Respeto a los contratos para la libertad de mercado y libre competencia. “En América latina la prosperidad económica solo puede venir capitaneada por la iniciativa privada garantía de prosperidad y libertad”. Su conclusión: el populismo acosa los derechos de propiedad y es un peligro para la libertad individual. “El ataque a los derechos de propiedad por parte del Estado, sin que quepan distingos entre ciudadanos y empresas nacionales, es una constante de los populismos … y del socialismo del siglo XXI”. Asimismo, la intervención del Estado en la acción social, rompe el equilibro entre lo público y lo estatal. “Entre las funciones del Estado no está la intervención directa…como reivindican corrientes neoestatistas.” El éxito para consumidores y contribuyentes, subrayan, se basa en la privatización y en establecer impuestos como el IVA único. Llegando incluso a proponer un porcentaje, el 15 %. En esta dirección crítica a la acción social del Estado se plantean que “América latina tiene mucho que perder con un proteccionismo que solo responde a los intereses de determinadas minorías…El discurso proteccionista, tan antiguo como desacreditado, es hoy enarbolado por el nuevo populismo nacionalista y antiglobalizador. América latina debe reconsiderar su estrategia negociadora en la Ronda de Doha y otro papel en la OMC.” Todo debe ser trasformado, también, la educación cae en la lógica del mercado. Se trata de crear consumidores competitivos cuya lógica sea dotarlos de “incentivos al esfuerzo, a la exigencia y a la recompensa condicionada a los resultados…. Hay que aplicar normas claras del mercado a la educación y los colegios, a los profesores…” Es necesario aprovechar la creatividad, materia prima abundante, dirán, para luego sacar partido y fundar un “mercado cultural transatlántico, basado en gustos y tradiciones culturales compartidas y eliminar trabas al mercado …al igual que en otros sectores de la economía. “la cooperación iberoamericana debería evitar abrigar o justificar políticas que persiguen controlar la vida cultural de los ciudadanos o condiciones de su libertad de elección, a menudo bajo el pretexto de defender la diversidad …La diversidad es innegable en América Latina y es un tesoro…” aunque, con anterioridad se sitúa la libertad de elegir inherente a la globalización.
Sin embargo, en este último apartado, destaca su propuesta de integración. Tiene cuatro ejes. Hemisférico, latinoamericano, subregional e iberoamericano. El primero, se refiere a la seguridad y corresponde ejercerlo a los Estados Unidos. Es el actor insustituible. América Latina lo debe aceptar ya que EE.UU tiene una “trayectoria en la defensa de la democracia y la libertad demostrada día a día en la defensa de los derechos fundamentales.” Lo cual “lo sitúa como garante activo de los valores en todo el mundo … lo demuestra al embarcarse en la batalla en Oriente Medio.” La contrapartida de tal poder hemesférico, que EEUU fomente un Plan Marshall en manos de la inversión privada discriminadora entre países con seguridad jurídica y la aceptación del ALCA y los tratados de libre comercio. En cuanto a los otros tres ejes son subsidiarios. En ellos, la Unión Europea debe ayudar a los Estados Unidos a consolidarse en la región, ya que la Unión es un “poder blando con capacidad para influir mediante el ejemplo y cooperación”. y América latina debe abrir sus fronteras a las empresas multinacionales de capital de riesgo. A España le cabe construir la comunidad Iberoamericana, ser un interlocutor y reforzar la alianza atlántica. “No se puede permitir acercarse a regímenes populistas como Venezuela y otros. Eso desacredita el liderazgo español en el mundo”. Hay que mantener una posición firme en las cumbres capaz de enfrentar el socialismo del siglo XXI. Así, en el último sub-apartado, perspectivas cubanas, plantean que: “la desaparición de Castro es inevitable, pero su empecinamiento ideológico y su fortaleza física dejan obsoleto cualquier escenario”, y añaden, que ha recompuesto “la alianza revolucionaria con Venezuela, Bolivia y Ecuador, junto con la benevolencia de otros gobiernos populistas como China y la India y la pasividad de la Unión Europea.”
Lo cual obliga a repensar la política de intervención, mas aún cuando el problema cubano forma parte de la política de seguridad nacional de los Estados Unidos. Por esta razón, España debe “recomponer la relación Unión Europea, EE.UU para trabajar en el dialogo entre cubanos.” Su objetivo es crear condiciones para desestabilizar el orden político por medio de “la creación de un fondo José Martí con aportes de inversores privados y de organismos internacionales para ayudar a la oposición y evitar el riesgo, tras la caída, de un nacionalismo populista. El papel de España “sera ineficaz si renunciamos … a la colaboración con los EE.UU.”
