Sin embargo, el proyecto de la revolución bolivariana, con la cual nos identificamos plenamente, va más allá de los líderes que la encabezan y ellos tienen la obligación de ser prudentes para sumar y no restar. Chávez no lo ha hecho y se ha dejado conducir por una conducta que lamentamos y deploramos. El insulto no ayuda al proyecto ni al sueño de Bolívar. Sus asesores deberán recomendar más prudencia, ya que lo que está en juego es la revolución bolivariana y no los exabruptos amargos de quienes han sido puestos por sus pueblos, para encabezar el Renacimiento Latinoamericano.
Como lo expresa Rafael Luis Gumucio Rivas, historiador y cronista chileno,“La plutocracia de ahora le teme al trío Chávez. Morales Correa. Estos tres presidentes surgieron de la incapacidad, insensibilidad y sinvergüenzura de los partidos tradicionales de las repúblicas bolivarianas” Es cierto. Pero no debemos caer en el mismo error de las oligarquías nacionales, prontas para insultar, descalificar o invertir cuantiosas cantidades de dinero para desprestigiar y ridiculizar cualquier intento serio que busque transformar nuestro subcontinente y terminar con la situación de privilegios de que hoy gozan injustamente.
Las oligarquías nacionales siempre están prontas para insultar a los gobiernos de Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Bolivia, que independientemente de las peculiaridades de sus líderes, han expresado la voluntad de transformar a sus pueblos y de terminar con la influencia externa, que han sufrido sobre sus espaldas desde la independencia del colonialismo ibérico.
Cuando uno expresa estas ideas, salen los guardaespaldas del sistema neo-liberal a gritar rabiosamente que uno se ha quedado en el pasado y que no ha progresado. Nos niegan el derecho a pensar, a levantar nuestras propias utopías, a concitar y reunir seguidores para levantar el sueño bolivariano: más humano, más justo y más equitativo. Nunca el sistema neoliberal lo podrá conseguir. Su fundamento intrínseco está en poner como prioridad absoluta el lucro y la ganancia como virtudes de la sociedad, cuando realmente son actitudes lujuriosas que corrompen al ser humano y lo desplaza a la ley de la selva y a la muerte anticipada.
Hay que tener cuidado con lo que se dice y se hace. No podemos entregar, gratuitamente, municiones al enemigo, que con toda seguridad las sabrá explotar una y otra vez, en los medios de comunicación que ellos controlan y manipulan. Hay que sumar y allí está el éxito del proyecto de nuestra América.
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