La coreógrafa chilena conversó sobre el desarrollo de la danza y el teatro en Chile, sus viajes por el mundo, el papel que le tocó desempeñar junto a los artistas de su generación durante la dictadura militar. Acaba de mostrar en Santiago un nuevo montaje con la Compañía Teatro del Cuerpo, “La Cantata Santa María de Iquique”, con un elenco de mujeres integrado por Cecilia Iturra, Romina Rojas, Valentina Varela, Paloma Alvear.
¿Cuándo nace tu interés por la danza-teatro, y cómo fueron tus primeras incursiones, cuál fue la motivación esencial?
Nace desde el flamenco que danza mi madre pocas horas antes de parir. Nace ese 15 de abril de 1955 cuando a las 12 de la noche cantó el gallo, nace entre boleros y tangos en las fiestas de la familia Pizarro; yo Larraín Pizarro termino de nacer de forma genética o casi, cuando a los tres años edad danzaba con la puerta del living de la casa, donde vivía en la calle Dieciocho en Santiago
Nace al arrancar del toro en el campo, cuando le mostraba el pañuelo rojo, provocando.
¿Qué referentes tenías en tu arte en Chile cuando iniciaste tu trabajo, cómo ese fue ese proceso?
Inés Pizarro, hermana de mi madre, la primera bailarina clásica en Chile que danzando junto al maestro Uthoff, se arrancó las zapatillas. Prefiere los pies en la tierra misma, me dice cuando nos enseña, y veo, puedo ver sus piernas enterradas en el barro, ¿ves? puedes mover el tronco y arriesgarte a caer.
La crítica dice que tu coreografía se caracteriza por la mezcla del concepto abstracto con el género del realismo mágico, ¿háblanos de eso?
Ah éso… el concepto abstracto es la escuela de Alwin Nikolais en Nueva York, el maestro nos habla de tiempo, espacio, forma y movimiento, agrega lo efímero, el absurdo.
Y uno se va encontrando esas herramientas que te darán la capacidad de graficar la esencia de la realidad.
Una vez que aprendo acerca de los elementos de abstracción mi ser latinoamericano se funde con el realismo mágico que uno lee en García Márquez, en Alejo Carpentier y al fundirse no olvida el tiempo el espacio, mezclando estos dos géneros para realizar la obra.
El caso de los degollados, por ejemplo, ése que estremece a Chile , lo trabajo desde la niña que era para mí Javiera Parada fundiéndole en un ser que deambula a través de su cabello largo y se pierde en la pena, coloco hojas de otoño en el suelo y ella ya no danza sino se convierte a través de la intérprete de la obra, en el personaje, persona de la tristeza.
Tu experiencia en Italia, España, Nueva York, Brasil, Cuba, ¿cómo la resumes, cuál fue tu aprendizaje y tu entrega?
Vivo la Revolución de Mayo, en Paris, tengo 17 años. Hago mis primeros performances en la calle, durante las manifestaciones como asimismo siento el entusiasmo, la decisión en los rostros de la juventud, la universidad agitada, actos artísticos, políticos reemplazan las clases. Danzo en el Anfiteatro de la Escuela de Derecho, ese día repleto de jóvenes que escuchan en silencio las palabras del escritor Jean Paúl Sartre. La sangre agitando el cuerpo, lo escucho inmóvil. Expresa el pensamiento colectivo, te identifica y los jóvenes de ese tiempo sentimos esperanza. Atenta a su voz, me cambio la ropa detrás de un bastidor improvisado. Dando por terminada su intervención. Sartre se levanta. Los estudiantes zapatean el suelo con los pies, en un improvisado rito flamenco exigiendo más de su presencia. Sartre explica: No tengo la solución, tendremos que inventarla entre todos”. Se despide con la mano saliendo a paso lento, la pipa en su boca, mirada baja. Alguien toma el micrófono para anunciar el resto del acto y escucho: “La danseuse chilienne” Aparezco vestida de negro mientras un músico me acompaña. Los estudiantes vociferan “No queremos ver danza”, queremos escuchar a Sartre.
