Paris.- Buenas y malas noticias para los franceses: el euro volvió a dispararse esta semana a 1,3637 dólares, lo cual supone hoy una moneda fuerte y a la vez disminución de la capacidad de exportación. Se acerca peligrosamente a su récord histórico, lo que expertos económicos ven como aspecto positivo en el hecho de aumentar el poder adquisitivo de los miembros de la eurozona en el exterior.
Sin embargo, si no se logra un equilibrio con respecto a la inflación puede encarecer aún más la vida en Francia, un país incluido en la selecta y nefasta relación de naciones con el mayor nivel de precios del mundo en artículos de consumo.
Vincent Paunier, analista del canal bancario de televisión LCL, destacó hoy que contar con una moneda fuerte es algo bueno porque permite reducir el monto pagado por el petróleo, facturado en dólares.
“Igualmente deberían disminuir los precios de los artículos, en particular electrodomésticos adquiridos en el extranjero, lo cual beneficiaría al consumidor. Incide sobre las importaciones y por tanto además redundaría en el freno de la inflación”, argumentó.
Todo, no obstante, está lejos del color rosa. Los temores apuntan hacia las exportaciones, al encarecerse los productos en comparación con los cotizados en otras monedas como dólares estadounidenses o yenes japoneses.
Del mismo modo, los artículos franceses y europeos en general mantendrán sus precios, mientras los foráneos comprados en otras monedas en el mercado internacional serán mucho más baratos, creándose una competencia desleal.
El euro se cotizaba en alrededor de 1,23 dólares en los comienzos del 2006. En el curso de un año superó la barrera de 1,36 dólares, lo que implica un alza de 10,5 por ciento.
Los economistas franceses vislumbran otra alza al cuatro por ciento, con lo cual el euro pudiera seguir disparándose, en detrimento del empleo y el crecimiento de la zona.
Para los dos favoritos en la carrera presidencial de las elecciones del próximo domingo en Francia, el conservador Nicolás Sarkozy y la socialista Ségoléne Royal, la autonomía del Banco Central Europeo (BCE) debe ser cuestionada.
No obstante, el euro tiene bastantes defensores que la califican como uno de los grandes logros de la Unión Europea en sus 50 años de existencia.
