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Agosto 18, 2026

Nada menos que una nación

La superchería es la síntesis del país, de todo devenir y voluntad. Engañifas vinculadas con “lo grande” de los chilenos; cualquier nadería elevada a estatus de ícono mezclado con abrazos presidenciales y gestos decorosos por parte del poderío económico y el vulgo. Descartando las tragedias humanas, lo más trascendente para el espíritu chileno normalmente se guía a partir del ya desgastado binomio “idioteces concertacionistas-deportistas destacados”, no porque esto en sí y por sí se transforme en la solución para nuestras deudas profundas y nuestro agobiante silencio, sino porque más vale hacer rumiar heces al pueblo que deleitar el paladar con hierba buena…

Todavía no se tienen noticias de deportistas con cerebro (se excluye de tal sentencia a los ajedrecistas). Ante todo, los deportistas son famosos por saber batir las piernas y/o los brazos tutelados por una determinada técnica corporal, que una vez traspasada la tercera edad muere junto a sus neuronas. El deportista normalmente tiene una estructura corporal bastante desarrollada con músculos bien firmes, empero el cerebro cual músculo que también precisa atención, se mantiene laxo y caído de manera que ninguna idea brillante puede esperarse de un individuo que a fin de cuentas apenas si es un mero “ejecutor”, una vitrina en la que mercaderes ofrecen sus existencias; desde cinturones hasta adminículos para concebir ensaladas (El tenista González ofertando palta a diestra y siniestra).

Lo más insoportable del deporte es el fútbol, majadería populachera por excelencia. Si el Polo constituye en sí una payasada (basta contemplar esa muy chilena y mixta selección ganadora del trofeo y las palmadas de la presidenta ¿socialista?) y el atletismo, yudo, ciclismo, gimnasia, etc., verdaderas odas al egocentrismo y la tozudez –quizá el tenis sea la única materialización de la voluntad individual con logros-, el fútbol en nuestro tiempo es algo a lo que Marx sin duda llamaría “el opio del pueblo”. ¡Cuánto mediocre no contempla con arrobo, lágrimas, jadeos, erecciones y borracheras los enfrentamientos entre la Universidad de Chile y Colo Colo! Ambos equipos son la cabecilla de un círculo vomitivo que incluye a futbolistas (normalmente sujetos viciosos e iletrados), modelos, periodistas, prensa, argot, delincuencia, cerveza, rayados, riquezas y más ramplonería. Eso es el fútbol.

El fútbol es el deporte básico por excelencia, pero como todo lo populachero, fuente inagotable de recursos. Hay que ver cuántas jornadas massmediáticas hemos debido soportar, donde se nos narran las rutinas nada intelectuales y muy vulgares de gente como Iván Zamorano: futbolista famoso por sus manierismos plebeyos y tosquedad inmanente, en torno al cual se ha escrito incluso una biografía de aquellas destinadas a ser compartida con los ejercicios más escatológicos llevados a cabo al interior del baño. Mauricio Pinilla es otro miembro del selecto “club”: se trata de un macilento joven que ha hecho de su ridiculez y pericias en el lecho, verdadera historia al interior de la farándula nacional, llamando la atención de cuanta jovencita de estrato bajo exista en las audiencias.

El gran logro del deporte y específicamente el fútbol, es su efectiva posición en la concepción de mundo de las audiencias, lo que sin duda se transforma en acicate para la estupidez nacional. Páginas, portadas de revistas y habladurías periodísticas son la mala conciencia personificada y la única fuente a partir de la cual todo el populacho construye su pobre visión de la vida. El gobierno, por supuesto, esparce sus bendiciones a los deportistas y éstos aprovechan las audiencias presidenciales para espetar su “preocupación” por la escasez de recursos destinados a estimular el deporte recurriendo al muy despreciable argumento de “salvación para jóvenes en riesgo”. Es decir, o bien se eligen drogas o perseguir un objeto inanimado. Ecce Hommo Chilensis.

Los representantes ven con buenos ojos el advenimiento del deporte, útil para ellos en la medida que les permite mantener la atención popular alejada de las problemáticas sociales, y de sus “encomiables” y muy sofisticadas actividades. Recordemos que en el resumé de la recién destituida ministra de Educación se manifestaba claramente su experticia en sentadillas, flexiones de brazos, tiburones e inclusive “anatomía” (la anatomía, dicen, es el “coladero” de Pedagogía en Educación Física), por lo tanto la venia gubernamental viene desde “lo alto”. Qué decir de esa costumbre populista de los partidos políticos toda vez que surgen las campañas de la Teletón o el Hogar del hijo de Dios, si hasta la correctísima Soledad Alvear ha perseguido la pelota, sin importar que su increíble peinado –todo un logro en la industria del limón- parezca estopa usada y sus carnes fláccidas reboten por doquier.

Para los griegos la fealdad física constituía una refutación y sin duda el mantener un cuerpo saludable ayuda a concentrar mayor atención en el análisis, la creación y el acto mismo del filosofar. Cualquier nación democrática ha llevado la actividad deportiva de manera exitosa y sin embargo, no ha descuidado las instancias relacionados con la producción artística e intelectual. No obstante, en Chile se apoya de forma inconmensurable la mediocridad de unos cuantos y se mantiene en vilo la preocupación en el campo –al contrario de lo que piensan los exegetas de la materia- mientras todos quienes anhelan pensar “un poco más allá”, deben atrincherarse y susurrar su descontento porque la sociedad los ha silenciado. Eso no puede ocurrir. Precisamos defender la postura que aboga por un despertar de la conciencia popular, que ya no debe estar desvinculada de su propio devenir histórico, sino en cambio, alerta de los procesos de exclusión y necedad que ya se están transformando en el manto que va cubriendo paulatinamente nuestro espíritu e identidad cultural.