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Agosto 18, 2026

Manuela Gumucio: El parlamento está indignado con los medios

 La norma para la televisión digital (TVD) en Chile debía haberse zanjado hace años, acaso meses. Se trata del primer paso, que establece el marco tecnológico, para desarrollar este nuevo tipo de televisión. Pero el debate, si es que lo ha habido, se ha sumergido, opacado y contaminado. Poderes innombrables pero algunos de ellos muy visibles, han obstaculizado la determinación, que ha de hacerla el gobierno. Una espera de meses, años, que tal vez se zanje en estos días.

Hay algunos que culpan al Transantiago de la tardanza. El ministro de Transportes y Telecomunicaciones, asediado desde hace más de un año con el sistema de transportes metropolitano, no habría tenido el tiempo para dedicarse de lleno a decidir la norma. Otros, como un buen número de diputados de diversas tendencias, acusan directamente al ministro René Cortazar. La norma estaba casi decidida en marzo del 2007, pero la llegada de Cortázar al ministerio, economista que proviene de la televisión y con simpatía, dicen, por la norma estadounidense y por el concepto de la TV como industria, la decisión se ha estirado. Una dilación provocada, que vuelca un debate necesariamente político y ciudadano en un asunto comercial. Aquellos poderes bien arrellanados en la actual televisión, no tienen ninguna intención de mover sus posaderas.  La torta publicitaria, han dicho sin contención ni rubor el gerente de un canal privado, no da para más trozos.

La definición de la norma no lo es todo en la determinación de la TVD terrestre, pero sin duda es un inicio. Porque, según ya se puede leer, no todas las normas son iguales. La estadounidense privilegia la calidad de la imagen; la europea, la multiplicidad de canales. Entre las dos la japonesa, según los ingenieros mejor que las anteriores pero más caras. La estadounidense la ha adoptado una decena de países, acaso; la europea unos cien; la japonesa Brasil, que desea expandirla por la región.

Ante esta decisión, no hay debate. Por lo menos no un debate público. Hay confusión, desinformación interesada, lenguaje críptico, que margina. La TVD se ha difundido hasta el momento como el plasma, la imagen digital, pero es mucho más que eso. Es, como han dicho especialistas, el mayor cambio en la televisión desde el paso al color. Porque no solo se trata de imagen y sonido digital, sino de la posibilidad de multiplicar señales. De los cinco o seis canales analógicos actuales, se puede pasar a decenas. Ese es un cambio, que apunta a los gestores, a los emisores, a los contenidos. Y es también un cambio que angustia a los que tienen hoy una buena tajada de ese mercado, que harán lo posible para mantener el statu quo.

En Chile no existen entidades independientes orientadas al estudio de los medios de comunicación. La excepción es el Observatorio de Medios Fucatel, dirigido por la especialista, académica y documentalista Manuela Gumucio. Fucatel, que es sin duda un espacio de reflexión sobre esta materia, ha organizado numerosas mesas de debate, expandido la discusión entre parlamentarios y en el mismo gobierno. Gumucio estima que la decisión sobre la norma digital está prácticamente zanjada, que es asunto de días, y que en juego está la europea y la japonesa. Pero éste será sólo el primer paso en un largo camino, que debería colocar, como nunca ha sucedido desde el retorno a la democracia, el debate de los medios en el centro de la agenda pública.

Desde la llegada al ministerio de Transportes y telecomunicaciones de René Cortázar la decisión sobre la norma se ha retrasado. Hay muchas versiones y rumores en el aire. ¿Qué es lo que se observa desde el Observatorio?

Gumucio: “Yo espero que no se vean confirmadas ciertas suspicacias que ha habido en función que el ministro Cortázar, por su proximidad con los actuales concesionarios de televisión, tenga una mayor preocupación sobre la satisfacción de ellos en esta transición, que es más de corto plazo, que la de largo plazo, que es la de la ciudadanía chilena, en tanto que pueda contar con una mayor diversidad de emisores. Efectivamente, aquí hay un criterio principal que debería regir la decisión que es considerar que los privados se defienden solos, y al Estado le corresponde defender a la ciudadanía en general y a quienes no tienen recursos”.

Se ha dado un plazo para el 2010, no sé si para la transición o para tener en marcha el sistema. Lo cierto es que para entonces estaría operando, en teoría, la TVD. Para ello debiera haber una nueva ley, lo que significará un debate nacional y parlamentario. Pero como ha ocurrido con anterioridad, en estos debates los intereses de la ciudadanía pesan poco en relación con los de los grupos de poder.

