Comprendo que los tiempos no son los mejores. Pero no se trata de conseguir meros acuerdos coyunturales, que signifiquen un relámpago de luz en tanta oscuridad que invade este asunto…sino de profundizar en nuestra democracia, de avanzar en la modernidad que no excluye sino incluye a todos.
Estoy con aquellos que hablan -convencidos- de que existen ciudadanos de segunda y de primera, a la luz de los acontecimientos. Porque no hay justicia con los compatriotas que están viviendo fuera del país por diversas razones…La gran mayoría, contra su voluntad. Casi resulta lógico pensar de que nadie quiera vivir lejos de sus raíces, de sus costumbres, de su cultura, de sus familias…Pero hay circunstancias -muy dolorosas, por cierto- para verse en la obligación de buscar nuevos horizontes allá, lejos. Y tales circunstancias no son motivo suficiente como para, además, privarle a uno de sus derechos más importantes. Dicho claramente: No hay derecho por la falta de derechos, por la falta de aplicación de los conceptos de nacionalidad y ciudadanía, se esté donde se esté.
Viví 33 años en el exterior y ¡nunca dejé de pensar, de trabajar, de esforzarme por Chile!. Participé en cuanta organización, interior o exterior, buscando lo mejor para nuestra Patria. Me informé permanentemente de lo que acontecía en el país, de los grandes debates nacionales, y aporté con modestia en lo que pude, intelectual y materialmente. (Muchos de los que hoy deben legislar conocen tal aporte personal). Lo que hice, Señores Legisladores, es un reflejo de lo que hacen todos los días miles y miles de chilenos en el exterior.
¿Acaso no se nota el clamor que viene de afuera ante esta nueva situación?
¿Acaso no se escucha a las grandes mayorías que en Chile y afuera luchan por la integración plena de todos?
¿Es que las decisiones cupulares coyunturales predominan por sobre principios, por sobre programas políticos ofrecidos, por sobre la justeza de una lucha de muchos y por mucho tiempo?
No es posible aceptar acuerdos de hoy que no servirán mañana, porque son injustos, insuficientes, porque discriminan, porque al final le hará daño al país. Las escaleras se construyen con firmeza y decisión desde el peldaño de abajo para poder subirlas. Si los primeros peldaños son febles, no podremos subir…
Si no se puede legislar al respecto, denunciemos a los discriminadores, a los injustos, a los que le ponen el palito en la rueda para que Chile no avance en la democracia, en la modernidad democrática.
Pero no nos pongamos a desvirtuar los principios, a malinterpretar (o manipular, incluso) la legislación internacional precedente.
Más de un millón de chilenos en el exterior no pueden ser discriminados.
miguelangelsanmartin@gmail.com
