google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

La vida saltó desde la pantalla

Seguro que usted también lo vio. Pero para mi fue como un chispazo, como un aguijonazo de sentimiento que me dejó consternado en mi butaca de espectador. ¿Lo recuerda? Chile entero pendiente de la televisión. El fútbol lo acapara todo. Los muchachos de nuestra selección de fútbol, con menos de 20 años, se alinean junto a los nigerianos, en su presentación en el Estadio Olímpico de Montreal, Canadá. En un rito que a veces es poco respetado, los himnos nacionales comienzan a sonar. En primer lugar, el chileno. Los comentaristas guardan respetuoso silencio.

Las cámaras se van desde los jugadores al público. Y allí, en el centro de la pantalla, se nos aparece una mujer mayor, morena y de pueblo, premunida de una bandera chilena. Cuando va a abrir la boca para cantar las primeras estrofas, un sollozo le atenaza la garganta…y ella aprieta con fuerzas la bandera contra su corazón. La estruja, como nos hace estrujar a nosotros el sentimiento. Es un instante. Solamente un instante…  

Me la imagino sobrellevando una vida que no es la que le corresponde. Mujer modesta, de las profundidades de nuestro pueblo, residiendo en ciudad extraña, grande, desarrollada y moderna. Ella, que apenas habla nuestra lengua, debe aprender obligadamente otra más rara. La obliga la circunstancia de la oscuridad vivida en la historia de su Patria. Presiento que es exiliada, junto a su familia. E xiliada, trasplantada.

Miles y miles como ella, con el corazón encogido al oir muy lejos de su tierra las notas del Himno Nacional, o mirando el aleteo de la bandera ante el viento extranjero…Porque estos símbolos cobran otra dimensión, otra profundidad, cuando la distancia de lo nuestro se ha saltado las fronteras.   

Ella surge desde la pantalla como el grito ejemplar y angustiosamente añorante de aquellos que les ha tocado vivir “esa” otra vida. Se los cuento así, porque así lo viví durante más de tres décadas. Tres décadas de estar trasplantado. Tres décadas sin ser escuchado….y hasta  hoy, sin voz donde debieran tener voz. 

La emoción de la trasplantada es la nuestra. Su añoranza es el ronco sollozo que se adivina en la imagen. Su apretón a la bandera contra su pecho es la máxima demostraciòn de amor a su tierra, de nostalgia, de recuerdos. 

Esa es una vida que ha rebrotado ahora en mi conciencia…Porque la imagen proyectada en la pantalla me recordó mi propia vida, mi propia experiencia, mis propias nostalgias.

Como un extraño mecanismo de defensa, uno siempre tiene la sensación de no haber salido nunca de Chile. Es decir, siempre se está aquí, con la imaginación, con el suspiro, con el latir del Himno, con un simple acorde de una canción. Nunca estamos lejos, estemos donde estemos.

Lo que pasa es que, como ha sido mi caso personal, tuve la debilidad.

-después de 33 años- de emprender el regreso físico, dejando todo allá lejos, al otro lado del charco, donde senté mis exilios obligados. Hijos, nieto, amigos nuevos…Todo, buscando la felicidad a la cual uno tiene derecho y obligación. Soy un convencido de que eso es lo que debe marcar nuestro camino.

Y aquí estoy: tratando de ser feliz con los olores, colores, suavidades de mi tierra… con las luces y las sombras (que son muchas), con los brillos y las oscuridades de los paisajes humanos…con la sonrisa de la huasita tímida, con la risa ancha del huaso espontáneo…con la mano suave del artista de los pinceles, o la ruda callosidad con dedos del pescador… Yo lo hice. Quien sabe si la señora de la pantalla navega entre las dudas y se queda en la añoranza desangrante. Ahogandose con cada estrofa de nuestra Canción Nacional. Estrujándose entre la estrella y los colores de la bandera.

Son opciones de vida: como aquella a la cual dió gracias Violeta en su canción enorme, o la que la Ibarburú le dijo con voz serena “Amé y fuí amada…Vida, estamos en paz”.

Todo esto me apareció en la pantalla futbolera, una tarde del invierno chileno, con rasgos de mujer de mi pueblo ahogada en sollozos… ¿a cuántos más les pasó lo mismo?.

 
—————–miguelangelsanmartin@gmail.com——————