Miro hacia la gradería, veo bocas abiertas, brazos que gesticulan como en el cine mudo, no escucho. Solo percibo mi voz que dice : Je ne danserai pas, je marcherai, pour les morts. Yo no bailare, caminaré por los muertos.Vuelvo a Chile a fines del año 68. Entrecruce de puentes.
El paso por Chile fue rápido. Ver a las personas que de alguna manera u otra te han acompañado me hizo bien. Pude compartir con Ágata Gligo, la amiga que me había dado las llaves de su amistad. Mayor que yo, llevaba el estilo de una vida reflexiva. La conocí en el barquito que recorre el Golfo de Penas entre Punta Arenas y Puerto Montt. Nos alejábamos de los oficiales que nos invitaban a bailar y conversábamos horas enteras. Cinco días dura ese viaje. Ágata era abogada y escribía. Hablamos de todo, de la existencia, del ser, de las pequeñas y grandes cosas. Al llegar a Puerto Montt, me invita a la casa de sus parientes. Visitamos el salto de Puyehue y ella se divertía mirando como yo chapoteaba en el agua. Luego en Santiago su casa fue para mí una invitación a la posibilidad de ser libre.
Nueva York 1969.
Es extraño como algunas veces, los acontecimientos se encadenan. Yo había entrado a la escuela de Alwin Nikolais coreógrafo polaco. Buscaba trabajo y fue caminando por las calles de Manhattan, que me llama la atención un bazar chiquito cuyos adornos sugerían paisajes lejanos. Entro. Pasaron segundos hasta exclamar “Alma” Así se llamaba la mujer que atendía tras el mostrador. Había participado junto a los estudiantes en Mayo del 68. Nos topábamos en las marchas, en los bodegones, en los actos, en la calle. Tienes fuerza me dijo una vez que yo terminara de danzar en la Universidad. De ahí a un café, una conversación y luego la deje de ver.
Me reconoció de inmediato. En el lugar con olor a incienso compartimos la anécdota. Le conté que buscaba trabajo. Fue Alma quien me habla de las
go-go girls. Te pueden contratar en cualquier club, solo bailas en bikini, no necesitas permiso de trabajo y te ganas 50 dólares mas propinas.
Cuando me acompaña a la agencia, el sudor del lugar apesta. Un hombre canoso hace alarde de sus anillos de oro al gesticular con las manos. Se llama o le dicen, Mambo. En tono de mandato me pide que baile., la orden se escucha despacio. Al otro día estaba contratada para bailar en el bar. Metrópolis de la calle Broadway.
Años después escribiría un monologo, “Concierto para una bailarina casi desnuda”
Con Nikolais comenzamos a las 9 de la mañana. Estudiamos el espacio con arquitectos, Trabajamos con el microscopio investigando el movimiento de las células. Charlas de científicos acerca del espacio-tiempo. Aprendí de composición basada en ese abecedario que comenzaba desde el diseño de la línea, pasando por el volumen hasta llegar a la forma y finalmente a la guestalte. Llevaba nueve meses en la escuela cuando mostramos una composición sobre el concepto de levedad. Nikolais nos evaluaría. Recuerdo haber dejado pasar varias manos voluntarias. Alumnas con ansia de mostrar su trabajo. La mayoría intenta imitar las aves. Nikolais repitió la misma crítica.
No pueden imitar las aves, pueden si, dar la ilusión de las mismas. Para lograrlo deben aprender abstracción. Lo literal solo imita la realidad, en tal caso mejor observarla. Si van a representarlas, debemos reconocer su dinámica, su forma, su tiempo.
Escuche la crítica con atención y sin entender. Trato de mostrar algo diferente. Desde el laberinto de percepciones, escogí dar la impresión que iba a despegar del suelo. Permanecí quieta un tiempo que me pareció eterno. Treinta segundos después Nikolais me interrumpe. ¿Que tratas de hacer? En mi enredado inglés, le respondo: Dar la ilusión que puedo levitar.
El rostro sonriente del maestro y luego una risa general. Eres divertida me indica: Estas tan tensa tratando de elevarte que el tiempo se siente pesado y lo que logras es lo contrario de la levedad. Por lo menos hiciste algo diferente agrego.
