El ajuste ministerial revela un reforzamiento de la influencia de los ministros de Hacienda, Interior y Relaciones Exteriores, imprimiendo al gobierno de Bachelet un sello más empresarial, contemporizador y “teelecista”. Los resultados que se logren este segundo año podrán determinar el rumbo y la suerte final del oficialismo.
Que las heridas que dejó el cambio de gabinete no vayan a infectarse no dependerá, necesariamente, de un nuevo golpe de timón de la Presidenta, más fuerte que el ejecutado el lunes último. Nada indica que ello vaya a ocurrir. Porque, independientemente de las dotes de conducción que logre desarrollar la Mandataria en los meses cruciales que vienen, parece haberse producido en la multipartidaria gobernante una suerte de consolidación de su carácter, que es el de una máquina de poder y de administración de un modelo económico-cultural.
Esta vocación, y la incapacidad de la derecha de construir –hasta ahora- una alternativa real y creíble, es lo que puede impedir el desalojo de la Concertación del poder en 2010, a menos que su fracaso de gestión sea sin atenuantes y la oposición logre derribar el mito de Ricardo Lagos. A menos también que la derecha en su conjunto se resigne a una vuelta a La Moneda de aquel, convencida de que realizaría un segundo mandato aún menos socializante que el primero.
Por de pronto, lo que indica el reciente ajuste ministerial del gobierno de Bachelet es un reforzamiento de las posiciones más neoliberales y contemporizadoras, representadas, respectivamente, por Andrés Velasco y José Antonio Viera Gallo. El titular de Hacienda no sólo se salvó del relevo, sino que acentuó su poder dentro del gobierno, convirtiéndose en uno de los tres ministros que más influyen en la Presidenta, junto al canciller Foxley y Belisario Velasco. El gobierno de los dos Velasco – Primeros Ministros en lo económico y lo político- se reforzó con la llegada de nuevos designados en las carteras de la Presidencia, Transportes y Energía.
Signo visible de esta situación fue la ausencia en la ceremonia de juramento de quien, como presidente del partido Socialista y miembro de la Cámara Alta, tiene ahora como interlocutor en el palacio de gobierno al hombre que él contribuyó a defenestrar de la senaduría por la Quinta región Costa. Es probable que, con sus redes sociales y familiares, Viera Gallo consiga una interlocución más fácil con algunos líderes de la derecha que con los que hoy detentan el poder en el PS, el senador Alejandro Navarro, entre ellos.
Es lo que la Presidenta seguramente necesitaba, así como la presencia de un hombre del área empresarial al frente del Transantiago, donde fallaron tanto los operadores privados como públicos. Esto y la confirmación del canciller, “teelecista” –que acaba de firmar un nuevo TLC, esta vez con Japón- imprime un determinado sello a la gestión de Bachelet, al iniciarse su segundo año. Los resultados de lo que haga este equipo identificable con el grupo Expansiva es lo que determinará el rumbo a mediano plazo del gobierno y de la Concertación. Todo lo demás será música chauvinista tocada por cada uno de los partidos y subgruposque la componen, porque, al final, la ciudadanía se atendrá crudamente a los resultados, y se pronunciará dentro de las reglas del juego electoral en vigencia.
Esta vocación, y la incapacidad de la derecha de construir –hasta ahora- una alternativa real y creíble, es lo que puede impedir el desalojo de la Concertación del poder en 2010, a menos que su fracaso de gestión sea sin atenuantes y la oposición logre derribar el mito de Ricardo Lagos. A menos también que la derecha en su conjunto se resigne a una vuelta a La Moneda de aquel, convencida de que realizaría un segundo mandato aún menos socializante que el primero.
Por de pronto, lo que indica el reciente ajuste ministerial del gobierno de Bachelet es un reforzamiento de las posiciones más neoliberales y contemporizadoras, representadas, respectivamente, por Andrés Velasco y José Antonio Viera Gallo. El titular de Hacienda no sólo se salvó del relevo, sino que acentuó su poder dentro del gobierno, convirtiéndose en uno de los tres ministros que más influyen en la Presidenta, junto al canciller Foxley y Belisario Velasco. El gobierno de los dos Velasco – Primeros Ministros en lo económico y lo político- se reforzó con la llegada de nuevos designados en las carteras de la Presidencia, Transportes y Energía.
Signo visible de esta situación fue la ausencia en la ceremonia de juramento de quien, como presidente del partido Socialista y miembro de la Cámara Alta, tiene ahora como interlocutor en el palacio de gobierno al hombre que él contribuyó a defenestrar de la senaduría por la Quinta región Costa. Es probable que, con sus redes sociales y familiares, Viera Gallo consiga una interlocución más fácil con algunos líderes de la derecha que con los que hoy detentan el poder en el PS, el senador Alejandro Navarro, entre ellos.
Es lo que la Presidenta seguramente necesitaba, así como la presencia de un hombre del área empresarial al frente del Transantiago, donde fallaron tanto los operadores privados como públicos. Esto y la confirmación del canciller, “teelecista” –que acaba de firmar un nuevo TLC, esta vez con Japón- imprime un determinado sello a la gestión de Bachelet, al iniciarse su segundo año. Los resultados de lo que haga este equipo identificable con el grupo Expansiva es lo que determinará el rumbo a mediano plazo del gobierno y de la Concertación. Todo lo demás será música chauvinista tocada por cada uno de los partidos y subgruposque la componen, porque, al final, la ciudadanía se atendrá crudamente a los resultados, y se pronunciará dentro de las reglas del juego electoral en vigencia.