El Secretario General de la ONU, Mr. Ban Ki-moon, acaba de tener una idea cojonuda: nombrar a Su Poquedad don Ricardo Lagos como enviado especial para el cambio climático. Las pifias que no se hicieron esperar son un pelín injustas si se toman en cuenta las verdaderas razones que impulsaron al surcoreano a escoger al chileno: “Es que a medida que se conocen las consecuencias de su gestión como presidente ya no calienta a nadie” dicen que dijo Ban Ki-moon.
En ese tema Lagos es tan, pero tan eficiente que se rumorea que le pidieron que trabaje solo media jornada, no vaya a ser cosa que nos congele a todos como congeló la distribución del ingreso durante su mandato. Ban Ki-moon tenía otros argumentos que no le confió a nadie: “Ya puestos a dar el ejemplo, dijo: ¿Qué más ecológico que reciclar desechos?”. Por otra parte alguien le habría contado que Lagos es un gran amigo de los “verdes”, aunque se sospecha que la traductora de la ONU se confundió con la expresión “he adore the greens” y las explicaciones de Lagos con relación a la “hojarasca” no hicieron sino complicar más las cosas. Por eso pasa lo que pasa. Como quiera que sea, Lagos se lo tomó en serio y propuso fijar el 2009 como fecha para la firma de un segundo protocolo de Kioto con el fin de reducir los efectos del calentamiento global. Vistos los resultados del primer protocolo y las realizaciones del propio Lagos durante su presidencia en la copia feliz del Edén, habrá que comenzar a comprar mantas para abrigarse. Una medida eficaz para reducir las emisiones de gases con efecto invernadero consiste en potenciar el transporte colectivo. El enviado especial para el cambio climático (¡qué título!) de eso sabe un puñado y hay quién afirma que propondrá copiar su obra maestra, el Transantiago, en todas las capitales del planeta que aun tienen un transporte que funciona bien. De ese modo se uniría lo útil a lo agradable y Lagos seguiría con su fiebre de crearle oportunidades de negocio a la inversión privada. Siempre seguro de sí mismo Su Poquedad sigue bailando sencillito. De ahí que declare perentorio: “Hay varios informes desde el punto de vista científico que reconocen que… en los últimos 250 años, los seres humanos han producido cambios en el clima“. Hace justo 250 años Diderot publicaba su obra “El hijo natural o las dificultades de la virtud”, pura casualidad, mientras que Jeanne-Antoinette Poisson Le Normant d’Etiolles, marquesa de Pompadour, le producía un calentamiento global de mucho cuidado al rey Louis XV. Es que con Lagos hay que ser generoso: los informes que menciona son como los informes que le hacían sus ministros… En todo caso este argumento permite potenciar otra pista, la que consiste en diversificar las fuentes de energía: después de la era de la leña, la era del carbón, la era del petróleo y la era del átomo, Lagos habría propuesto pasar definitivamente a la era de los sobresueldos cuya eficacia para aumentar la energía de ministros y altos cargos ya fue demostrada: después de trabajar titantas horas de la semana en el ministerio, trabajaban en casa todo el fin de semana y fiestas de guardar para hacer avanzar las concesiones concesionadas a concesionarios concesionantes. Se ve que les faltó sobresueldo para negociar los contratos que autorizan subir las tarifas en modo espeluznante pero alegan que con ese expediente intentaron disuadir el uso del automóvil privado: además de caraduras eran ecologistas y nadie se había dado cuenta. Lo malo es que después de las investigaciones de la ministro Chevesic no se sabe si los sobresueldos son muy renovables como fuente de energía y es una lástima porque el fenómeno climático de Hacienda, Andrés Velasco – al que cuando abre las manos todavía se le caen las pelusas del chal -, sigue financiando el déficit del imperio a cambio de los terrones de azúcar que allí suelen darle a los clonos del FMI. En fin, que de aquí al 2010 Su Poquedad don Ricardo Lagos Escobar tiene de qué ocuparse esperando que el clima electoral vaya cambiando en su favor lo que no tiene nada de evidente visto que le sigue lloviendo sobre mojado el otro fenómeno climático, el “Niño” Ricardo Lagos Weber. En el colmo de la mala leche hubo quién comparase a Su Poquedad con Al Gore y ná que ver: Al Gore cobra 200 mil dólares por sus conferencias ecológicas. Si cuentas los cisnes, Pascua Lama, el Transantiago, las forestales y otro par de detallitos, Lagos cuesta mucho más caro que eso.
