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Agosto 19, 2026

Televisión Digital

A propósito de la postergación con la asunción del Ministro Cortázar de la decisión sobre la norma a adoptar para la televisión digital, suponemos que aquél tendrá claro que, sin lugar a dudas, la prioridad para nosotros los televidentes está en la variedad de señales, más que en la alta definición, sobre todo ante el ningún pluralismo actual y que afecta a nuestro periodismo en general. Curiosamente, quienes defienden la norma norteamericana, nada dicen al respecto, no obstante que lo que ha inclinado la opinión presidencial por el sistema europeo -en la esperanza de lograr un mínimo pluralismo hasta ahora inexistente- es la posibilidad de un mayor número de señales que ofrece.

Para recalcar nuestra carencia de pluralismo, vale la pena recordar que en el caso de nuestra prensa escrita y aunque parezca increíble, existe actualmente menos pluralismo que el que se daba durante la Dictadura de Pinochet, a través de diversos semanarios, el Fortín Mapocho y el diario La Época, en tanto que en esta democracia de mentira, dicho mercado está restringido a dos gigantes, que comparten un ideario político derechista.
Por ello, me pareció especialmente insincera y criticable la reciente actitud paternalista  de Anatel, pretendiendo representar nuestros intereses y nuestro derecho a la alta definición, cuando, en verdad, lo que cualquiera con algo de sentido común percibe, es la cerrazón de dicho grupo de privilegiados ante la posibilidad de algún pluralismo futuro. Hay que agregar que a los integrantes de Anatel también les asusta la posibilidad de tener que repartirse entre más partícipes un mismo paquete publicitario, pero ello -como le escuche recientemente al periodista Nibaldo Mosciatti- es tan impresentable como que los ricos plantearan tal argumento para oponerse a una mejor distribución del ingreso.
De hecho, ellos son los menos indicados para tomar una decisión que, por su trascendencia y repercusión ciudadana, es esencialmente política. Es de esperar que las autoridades no sigan despreciando a los afectados, como ya ocurrió en el caso del Transantiago.