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Agosto 20, 2026

Ojo, que con la libertad de enseñanza no se juega

Así nos advierte forzando un tono doctoral, el mandamás de la UDI. Infiriéndose de tal sentencia, que no se juega en el sentido de variar las normas de los amarres constitucionales pinochetistas que destinan platas públicas  a particulares “calificados” para ejercer la enseñanza particular. No se puede jugar pero se puede lucrar.

 Es decir, obtener un beneficio adicional – lucro-, al beneficio natural de esa sociedad intermedia – escuela básica o secundaria- que como todos sabemos, es el beneficio de impartir el bien de la enseñanza,  que es un bien de toda la sociedad.
 

 Toda sociedad que se respete, cuida ese preciado bien, y por ningún motivo jugará con la libertad de ese hombre que necesita tener acceso a la educación. El Estado con sus fondos deberá asegurar que sus ciudadanos sean educados en forma libre, sin obligatoriedades religiosas de ninguna índole, sin discriminaciones culturales, intelectuales ni raciales, acogiendo a todos los niños y jóvenes de la misma forma en que una buena madre acoge a sus hijos.

Al parecer los chilenos estamos acostumbrados a pagar. Aquí se paga por nacer, por estar enfermo, por morir. Es bien visto pagar, es signo de estatus social. De modo que eso de los colegios particulares subvencionados por todos los chilenos, no escandaliza a nadie. A pesar de ser una aberración en el más amplio sentido de la palabra.
 
La libertad de educación consiste en primer lugar en tenerla, tener acceso libre a la enseñanza. El ser humano que no tiene educación porque algo se lo impide, no es libre, ese algo está conculcando su derecho a humanizarse. Cualquier segregación hay que abolirla.
 
Si existe una diferencia notoria en la calidad de la educación que recibe la clase alta en relación al resto del pueblo, la sociedad debe corregir esa anomalía, puesto que en términos relativos el pueblo pierde su libertad en la medida que aumenta esa brecha de calidad en la enseñanza.
 
 Solo el talento de ciertos hombres bien dotados puede marcar una diferencia y esa virtud no es monopolio de ninguna clase. Jamás el poder adquisitivo debe ser la vía para alcanzar una educación que permita el desarrollo espiritual de los hombres.
 

Reducir la libertad de enseñanza a la libertad de comercio de una mercancía llamada educación, es una forma pervertida de ver las cosas. Con la libertad de educación no se juega señorones de la ultraderecha.