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Agosto 18, 2026

Tesoros por descubrir

Una “cápsula del tiempo” es como definen los expertos arqueólogos a sus hallazgos submarinos. Contrariamente de lo que pudiera pensarse, la fuerza de las olas del mar que ha hecho naufragar a millones de naves o hundido a ciudades completas durante milenios, guarda en muy buen estado tesoros maravillosos que despiertan la codicia y la imaginación.

Más de tres millones de pecios o restos de naves duermen sobre el suelo acuático junto a ruinas de importantes ciudades de la antigüedad, son los datos que entrega UNESCO, organismo que se ha preocupado de su rescate y protección jurídica al menos, a través de la Convención sobre Patrimonio Cultural Subacuático del año 2001.

En ese cuerpo normativo se define al patrimonio cultural como “todos los rastros de existencia humana que tengan un carácter cultural, histórico, arqueológico, que hayan estado bajo el agua, parcial o totalmente, de forma periódica o continua, por lo menos durante 100 años…”.

La noticia sobre el reciente hallazgo superior a los 500 millones de dólares en monedas de oro y otros tesoros, al parecer, frente a la costas de España, nos dan la luz de alerta respecto de una posibilidad que puede ocurrir frente a nuestras costas en cualquier momento. La justicia española ante la negativa del barco cazatesoros Odyssey Explorer a explicitar el lugar del descubrimiento, se hizo de inmediato parte del caso y por ello, en pocas horas ya había capturado a la nave  y la tiene retenida hasta comprobar su bitácora. Los españoles tienen plena conciencia de que esos barcos atestados de tesoros provenientes de América y que no pudieron arribar debido seguramente a la voracidad con la que expoliaron nuestras riquezas, hoy son parte de su patrimonio cultural. De aquí que no hayan dudado en ratificar la Convención antes citada. Pero, ¿cuál es la situación de nuestro país?  Chile es reconocido internacionalmente por su renuencia a ser parte de este tipo de legislación y la abstención en dos oportunidades a aprobar el proyecto es muestra de ello. La excepción la constituye la Convención de la UNESCO sobre Sitios Patrimoniales. Sin embargo, eso no significa que estemos desprotegidos ya que desde 1999 toda traza de existencia humana sumergida en las aguas del mar territorial y aguas interiores por más de 50 años es considerada monumento histórico, y como tal se hallan bajo la protección del Estado en virtud de la Ley de Monumentos Nacionales. Lo que en definitiva, sería incluso más ventajoso que la Convención desde algunos puntos de vista. Sin embargo, como lo señala la experta asociada de la División de Patrimonio Cultural de la UNESCO Ulrike Koschtial, “al parecer la protección real actual es bastante limitada”. Intuición que es fácilmente verificable cuando la Armada de Chile tiene serias dificultades para impedir la permanente violación a nuestros límites marítimos por parte de los barcos factorías, la mayoría de ellos españoles, por cierto, en busca de cardúmenes. Para qué decir de las irónicamente llamadas “artes de pesca” que se utilizan en Chile y en el mundo entero. Nos referimos a la “pesca de arrastre”, por ejemplo, esa suerte de rastrillo gigante que barre con la fauna y flora del lecho marino, pero que también engulle esos tesoros que no son entregados a las autoridades y pasan a ser parte de inmediato del permanente contrabando de nuestro patrimonio material.

En abril de este año, la Armada comunicó el hallazgo de un punto sólido que tendría enormes similitudes con lo que sería el submarino “Flach” que se hundió en la bahía porteña en mayo de 1866. Se trata de una nave construida por un alemán de corazón chileno Karl Flach, quien diseñó y construyó un bote submarino, el segundo de América y quinto del mundo, con el objetivo de atacar al escuadrón español que entonces bloqueaba al puerto. Un sueño que terminó con el artefacto hundido, la muerte de 11 personas, entre ellas el constructor y su hijo y el puerto en llamas, luego del cobarde bombardeo hispano y su posterior huida.

El “Flach”, una verdadera “cápsula de tiempo” es una oportunidad para conocer más de nuestro pasado y sumergirnos en él, ojalá amparados por una contundente legislación internacional.