Después de participar de su Compañía en 1971, vuelvo a Chile.
LA DANZA TRAGICA
A fines de 1971, vuelvo a Chile. Tengo 20 años. Es difícil expresar con palabras lo ocurrido entonces. Todo me sobrepasa, la sensación de mi misma se atenúa, dando paso al torbellino de emociones y posibilidades que abren tu puerta. Ansiosa de pertenecer a esa expectación colectiva, mas que un tiempo de contingencia política fue para mi un época de confianza, de hacer posible lo imposible. Sé que por primera vez, Chile me abre espacios. Para los artistas la mayoría de ellos a favor del Presidente Allende, el mundo cambia.
Recuerdo a Sergio Ortega el gran maestro creador de El Pueblo Unido, discutiendo conmigo en su oficina. Vicky, La Cantata Santa Maria debe tener elementos reconocibles para el pueblo, alguien se debe pasear con un maletín con el signo dólares por el escenario. Estás equivocado Sergio, eso es tan simplista, la gente no es tonta. La historia la puedes contar de una forma que llegue directo a la percepción. ¿Para que pasar la forma por la anécdota? A Sergio le interesaba que las cosas quedaran claras. Para mí, esta claridad podía lograrse sin recurrir a lo literal. Como olvidar la coreografía del 4 de septiembre de 1973, ese desfile que no acababa de pasar. Los partidos, la gente, era como estar participando de un mayo del 68, engrandecido. Y el rito. Las personas intuían el dolor que sobrevendría. Se percibe desde la seriedad de los rostros. Mirada al frente, era como una decisión de suicidio colectivo. Y nadie echaba pie atrás. Allende saludaba con expresión triste.
Desde ese espacio de creatividad, no me daba cuenta que existíamos como protagonistas de una tragedia. Cuando hieres al capitalismo en sus intereses, la embestida de la venganza se vuelca como lava. Pienso que el Presidente Allende siempre supo de su trágico final.
Yo sabia que la otra mitad de Chile no estaba contenta. Aquellos que siguen existiendo desde principios mercantilistas, mal podían estar contentos. Desde su ignorancia lo relacionaban con la época de Stalin. Desde sus intereses no podían aceptarlo. Por otra parte a muchos de nosotros nos impresionaban los discursos exaltados, de algunos miembros de la ultra izquierda llamando a una posición más tajante. Quizás excitaba nuestra necesidad de heroísmo. Íbamos a ser intérpretes de un cambio casi imposible. La realidad mostró que Allende tenía razón. Era preciso un proceso lento hacia el socialismo. El día 9 de septiembre, escucho a Altamirano diciendo, la derecha nos acusa de provocar levantamiento entre la Marina, deseo contestarles que efectivamente es así, porque nunca cejaremos y pasaremos a la historia como actores del cambio.
Se equivocaba la paloma:
A los dos días la Moneda ardía, los muertos emergían y la desgracia cayó sobre nosotros. Estados Unidos jamás permitiría otro país socialista. Allende lo sabia. ¿Cuál era el camino? Eso queda para los analistas. Pero hay algo que sí sé. Allende nunca torturó a su propia gente, tampoco llamó al pueblo a las armas ni a una guerra entre chilenos. El no buscaba la hazaña.
Pocos días antes del golpe, sueño que el río Mapocho viene lleno de cadáveres. Un herido trata de agarrarse a un tronco. El puntapié invisible, lo empuja lejos, dejándolo inerte.
Brasil
Vengo de la memoria del Golpe de Estado en Chile, resido en Brasil con el alma en espera. Esto ocurre en 1975 en Río de Janeiro.
Siempre he sabido gestionar mis proyectos. Busco, encuentro. La Casa del Estudiante Universitario me abre espacio para la creación. Formo el grupo Experimental Danza-Teatro, Con ellos dirijo la Obra “Esperando que el tiempo pase”. Una composición que mostraba la eterna espera de algo mejor. Les enseño los 45 movimientos que había aprendido de Graciela Figueroa, la búsqueda del uno el primer impulso, lo mezclo con caídas y saltos retratando la simbología del eterno círculo.
