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Agosto 18, 2026

La “funa” a Lagos

El encarnizamiento contra el ex Presidente no obedece sólo a una campaña de la derecha e izquierda, colorines y verdes unidos. El concentra el descontento por el conjunto de los gobiernos de la Concertación, porque fue quien más expectativas abrió, por carácter, discurso y trayectoria. 

La “funa” que sufrió el ex Presidente Lagos en un acto de la Universidad de Chile expresa el profundo descontento que sienten ciertos grupos organizados ante los gobiernos de la Concertación en su conjunto. Y éstos a su vez trasuntan el malestar de capas sociales que no logran encauzarse a través de protestas ciudadanas. Es también el significado que puede atribuirse a la violencia que alcanzó la huelga de los trabajadores subcontratados de Codelco.

No son elementos infiltrados, como acusan los ejecutivos de la compañía los que están actuando, según aclararon los máximos dirigentes del movimiento. Frente a la quema de ocho buses y otros daños materiales, dijeron que se trata de la manifestación de la bronca por las condiciones en que están subcontratados. Esta es una rebelión, porque la gente está muy irritada, y aquí surgen todas las formas de lucha, especificó uno de los líderes.

Los epítetos que el abogado y docente  ecologista Luis Mariano Rendón profirió en contra de Ricardo Lagos dieron cuenta igualmente de esa bronca, no sólo por los descuidos ambientales del gobierno de éste -hoy investido de un traje planetario por el secretario general de Naciones Unidas-, sino también por prohijar un sistema de transporte capitalino que tanto sufrimiento causa a sus millones de usuarios.

Con lo sucedido el lunes, Lagos debe haber resuelto ya no presentarse a la Comisión de los diputados que investiga el Transantiago, pues su concurrencia a la Cámara daría a la derecha, izquierda, colorines y verdes unidos la ocasión de crucificarlo en la plaza pública. Declarará entonces por oficio, desplegando sus dotes argumentativas y causando, sin duda, alguna sorpresa al discurrir en sus razonamientos.

Todo lo que se ha dicho en cuanto a que Lagos debe hablar de futuro y no de su pasado, si quiere volver a La Moneda, aparece como retórico ante la porfía de los hechos. Es cierto que hay una campaña de la derecha para destruir su imagen, tal como la Concertación hizo la propia contra Lavín a partir del año 2000, ambas con vistas a anular una opción presidencial, aunque a ellas deben sumarse los propios errores de los aspirantes. En el caso específico de Lagos, se trata del Presidente de la Concertación con más fuerte carácter y presencia, el más mediático y polémico. Eso, más su cultivo de un cierto “cesarismo democrático”, lo convierte en la figura en la cual se concentran las frustraciones por los déficit de la democracia que prometió crecimiento con igualdad.

Lagos fue también, si no el más izquierdista, el más rebelde de los opositores a Pinochet y el más inconformista de los ministros de la Concertación y eso se vuelve paulatinamente en su contra, desde que dejara el gobierno. A éste llegó como un político progresista que se convirtió en un mimado de las instancias del poder mundial y nacional y, por reflejo, de las encuestas ciudadanas.

Lo que originalmente lo hace vulnerable a la crítica por la evolución de su imagen es que haya dejado atrás lo que planteara en su tesis para recibirse de abogado, la que a comienzos de los ’60 documentó la concentración del poder económico. El temprano prestigio que alcanzó entonces, soldado con su dedo televisivo de finales de los ’80, abrió expectativas que lo perseguirán hasta el umbral de 2010.