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Agosto 18, 2026

Más cara la vaina que el sable

Ya se va a cumplir un año desde que se hiciera oficial la Política Nacional del Libro y la Lectura , un instrumento que hacía años era anhelado por el mundo literario y editorial que fue recibido con hurras y aplausos. Un año también, desde que sea anunciara el Plan Nacional de Fomento de la Lectura , ambos instrumentos liderados por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura , que en el trayecto además, cambió de secretario a secretaria ejecutiva.

El silencio imperante en este ámbito se contrasta, sin embargo con la difusión que ha tenido el anuncio de la Presidenta Bachelet del “maletín literario” para las 400 mil familias más pobres de este país. Las editoriales nacionales, campeonas de la denuncia del IVA y de la exigencia por un precio fijo para los libros entre otros puntos que debieran ser parte de la Política ,tienen por ahora sólo los ojos para “la pesada mochila” que le ha tocado cargar a la directora de la DIBAM , Nivia Palma. Y es comprensible, cuando el resultar favorecido en la próxima licitación significa salvar el año a comienzos de éste. Un tiraje de 133 mil libros no es ninguna bicoca cuando lo habitual es imprimir mil o menos ejemplares de libros de ficción.

Y es que nuestra realidad es esa, la de tirajes minúsculos, escasa difusión en cada vez menos medios de comunicación destinados a la cultura. De aquí que un plan que tenga como objetivo “crear las condiciones para asegurar el más amplio acceso al libro y la lectura, integrando en este esfuerzo a todos los actores relacionados, así como al conjunto de la comunidad”, es una necesidad urgente cuando las cifras indican que un 42 por ciento de la población superior a los 15 años leyó sólo un libro en los últimos doce meses.

En silencio se ha diseñado este  Plan Nacional de Fomento de la Lectura que pretende ser un  ente coordinador de iniciativas y que ya cuenta con una agenda estratégica que identifica 11 líneas de acción, entre las que se consideran el financiamiento estatal del fomento a la lectura y el fomento de una industria nacional del libro, líneas que son desde hace tiempo parte del diagnóstico, pero que ahora este Plan además agrega una cincuentena de iniciativas estratégicas, algunas de las cuales ya están en marcha.

Este Plan que le ha tocado liderar a la flamante secretaria del Consejo del Libro y la Lectura , Marcela Valdés, llama la atención cuando en ninguna de esas iniciativas dice algo sobre el maletín literario, cuando el éste debiera contener al maletín. Se trata de una omisión grave que prontamente debiera resolverse por cuanto más tiempo pasa, mayor se hace la falta.
Más que buscar culpables lo que escasea es una visión de país para enfrentar una tarea de tanta necesidad como fomentar la lectura en una población que en el 45 por ciento del segmento etáreo mayor de 18 años, ni se arruga al declarar que no ha leído nada en los últimos doce meses. Lo que sin duda pesará, aún cuando las voluntades y problemas de coordinación se subsanen, es que los  montos asignados al maletín literario son infinitamente mayores a los que considera el Plan. Y es que no deja de llamar la atención que el Plan tenga considerado para el próximo año un gasto que no alcanza el millón de dólares, en tanto el maletín, ya tiene asegurada más de cuatro veces esa cantidad.