Para conseguir cobertura, intento hablar con el director de la Televisión Globo, una de los canales más importantes de Brasil.
No me recibe. Entonces me siento en la vereda. Lo espero. Deben haber pasado unas tres horas. Al verlo salir, me levanto de mi escondite y en la calle lo abordo. Le hablo de mí, de Chile, de lo que yo podía hacer en el arte. Dió resultado. Publicitaron el trabajo durante 15 días entre avisos de pasta dental y jabones. Así comienza mi estadía en Brasil. Allí me quedo dos años.
Suiza 1980
Para mi temperamento de mujer latina, me he sentido mejor en aquellos países que te recuerdan nuestras costumbres, que hablan en tu lengua hispana, el corazón late diferente al calor que al frió
El gobierno francés me invita a investigar la danza en Paris. De allí paso a Suiza. En el país neutral, trabajar para vivir es el lema. El día domingo me coloco un buzo para ir a correr por los lugares donde es permitido hacerlo. En el parque las señales de lo que debes hacer aparecen cada vez que el corazón se acelera. Descanse, respire. Haga 5 flexiones y tres abdominales. Sigo corriendo. Deténgase. Nunca he podido seguir aquellas normas que ciegan el espíritu, hurgueteando el deseo, interfiriendo el impulso. En mayo del1980, logré conseguir una sala para dar un recital con danza-teatro y poesía latinoamericana.
“Concierto para imágenes” lo muestro en un pequeño espacio ofrecido por una iglesia luterana. Sola, me resulta difícil. Nerviosa y no tan segura, voy entregando la sensación latina. En Suiza estaban muy influenciados por la danza norteamericana…Sin embargo al presentar mi trabajo, me siento persona, me siento útil.
Gracias a esa perseverancia y fe en mi trabajo, termino impartiendo clases de terapia corporal en la Universidad Técnica del Estado.Fue en Zurich que vi. Por primera vez vi de la Compañía Teatral de Lindsay Kemp. Mostraban Flores la obra de Genet. Quede impresionada con la capacidad e magnetismo de Lindsay, con la forma en enfocaba su trabajo. Recuerdo que me acerqué a el. Me puede audicionar? Le pregunto. Se ríe y me comenta, tienes un rostro decidido, te haré saber.A los 15 días me llega una invitación para audicionar en Venecia. Me pagan el pasaje para asistir. Salto de alegría. Pertenecer a una Compañía, ser dirigida por un maestro, es siempre una experiencia importante.
El trayecto entre Suiza e Italia cambia según las características de su gente.
En el tren suizo, escucharás el sonido de la maquina, te ofrecerán panes envueltos en plástico. Todo amable.
La euforia en el transporte italiano te exalta. Hablan sin parar, no pierden la oportunidad de la risotada. Me doy cuenta el porque de mi tristeza en Suiza Mis raíces latinas están abiertas. Al llegar a Venecia, tomamos una barcaza en sonido de agua. La ciudad amanece. Me siento en el embarcadero. Miro las casas antiguas, las torres, las aves sobrevolando juntas. Y el rastro del hombre creador saluda desde su historia.
Me dirijo al teatro La Fenice, uno de los más antiguos de la ciudad. Cruzo la Plaza San Marcos donde las palomas son protagonistas.
Allí, me espera Julio Álvarez el productor de Lindsay. Llego a la audición donde unos 30 intérpretes se preparan.
Durante dos horas Kemp, nos pide improvisar sobre este tema o el otro. El sudor del cuerpo me indica que estoy dentro de la Compañía.Con ellos estuve poco. Tenia demasiada nostalgia por mi país así las cosas estuvieran tan mal en la época de Pinochet.
Vuelvo a Chile en 1981 para viajar a Cuba en el 87.