Gumucio: “Creo que aquí está pasando una cosa bien positiva. Por primera vez hay un parlamento bien indignado con lo que pasa con los medios. Hay una motivación, que es políticamente transversal. Hay un clima de debate, por eso yo me alegro de que el gobierno tome ahora la decisión de enviar los proyectos. Lo que importa ahora es  abrir un debate que durará uno o dos años, que nos va a permitir a todos los que tenemos inquietud en materia de medios que efectivamente nos expresemos, que informemos, que conversemos con los parlamentarios, etc. Es un muy buen momento, en el que hay una gran receptividad. Ello, por una razón muy simple: la mayoría de los parlamentarios son de regiones, donde es más fuerte y evidente este centralismo de la TV, de cómo los canales no cumplen, partiendo por TVN, su función de ser un vector de integración nacional. No son un vector de integración nacional porque la gente de regiones no tiene ninguna posibilidad de expresarse. Eso permite una sensibilización importante de los parlamentarios. Hay mucha molestia también con el canal público, hay una gran reflexión pendiente de cómo debiera ser”.

¿El debate público, sobre qué aspectos, visiones o materias debiera levantarse?

Gumucio: “Chile tiene postergado un importante debate, que es el rol del Estado en relación a los medios. Aquí ha operado una política implícita  de que el Estado no debe intervenir en garantizar el pluralismo y la libertad de expresión. Ese debate, por favor, tengámoslo. Los que pensamos que sí debe intervenir podemos perder, pero yo quisiera que lo perdiéramos post debate, después de que hubiera una amplia información sobre el tema. Llevamos 17 años de democracia y este sistema ha operado con una cantidad de leyes no explicitadas. Sería bueno que hoy las explicitemos, porque están dadas las condiciones. Recordemos que el actual modelo de televisión salió de un senado con senadores designados y en un momento de mucho mayor fragilidad democrática”.

El año pasado se realizó en Santiago un seminario internacional para discutir la televisión digital. Participaron especialistas europeos y latinoamericanos, se reflexionó, pero la discusión no logró elevarse a la ciudadanía. De aquel congreso se publicó el libro “El reto de la TV digital” (Editorial Universitaria en colaboración con ICEI), editado por Francisco Gedda, documentalista y director de la carrera de Cine y TV del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile (ICEI). Gedda, como consagrado documentalista, ha logrado demostrar que la televisión no es solo espectáculo, morbo y farándula. Una mirada que bien podría tener cabida en una nueva televisión digital.

¿Qué importancia tiene para un país como Chile, con su actual estructura de medios, la instalación de la TVD?

Gedda: En Chile tiene una enorme implicancia. Significa que la televisión de libre recepción puede tener el escenario del cable, que es un escenario en teoría magnífico para mucha gente porque puede elegir entre unas 60 señales. Se abre para el 70 por ciento de la gente que no puede pagar el cable. Ese es el escenario político comunicacional. Cuando hay 50 canales disponibles, por qué no pueden emitir los evangélicos, la conadi, los mapuche, la CUT, diversas minorías, el mundo privado, el mundo público, los canales regionales. Se abre un enorme escenario de discusión, y de modificación del concepto tradicionalmente vinculante a la televisión, evidentemente un espacio monopólico, representativo de los poderes dominantes de la sociedad chilena.

Al considerar esa estructura, cualquier cambio puede ser complicado e, incluso, conflictivo…

Gedda: Ahora estamos en un escenario diferente. Muchas personas o entidades pueden en teoría acceder al espacio radioeléctrico. Obviamente es una discusión que no podía ser fácil, y que iba a ser atajada en múltiples instancias, porque la industria televisiva que conocemos, que representa a los grandes canales, por ejemplo Chilevisión, de Sebastián Piñera, Megavisión, de Ricardo Claro, La Red, es una industria televisiva  que no le interesa abrir ese espectro. Tienen cifras azules después de años de invertir. Para qué aceptar que revuelvan el mercado y que entren más comensales a esta torta que manejan bien en términos económicos y además les da poder, en términos políticos. Piñera no se compró un canal que estaba con pérdidas, o Ricardo Claro tampoco perdió plata durante mucho tiempo. Se espera un alto dividendo de su negocio, que es el poder político finalmente. Control de la información, control del imaginario popular. Esa industria que concentra poder político y poder económico se resiste con todo a la apertura del espectro. Por lo tanto, ha habido un boicot real desde los poderes, expresados tanto transparentemente como de los poderes fácticos, que funcionan a escondidas, en retrasar la definición de la norma. En suma, de cualquier cosa que tenga que ver con la TV digital. La norma es parte del marco, define algunas cosas, no muchas, y sobre todo el marco. La regulación, el acceso.

Un debate con una fuerte presión de otros poderes. ¿Cómo participa  la ciudadanía en un asunto tan sensible para ella como es la televisión?

Gedda: Se da una realidad que es la concentración del poder informativo en manos de grupos muy reducidos. La Tercera y El Mercurio manejan dos tercios o el 80 por ciento de la información periodística, tres o cuatro consorcios concentran toda la expresión radial de Chile, la TV está manejada por los que no quieren que cambien el negocio. No es tan fácil una participación ciudadana que sea a través de la información finalmente. Fucatel ha estado un poco solitario en empujar una discusión al respecto”.

PAUL WALDER

Publicado en Clarín por gentileza de Terra Magazine y del autor.

http://www.cl.terra.com/terramagazine/index.html