Cannes. A pesar de las reservas provocadas por el comentario de Thierry Frémaux, el director artístico de Cannes, en cuanto a que la selección de este año fue “larga y difícil”, el segundo día del festival resultó bastante sólido en su sección competitiva.
Por su parte, la concursante israelí Waltz With Bashir (Un vals con Bashir), de Ari Folman, debe ser el primer ejemplar de un género que suena a disparate: el documental de animación. Así lo define su creador, por lo menos. En realidad se trata de una exploración personal del recuerdo impreciso de su participación militar en Líbano y, en concreto, de la masacre de Sabra y Chatila. A través de los testimonios de compañeros y un periodista, Folman recrea con dibujos animados varios episodios de esa guerra, combinados con las fantasías o sueños de los participantes.
El estilo de animación es estilizado como en las llamadas novelas gráficas. Los personajes son trazados con líneas sencillas, contrastadas sobre fondos realistas. El efecto es convincente para situar una distancia ante hechos terribles. Sin embargo, Folman no va al fondo del asunto. Si bien un grupo de refugiados palestinos es comparado a las víctimas del gueto de Varsovia, la película escamotea la responsabilidad de la masacre mencionada, culpando a los falangistas cristianos y apenas insinuando que el entonces ministro de Defensa, Ariel Sharon, se hizo de la vista gorda. Sin duda, Waltz With Bashir será objeto de polémica dentro y fuera del festival, que ya ha añadido la animación política –recuérdese Persépolis, del año pasado– a su programación, junto a trabajos mucho más convencionales. Hoy mismo fue la proyección especial de Kung Fu Panda, producción de DreamWorks, pero comprenderán que no me preocupé en verla por el momento.
La Quincena de los Realizadores tuvo una acertada inauguración con Cztery noce z Anna (Cuatro noches con Ana), inesperada realización del veterano Jerzy Skolimowski, inactivo en el cine desde 1991 y que, además, marca un retorno completo, pues es una producción de su natal Polonia, donde no había filmado desde 1966. A pesar del romanticismo sugerido por el título, es la melancólica historia de un hombre solitario que espía a su vecina regordeta y luego se las ingenia para acercarse a ella cuando la deja inconsciente. Con su humor remojado en patetismo, sus personajes tristes y el gris clima invernal que envuelve al relato, la película no podría ser más polaca: cualquiera diría que fue realizada durante el boom de esa cinematografía, cuando surgieron cineastas como Zanussi o Kieslowski.
Vamos a ver si el festival logra mantener ese buen nivel.
Leonardo García Tsao
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