Por su parte, Mira quien habla: procese este nombre del cual se puede hacer una doble interpretación. La primera objetiva y literal, y una segunda, interpretativa: Mira quien habla, una forma peyorativa de criticar al entrevistado, de minimizar su perfil, que por lo general nunca es relevante. ¿Pero cual es el sentido que fundamenta esta realidad virtual para las audiencias?. Hay detrás de estas producciones mediáticas algunos aspectos conceptuales que dicen relación con la función del sujeto en un escenario posmoderno: veamos, en esta visión, La meta de la existencia no es la realización heroica, buena o feliz, sino su trivialización, su no crear problemas, el dejar transcurrir el tiempo sin mayores preocupaciones. Una segunda definición señala que: La clásica diferencia sujeto-objeto se esfuma y el objeto se vuelve activamente contra el sujeto, lo modifica y lo cambia. Resulta difícil distinguir en un momento dado quién es sujeto y quién es objeto.
En la ética preocupa sólo la casuística, resolver de acuerdo al buen sentido y a la opinión mayoritaria, se aceptan todas las posiciones sin necesidad de justificarlas con rigor racional. Y por último, búsqueda primaria de lo hedónico, entrega abierta al consumismo.
He señalado solo cuatro ideas centrales que definen el rol del sujeto en un escenario de esta naturaleza, quien establezca un análisis comparado entre estos conceptos con las experiencias mediáticas enunciadas, llegarán a la conclusión que estas últimas están determinadas claramente por las primeras.
Lo paradójico es la ambivalencia del discurso oficial de la derecha de naturaleza premoderna, con clara influencia moral de secta (Opus Dei, Legionarios de Cristo), que se niega a toda forma de relaciones fuera de un matrimonio convencional, que rechaza las conductas homosexuales, que discrimina a los niños nacidos fuera de una unión legal o religiosa determinada, con estas expresiones visuales gestadas en los medios de los cuales son sus propietarios o regentes permanentes.
La premodernidad de su lenguaje de elite se contradice con su posmodernidad en el tratamiento de los estilos de vida a través de estos programas, porque siempre el negocio se antepone a sus principios, y aunque pareciera ser que actúan en consecuencia con su dogmática, en otros espacios, se desdoblan a través de la construcción de otras identidades, donde se explicita como licita la promiscuidad, el festín, la juerga en busca del éxito y el dinero fácil, y de esta manera legitiman un modelo mediático donde las prédicas están a cargo de un sacerdote que habla como una autoridad investida por un don divino, un departamento de prensa que les prohibió a los periodistas usar palabras como dictadura o dictador durante las exequias de Pinochet (megavisión), porque su característica es la adaptación de la noticia a sus objetivos políticos de coyuntura, invalidando de paso, la libertad de expresión a través del control y la censura. Y finalmente, esta ideación posmoderna de entretener a través del comidillo, la denostación de las personas, convirtiendo sus vidas en objetos de consumo y negocio rentable al mismo tiempo.
Como conclusión, podemos afirmar que la derecha es farandulera en su lenguaje, y en la proyección de este a través de los medios que controla, porque recurriendo al Diccionario de la Real Academia de la lengua, el termino farandulero es definido como “quien habla mucho y tiende a engañar a los demás”. A buen entendedor pocas palabras.
