar de su fama de rebelde, insiste en las políticas de Bush respecto de la guerra de Irak, la baja de impuestos y el mantenimiento del sistema de salud, el más caro e ineficiente del mundo. Y esos tres temas son vitales para los ciudadanos. Las proposiciones de Obama y los demócratas en esas materias, en cambio, son bastante más populares y por varios puntos porcentuales. A lo que se suma que, para tener soldados y caja para su campaña, McCain no puede separarse del muy impopular abrazo de Bush y sus muchachos.
Hasta ahora el equipo de Obama ha demostrado una excelente capacidad estratégica y enfrentado los escollos con gran habilidad. Veremos como sigue en esa larguísima marcha que es la elección presidencial norteamericana.
Según los optimistas, la larga competencia con Hillary Clinton entrenó a la obamanía para la recta final y su candidato terminará siendo un segundo FD Roosevelt. Para los pesimistas, en cambio, el país todavía no está preparado para elegir un afroamericano, con tintes comunitarios y que resalta la diplomacia en vez de la cruzada democrática por la fuerza, y Obama será un segundo McGovern. Como es demasiado temprano para hacer un diagnóstico para noviembre, hay que limitarse a hacer una fotografía del presente.