La experiencia cubana es de verdad inolvidable, llegué a La Habana invitada al Festival Internacional de Teatro. Pasaron los 15 días de Festival, yo no deseaba volver tan pronto. El último día en el Café Cantante nos reunimos toda la gente del festival. En una mesa cercana, estaba sentado un hombre canoso que llamaba la atención por su prestancia. Pregunte quien era.: es el director de la Compañía Danza Contemporánea de Cuba, “que me han dicho”, rápido, me senté a su lado. Soy una muy buena maestra y quiero dar clases a la gente de su compañía; para mi sorpresa Miguel Iglesias es su nombre, me responde: mañana a las 8 te pasarán a buscar, chica.
El sol de Cuba no respeta horarios, el rostro encendido por el entusiasmo y el calor de esa gente en ese hermoso día, llegué al lugar donde ensayaban unas 40 personas, esperaban en total silencio. 20 músicos de raza negra acompañarían la actividad. Cuando comenzaron a tocar, di las mejores tres horas de creatividad que recuerde…
Al término de la clase, me llama Miguel a su oficina. Bien me dice, te quedas un mes? Y el mes se convirtió en un año. Año de vivencias, de ver como esa gente aportaba con un encantamiento que te sobrepasa.
Y así va pasando la vida. Sin tiempo, tú me preguntas de la entrega: yo te respondo: no sé hacer nada sin una entrega absoluta.
Cuál es tu estilo, cuál crees que es tu aporte a la danza moderna en Chile?
Mí aporte es definitivamente estimular al alumno a viajar en su interioridad, conocerse a si mismos, antes de mover un pie, de realzar un gesto.
Asimismo traigo al Chile de los 80, el género de la danza-teatro La Expresión dramática del cuerpo Últimamente he aportado al concepto Multimedia desde el Fondart que obtuviera en Arte en Internet en el 2001. Por sobretodo he aportado con la actitud de cambiar los esquemas tradicionales. Otra forma de acercarse a la gente en vez de que esta venga al teatro. Nosotros ir a ellos. Como personas antes que artistas.
Danza, literatura, teatro, cuáles es la síntesis? qué espacios prefieres para desarrollar tu arte, me refiero al contenido interior, el lenguaje.
Toda éso pero mezclado, que emerja de lo más profundo del ser y se expanda en el entorno o al revés que no es lo mismo pero es igual, tú y tus circunstancias, tú y como las ves, desde qué mirada.
Eres autora del monólogo “Concierto para una bailarina casi desnuda” y de los libros de poemas y cuentos “A trasmano” y Poética del estigma”, háblanos de tu relación con la danza y la literatura, de qué hablan esos textos.
En el Monólogo Concierto era una bailarina casi desnuda, me inspiro en la propia experiencia que vivo en los 70 en Nueva York en los bares en los suburbios.
Allí danza para poder vivir en Manhattan. Sin embargo yo interpretaba a Janis Joplin a Led Zeppelín y solo entraba en el espacio de crear.
Las cosas que viví fueron fuertes. Este trabajo es una sátira al mundo que allí se vive que en nada se diferencia del programa actual de Kiké Morandé. La misma frivolidad.
Comienzo con este texto.
La fila de mujeres es larga y avanza lento
Cabellos rubios, morenos, cuerpos delgados, gruesos
El hombre las mira y vuelve a mirar.
Buenos cuerpos malos cuerpos dice el hombre
Si fuera por las comparaciones
Altas al lado de las japonesas, bajas al lado de las alemanas, enanas cerca del gigante Goliat altísimas al lado de los enanos de circo.
En cuanto a los libros publicados han servido para una especie de comunicar mis culpas mis obsesiones mis carencias que son las de todos nosotros. Lo veo como un reflejo del mundo en la gente.
El ultimo, Crónicas desde el Cuerpo, fue asesorado por el escritor Armando Uribe
Su pregunta ¿Cuando va a revelar el secreto de su persona errática?
Todavía no la puedo contestar.
¿Cuáles son las obras que más trabajo te ha costado realizar, en qué momento histórico las desarrollaste?
Aquellas obras que no tienen una estructura dramática, una narrativa. Aquellas en las cuales intento graficar imágenes del insconciente.
Cuando he trabajado sobre un tema específico, puedo abstraer fácilmente. La casa de Bernarda Alba, la Cantata Santa Maria de Iquique, Jaula uno Ave dos, basado en el caso de Mirta Carrasco mujer encerrada en un gallinero en la ciudad de Colina durante 20 años.
