El alto IPC de este año se debe a que han aumentado los costos de producción, donde confluyen múltiples aspectos negativos, como son: el desabastecimiento de gas natural argentino, el aumento de los precios internacionales de las materias primas, incluido el petróleo, y un retraso estacional en la producción de hortalizas.
¿Qué irá a pasar más adelante? es muy difícil poder asegurarlo, pero, sin embargo, lo más probable es que esta situación no siga empeorando y las presiones de costo tiendan a desaparecer en el largo plazo. En otras palabras, el IPC de largo plazo sigue siendo bajo y está contenido en la meta inflacionaria del Banco Central.
Por otro lado, de continuar aumentando la brecha de tasas de interés con los Estados Unidos, principal centro financiero global, entrarán más capitales especulativos al país. Actualmente, la competitividad de los productores nacionales está afectada gravemente en el corto plazo, sobre todo la de los exportadores “no tradicionales”. Es sabido que ganar un mercado externo significa un esfuerzo empresarial de muchos años y perder la confianza de los clientes impedirá el desarrollo exportador de aquellos productos con más valor agregado.
Finalmente, no debemos olvidar que justo hace diez años atrás el Banco Central dejó que la tasa de interés subiera hasta las nubes y lo que debía haber sido un mero ajuste de expectativas especulativas para el sistema bancario terminó transformándose en una recesión. Por lo tanto, la situación para los próximos meses amerita de un actuar muy prudente y cauto de la autoridad monetaria. No vaya a ser que terminemos tropezando con la misma piedra.
Juan Carlos Scapini S.
Director Ingeniería Comercial
Universidad Central
