Cabe preguntarse por qué los fiscales se han demorado tanto en reaccionar, pues el problema de fondo nos atañe a todos, como miembros de esta sociedad. Quienes hayan tenido que intervenir en el sistema acusatorio, rápidamente comprenden que éste se ha podido sostener por la mística, la gran preparación y por la juventud de sus operadores y, en especial, de nuestros fiscales.
Las condiciones en que laboran se encuentran apartadas de las condiciones mínimas de cualquier sistema laboral. Por esto, entre otras razones, fue de público conocimiento que el cargo de fiscal adjunto no era sustentable por más de cinco años. No se concebía que un ser humano normal pudiese resistir el sistema de vida que implica: la jornada diaria de veinticuatro horas y los turnos de fin de semana, todo mezclado, hacen incompatible la vida de un fiscal con una vida familiar, por ejemplo.
Más allá de las condiciones humanitarias, ¿qué profundidad en el estudio para el ejercicio de las acciones penales públicas podemos pedirle a un fiscal que diariamente recibe decenas de carpetas minutos antes de ingresar a las audiencias?. La preparación con la que deben desempeñarse en aquéllas y por desconocimiento de los detalles de los casos, provocan que en vez de realizar una audiencia, éstas proliferen, burocratizando un sistema que pretende, en la teoría, ser mucho más expedito.
Lograr revisar una carpeta de investigación en la actualidad es mucho más difícil y demora más tiempo que la consulta a los antiguos actuarios del sistema inquisitivo. Ciertamente el Ministerio Público tiene una infraestructura más cómoda, el trato que recibimos abogados y público en general es digno, la información es transparente y completa, pero habrá que armarse mucha paciencia y contar con mucho tiempo para lograr acceder a un fiscal que es muy difícil de ubicar, atendido lo compleja y ardua de su labor.
En definitiva, si conocemos los horarios, las condiciones de trabajo, los sueldos que reciben nuestros fiscales, sólo podemos solidarizar con sus peticiones.
Más allá de las condiciones humanitarias, ¿qué profundidad en el estudio para el ejercicio de las acciones penales públicas podemos pedirle a un fiscal que diariamente recibe decenas de carpetas minutos antes de ingresar a las audiencias?. La preparación con la que deben desempeñarse en aquéllas y por desconocimiento de los detalles de los casos, provocan que en vez de realizar una audiencia, éstas proliferen, burocratizando un sistema que pretende, en la teoría, ser mucho más expedito.
Lograr revisar una carpeta de investigación en la actualidad es mucho más difícil y demora más tiempo que la consulta a los antiguos actuarios del sistema inquisitivo. Ciertamente el Ministerio Público tiene una infraestructura más cómoda, el trato que recibimos abogados y público en general es digno, la información es transparente y completa, pero habrá que armarse mucha paciencia y contar con mucho tiempo para lograr acceder a un fiscal que es muy difícil de ubicar, atendido lo compleja y ardua de su labor.
En definitiva, si conocemos los horarios, las condiciones de trabajo, los sueldos que reciben nuestros fiscales, sólo podemos solidarizar con sus peticiones.
*María Sandra Pinto, directora de la Clínica Jurídica de la Universidad Central
