Cualquier visitante despistado que deambule por estos días por Santiago, podría concluir y relatar, una vez de regreso en su país de origen, que esta ciudad es verdaderamente un hervidero de cultura. En la descripción de su itinerario comenzaría diciendo que asistió a un excelente Festival de Jazz en la ribera de un río donde hay un parque rodeado de magníficas esculturas. Que allí tuvo la oportunidad de escuchar a importantes músicos de la talla de la noruega Solveig Slettahjell en un marco inmejorable como lo fue una noche estrellada con una luna creciente que se reflejaba en los edificios espejados del lo que llamaban Sanhattan.
Dirá además que le extrañó, por cierto, que también hubiera graderías al otro lado del río y que además cobraran entradas por estar ahí, pero que la gente estaba feliz. Una noche perfecta porque volvió caminando al hotel puesto que acá no era tan peligroso como le habían advertido y que se veía una ciudad limpia y con casas muy bonitas. En su relato, el turista contaría que al día siguiente fue al centro de la capital y que obedeció las insistentes recomendaciones sobre visitar el Museo de Arte Precolombino y, que quedó encantado con una colección fabulosa, uno de los grandes lujos de una ciudad cuyo edificio más antiguo tenía la misma data que su hogar en Europa. Una de los grandes regalos que le tenía guardado esta ciudad escondida detrás de Los Andes habría sido la posibilidad de ver en persona, y no sólo eso, sino además, recitando parte de su obra, a su escritor favorito, el italiano Alessandro Baricco en una representación maravillosa donde una serie de actores chilenos iban leyendo su obra Homero, Ilíada y, que aunque no entendía casi nada de español, pudo darse cuenta que era gente que tenía un gran oficio actoral. Que incluso alcanzó a ver muy de cerca al escritor, justo antes de que entrara a visitar a la Presidenta de la República , que se notaba era una persona muy sensible, culta y tolerante como para hacer un espacio en su ocupada agenda y atender a un escritor que fue a verla al Palacio presidencial en jeans y polera. Impresionante le había resultado ver la oferta teatral de Santiago y que si bien la calidad de los montajes era muy buena en algunos casos, las salas no estaban a la altura de lo que él estaba acostumbrado en Europa, ya que tablones con cojines puede ser entretenido un rato, pero no dos o más horas, ya que su edad ya no estaba para esos trotes. El visitante contaría que la casa de Pablo Neruda en el Cerro le pareció muy peculiar y que el paseo por el Barrio Bellavista le dejó el mal recuerdo del robo de su cámara fotográfica, que no sabe en qué momento se la sacaron de la mochila, si cuando se quedó mirando a unos niños payasos que hacían piruetas en la calle o detrás de la silla donde la dejó colgada mientras se bebía un jarro de cerveza junto a unos muchachas chilenas que no hablaban inglés pero que se veían muy simpáticas. Recomendaba por sobre todo llevar muy buenos bloqueadores solares, mejor si eran europeos, porque son más confiables ya que la rotulación en Chile aún es poco rigurosa… y es que la capa de ozono en esta parte del mundo ya casi no existe y esta pobre gente se va a morir toda de cáncer a la piel. La lección la aprendió muy bien ya que la insolación horrible que le dio en la playa de Cartagena no le permitió ir al recital del gran músico serbio Goran Bregovic, aunque la música se escuchaba desde la pieza que arrendó por una ganga en un hostal. Y que no pensaran jamás que en este país de extensa costa se come mucho pescado y mariscos, porque son escasos y que el plato típico es el pollo con arroz.
Que ahora entendió que su padre, un viejo marino mercante, no exageraba cuando le decía que Santiago de Chile era la Atenas de América Latina. Le extrañó, sin embargo, que en lugar de las librerías que esperaba encontrar en cada esquina, había en su reemplazo enormes farmacias. Y que cuando pudo encontrar alguna, los libros le parecieron horriblemente caros. Que en resumen, Santiago era una fiesta y que le encantaría volver en mitad del invierno, para ver toda esa enorme Cordillera nevada a los pies de la ciudad y disfrutar de tantos festivales de música, danza y teatro juntos
