Chile es una nación pobre en toda la dimensión de la palabra: económica, espiritual e intelectualmente. Nuestros representantes –dualismo que surge de la fusión gobierno-empresariado- encuentran en los Medios de Comunicación, la forma más eficaz para ocultar los problemas sociales importantes que aquejan día a día a la nación, y como siempre es más fácil manejar a un populacho obtuso y mediocre, hacen vista gorda frente a las vacías temáticas que son puestas día a día en la agenda. “Futbolista se acostó con modelo”, “Juglar golpeó a una prostituta”- perdón, “periodista”- “Aburridor de televisión sufre bochorno en público”, son algunas de las materias favoritas que son desmenuzadas por los estudiosos de la opinión, llegando a estado de trance cuando se destapan más y más detalles de la vida íntima, teorizando desde diversas ópticas si la posición amatoria escogida por tal o cual, es lo suficientemente óptima para no romper el catre.
El espíritu de la TV o estudio de la opinión
Desde hace algún tiempo los Medios de Comunicación se han vuelto regeneradores del logos y la opinión ¿Qué es el logos? Es el discurso, la interpretación, el estudio “de”, es el origen: el verbo, la palabra. Deviene de esto entonces, la panacea del anhelo mercantilista de cualquier canal de Televisión, a saber, la Opinología, o lo que es igual: el estudio de la opinión.
Los Platón, Kant, Fichte, Hegel, Nietzsche y Wittgenstein de las audiencias son “S.Q.P” –Sálvese Quien Pueda- “Alfombra Roja”, “Mira Quien Habla”, etc., es decir, horas y horas donde diversos antifilósofos se dedican a desmenuzar, basados en la teoría de la “opinión”, la vida y obra de futbolistas, modelos de ropa interior, juglares y aburridores nacionales, con la valentía propia de quien ha indagado desde el origen toda la tragedia.
S.Q.P. es la emperatriz de la opinología, algo así como el Husserl del estudio de los fenómenos. Este programa –como todos los de su especie- consta de un mix de panelistas compuesto por bufones, periodistas, homosexuales, druidas, pitufos y hechiceros, quienes en torno a una mesa discuten los amplios temas de la farándula nacional: sexo, fiestas, vestidos, depilaciones y querellas. Dentro de aquella ensalada de idiotez generalizada, están los polémicos –quienes dicen “lo que piensan”– , y los aburridos defensores de las estrellas. En el primer grupo ensartan a las fieras José Miguel Villouta y Pamela “Giles”; ambos brillaron durante un tiempo ya pasado, como entes críticos de la economía, el arte, la política y la contingencia. La cesantía quiso que esta dupla encontrara albergue y solaz en las acaloradas aulas de Chilevisión, rebajando su antaño espíritu crítico a la altura de los insignificantes, llevando las palmas del abultado mundo antifilosofal criollo. El segundo grupo es un bodrio impredecible que se divide en dos: mujeres y hombres –muy feos físicamente además-.
La absurda polémica subyace a priori en este programa: como el rating acá es la divisa, envían cual soldados en el campo de batalla, a una orla de periodistas para cazar “noticias” realmente importantes, cuya esencia sin duda representa mucho para la concepción de mundo de las audiencias. Y en realidad les va muy bien: entre comentario y comentario respecto a la vida, obra y proceder de los famosillos, ensartan mensajes publicitarios de refrescos, papel higiénico –recordatorio para quien mira el programa, de que debe terminar de limpiarse el culo y despegarse unos segundos de la pantalla- sopas instantáneas, pañales y anteojos, demostrando a los sponsors, que ellos si quieren a sus papis.
Lo más socarrón de todo el programa, es la insistencia de Villouta de meter a la fuerza su crítica de medios, su semiótica de cuarto de baño, su mirada de niño políticamente incorrecto, como insulso justificativo para demostrar que él todavía posee autonomía, para enrostrarle a la audiencia que a través del análisis farandulero antifilosofal, también se puede aprender a ser escépticos. Pamela “Giles” por otro lado, se conduce como una real cretina: su ridículo tono de voz sensual, sus análisis izquierdistas posmodernos, el ímpetu con el que defiende su lamentable labor de “inquisidora de la verdad”, son la señal tardía de que el fracaso empaña los logros periodísticos de alguien que hará tiempo, realmente tenía elementos suficientes para describir el mundo.
El resto del panel es ramplonería sistematizada: Italo Pasalacqua es una mofa, una desfachatez: con el mayor tupé del mundo crítica cine y teatro, evaluando sin ningún recurso teórico más que su lamentable y exigua inteligencia e improvisación, el trabajo realizado por Pedro, Juan y Diego, aleccionando de forma inmisericorde el gusto y anhelo estético de los chilenos. Cristian Pérez, Daniela Campos y el resto, son la yuxtaposición de la vulgaridad y reificación de una mala conciencia que sólo la peor televisión puede tolerar. No sólo los panelistas de S.Q.P son entes vacíos e intrascendentes, sino que su fealdad física y espiritual me parece una ofensa abominable contra el goce visual de los televidentes.
Esta comidilla del diablo como le llamo yo, y junto a todo el resto de programas de idéntica factura, se transforma en el mullido sofá donde nuestros representantes expiran el resuello de alivio: concentrada la atención nacional las 24 horas del día en esta lamentable programación, el gobierno y los reyes de la cúpula económica, tienen el espacio y tiempo suficiente para llevar su voluntad de poder hasta el límite, sin el mayor reclamo por parte de las audiencias. Malgastan, utilizan, engañan y falsean sin recato alguno, concientes de que mientras ellos manejan la realidad nacional a su antojo, el vulgo se clava dagas que dañaran a largo plazo su corazón, envenenando de poco el espíritu y el intelecto, anhelando cada vez y en mayor cantidad, manjares escatológicos con los cuales alimentar más y más las ansias frívolas y morbosas que son en definitiva, los únicos componentes inmanentes de esta masa lamentable que el discurso nacional se empecina en llamar chilenos.
¿Y dónde quedo el filosofar, el criticar, el arte y la experimentación intelectual? En la parte más elevada e inalcanzable de la estantería, relegado todo a la suerte y misericordia de las polillas y el paso del tiempo. Pero siempre queda la esperanza, la oportunidad de construir la bomba más potente para aniquilar de raíz este inmundo universo de los antifilósofos, y esa pesada artillería –porque en realidad su volumen se mide en toneladas y en construirla tomaremos doce siglos- se encuentra en el origen del conocimiento, en el logos. Cuando el “chispazo divino” irrumpa en la concepción de mundo chilena, surgirá un ejército tan vasto de superhombres, que nada podrá contra él, y sembrarán el caos y el horror por unos días, es cierto, y tal vez incluso haya muertos. Pero ¿Quién dijo que en la guerra nadie ha de fallecer? Y será la voluntad real, de un pueblo verdadero, la que siembre la rosa y el clavel en la porqueriza, pisoteando el inmundo fango sin desfallecer, arrancando de la opaca loza todos los clavos, que estoy seguro, algún día lucirán como soberbios martillos.
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