Roma.- La bailarina y coreógrafa alemana Pina Bausch, creadora de la danza-teatro, recibirá un León de Oro honorífico del festival de danza de la Bienal de Venecia por sus aportes a un arte que renovó con sus rupturas. La noticia, difundida hoy en un comunicado, destaca la originalidad de una carrera y una estética que ha influido y cambiado los rumbos de otras manifestaciones artísticas. Ella “musicalizó la dramaturgia e hizo el teatro más físico que nunca”, señala el texto.
Con 67 años cumplidos -nació en 1940-, Pina Bausch es una referencia obligada, aunque sus inicios al frente de su compañía Tanztheater Wuppertal desencadenaron polémicas y abucheos, desafueros y fobias ante su abordaje de las zonas más sombrías del ser humano.
En los años 80 y hasta principios de los 90, algunos espectadores, desconcertados, apenas reprimían sus deseos de agredirla físicamente. Ella recuerda las llamadas telefónicas, en tono amenazante, que recibía en la alta madrugada. Hoy se ríe de eso.
A contramarcha de tales reacciones, consiguió convocar a un público devoto de su lenguaje corporal nuevo, sustentado en una amalgama de bailarines de diversas nacionalidades, a quienes plantea interrogantes y retos constantes.
Delgada y de breve estatura, con un rostro óseo y una voluntad de hierro, obsesiva, tiene como divisa un lema que parece escrito a cincel: Lo que me interesa -afirma- no es como se mueve la gente, sino lo que mueve a las personas. Mis obras crecen de dentro hacia afuera.
Pina Bausch y su agrupación han recorrido las principales plazas del mundo. La crítica la considera, por encima de Maurice Béjart, como la coreógrafa más importante del siglo XX.
Sus espectáculos se basan en una sucesión de acciones simultáneas e imágenes impactantes, que no responden a una lógica convencional sino a otra intuitiva y profunda, nacida de la poesía. Sus temas son el amor, el terror, la vejez, la nostalgia, la frustración, la muerte.
En suma, todas las emociones y sentimientos que atañen a la condición humana.
Bausch investiga y crea en Wuperttal, centro-norte de Alemania, y se asegura que su compañía tiene algo de sacerdocio. Mientras muchos se disputan trabajar con ella, otros aseguran: jamás, sería como entrar a una secta.
El León de Oro que recibirá el 20 de junio renovará, según los organizadores del festival, sus vínculos con Venecia y una Italia a la que está ligada de por vida mediante uno de los filmes maestros de Federico Fellini, Y la nave va.
Mientras, mantiene intacto su ímpetu y la capacidad de nutrirse de lo cotidiano y servirse de sus bailarines no sólo como vehículos de transmisión de su estética sino también como materia prima para articularla.
Ya están lejos los tiempos en que aun sus admiradores, tras pagar la boleta de entrada a sus espectáculos, abandonaban a los pocos minutos el teatro.
También la época en que un un crítico británico escribió: “Es mejor pasear por la desapacible noche londinsense que sufrir los suplicios de un espectáculo de Pina Bausch en el Sadler”s Wells”.
