google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

España: Inmigrantes por puntos

En elecciones los dirigentes políticos del Partido Popular se  desmadran. Hoy piensan en una ciudadanía de integración por puntos para inmigrantes. Se trata de una propuesta cuyo fondo, de no ser por su contenido  xenófobo y racista, deberíamos tomarlo a guasa. Según sus dirigentes mas avezados, Mariano Rajoy y Arias Cañete, los emigrantes, si ganan los comicios, deberán pasar por un test de calidad.

Firmar un documento en el cual se comprometen a ser subsumidos y ser respetuosos con  los valores y las costumbres del país. Un examen de admisión en toda regla. Si suspenden serán repatriados por inadaptados al considerseles  un problema para la seguridad interior del Estado.

¿Pero que significa  respetar las costumbres?  ¿Se puede obligar a un inmigrante sentirse  español y asumir su cultura?  Pensemos en algunas de las cuales, los españoles, se sientes orgullosos cuando salen al exterior. Si hacemos una lista, el vino destaca entre ellos. Así, se podría exigir a un musulmán beber  sus caldos  con denominación de origen en concordancia a la comunidad autónoma de residencia. Rioja, Valdepeñas, Cariñena, Penedes, etc. Tras los vinos se vanaglorian de sus  productos genéricos. La tortilla de patatas, el jamón ibérico, los quesos y embutidos. Los inmigrantes deberán  comer continuamente jamón ibérico, queso manchego, tortilla española, pan de hogaza y paella, entre otros platos típicos. Igualmente, deberán  estar vestidos para la ocasión. Traje típico y bailar jotas, chotis, o lo que  indiquen sus anfitriones.  Así, el inmigrante irá asimilando  costumbres y se sentirá uno más de la comunidad. Otro elemento importante es hablar correctamente la lengua. No se puede ser inmigrante y optar a la españolidad sin un perfecto dominio del castellano y sus diferencias. Hay que distinguir y pronunciar el acento  gallego,  andaluz, vasco, andaluz o valenciano. También debe cumplir con ciertos requisitos deportivos. Los españoles se sientes orgullosos de  tener deportistas en la élite mundial. Nadal en tenis, Alonso en formula Uno, Gasol en Baloncesto. Los inmigrantes  tienen la obligación de ser fervientes forofos de dichos personajes. Ni se le ocurra apoyar  o mostrar  preferencias por un extranjero. Ni que decir del fútbol. Para ser un inmigrante con costumbres españolas, tendrá que estar al día de que ocurre en la liga nacional. Ser socio del  Real Madrid, el Barca  y apoyar a la selección española. Como se trata de ser más papistas que el Papa, no queda mal integrarse en las bandas ultras de cada equipo. Para la derecha española sería un síntoma de asumir las costumbres y comportarse como un  buen inmigrante. 

 Ello permitiría ganar puntos para  gozar de un permiso de  trabajo y de residencia. Ahora bien, tampoco puede ver programas ni películas extranjeras. Debe siempre preferir la producción nacional y las series y telenovelas del pais. Todo para  asimilar las costumbres. Sin embargo, haga lo que haga, siempre corre el riesgo de ser considerado despectivamente. Es un ser inferior,  mediocre y no está a la altura de los españoles. Requiere un aprendizaje. De allí que debe someterse a un test de españolidad. Ser un camarero por ejemplo, es complejo y los ecuatorianos que laboran en el sector son lentos y torpes. No pueden compararse con la vieja guardia nacional. En boca de  Arias Cañete, secretario ejecutivo de economía y empleo del Partido Popular, se diferencian  de  “aquellos maravillosos que teníamos, que les pedíamos un cortado, mi tostada con crema, la mía con manteca colorá, y a mí una de boquerones con vinagre, y te lo traía todo con una enorme eficacia”. A los actuales inmigrantes hosteleros que trabajan doce horas por un sueldo miserable, se les  cae el café, tardan, no  recuerdan el pedido, huelen mal, son negros, bajitos y te miran con odio  cuando no dejas propinas.

Los populares subsanarán todos estos handicap. Según ellos  si no aprender bien el castellano y no se asimilan, serán, repito, expulsados en un término de un año. No se trata de que cumplan las leyes y se integren, sino de ser asimilidos en tanto esclavos al servicio de los señores esclavistas de nuevo cuño. En este sentido, les propongo  a los señores del Partido Popular,  una cartilla   para inmigrantes. Se trataría de obtener puntos para  garantizar su control y correcto aprendizaje de las costumbres donde  empresarios y españoles de bien, como antes los cristianos viejos, puedan sellar los  recuadros hasta completar la cartilla. Por ejemplo: hablar sin sesear  sumaría diez puntos. Asistir a tablaos flamencos, corridas de toros y semana santa cinco puntos. Vivas al rey 2 puntos. Criticar los matrimonios gay, manifestarse contra la educación por la ciudadanía, apoyar la familia tradicional, asistir a misa los domingos y declararse  en pro de la educación privada, 20 puntos.  

Sin embargo, mas allá de esta mala caricatura, la propuest, del Partido Popular, cuenta con un respaldo  amplio de la población española. Sobre todo en los sectores populares y medios. Estos ven con recelo la llegada de tanto inmigrante y lo consideran un peligro. Además aflora el sentimiento xenófogo y racista   en otra parte de la sociedad. Cuando se juntan estos ingredientes el discurso contra la inmigración cala profundamente y se convierte en un argumento para defender la identidad nacional. Los mas afectados, trabajadores sin oficio, jornaleros, obreros de la construcción etc. Ellos ven al recien llegado como un enemigo, como esquirol. Trabajan por menos  por menos dinero, contratos basura, cuando no  ilegales.

El discurso político  de la derecha ha metido en la cabeza de los españoles la falsa idea de ser, los inmigrantes, los responsables del colapso de la sanidad pública y culpables del déficit  de la seguridad social. Es una realidad tenebrosa. Un sector importante se identifica con este discurso, votará al partido popular y por lo tanto apoya esta medida. Lo mismo ocurrió en Francia con Sarkozy.

En conclusión, estas políticas  evidencian que la derecha  no  busca que los inmigrantes cumplan con la ley ni la integración, sino el sometimiento y la pérdida de identidad en favor de una dominación  que va mas allá de una lógica  de conocimiento histórico de los valores y las costumbrs de la sociedad en la cual trabajan, coadyuvan a su desarrollo y enriquecen cultural, económica y políticamente. Para la derecha siempre serán  mano de obra barata de segunda clase.