Eres autora de la puesta en escena de “La Cantata Santa María de Iquique” en Nueva York, con 40 actores, bailarinas, algo maravilloso para una artista latinoamericana, ¿cuéntanos cómo se gestó ese proyecto?
La Cantata ya la había montado en el canal 9 con el apoyo de Sergio Ortega.
Mi primer trabajo de dirección más acabado, lo realizo para el gran acto a favor de los refugiados chilenos, en el Madison Square Garden. Con la ayuda de un poeta americano que dominaba el español, se adapta al inglés, la Cantata Santa María. De forma voluntaria, participan actores del Open Theater (Teatro Abierto). Trabajo ese montaje con gran tristeza. Creo una danza para 10 bailarinas con el texto cantado de Vamos Mujer.
Recuerdo que Joan Turner, mujer de Víctor Jara estaba entre bambalinas junto a su hija Manuela. La mirada de Joan era ausente. Manuela comenzaba a entender la tristeza. Nada consolaría la muerte de Víctor Jara. Ningún acto, ninguna acción. La pérdida se instalada en sus vidas.
¿Cómo nació el Grupo Calle, la mítica Compañía de danza que diriges durante la dictadura militar en el Centro Cultural Mapocho, que coordinaba Mónica Echeverría?
Nace dentro del marco de actividades del Centro Cultural Mapocho, comienzo a dar clases y se va formando el Grupo Calle. Con ellos participamos de todas las actividades en contra de la dictadura. Muchos actos se sucedieron en el teatro Caupolicán y donde nos necesitaran, ahí estábamos los artistas para apoyar los derechos humanos. Recuerdo especialmente aquella jornada con los mineros de Lota. Habían sido apaleados en su marcha a Santiago, muchos de ellos detenidos. Los que pudieron llegar se albergaron en sindicatos y espacios que fueron abriendo sus puertas. El sindicato Sumar nos invita para mostrar parte de la obra Intensidades. Al llegar los hombres estaban sentados alrededor de un brasero improvisado. Asemejan estatuas de carbón, el rostro resquebrajado las manos callosas. El fuerte silencio llenaba el espacio de un sonido melancólico. No habían comido todavía. En vez de mostrar la obra, se me ocurrió prepararles una sopa de cebolla. El grupo de actores y bailarines pela las papas, pica cebolla y revuelve la olla hasta que el aroma de la sopa calienta la mirada. Pronto, con el cuerpo ya tibio, presentamos la escena de “La Balada para un loco”. Al comienzo las miradas se asombran. Al término, esos hombres fuertes de espaldas tristes, se levantan para abrazarnos. Por un momento el arte había logrado la evocación del humor tragicómico. La existencia transcurría a la medida de la incertidumbre. Se forma el Coordinador Cultural una iniciativa que congrega a artistas e intelectuales. A través de esta instancia realizamos foros, congresos y nos organizamos para integrar el arte y lo social.
¿Cómo observas a Chile hoy, cómo recuerdas la lucha contra una tiranía y el espacio democrático de tu país, qué falta aún?
Muy difícil pregunta. Porque hay más burocracia que nunca, no hay mística, solo una dependencia enorme del neoliberalismo la dictadura del dinero. Como islas flotantes la gente se sube a su propio barco. Otros no se suben a nada, están bajo la tierra, tierra adentro. Falta la política del corazón pensante latiendo al centro mismo del país.
¿Cuáles son tus proyectos actuales?
Mira lo que es la vida: Mostrar mi nuevo montaje con la Compañía Teatro del Cuerpo “La Cantata Santa María de Iquique” con un elenco de mujeres, integrada por Cecilia Iturra, Romina Rojas, Valentina Varela, Paloma Alvear y la que te responde. Hoy con proyecciones de los hombres de la Pampa.
A ver si por si acaso, si por si las moscas, si por algún estímulo podemos llegar de verdad a los trabajadores para que recuperemos (yo también una trabajadora del arte)de una vez por todas nuestra solidaridad con los demás, nuestro interés por el entorno y circunstancias que nos rodean.
