La globalización tiene mucho de bueno y el personal no se ha dado cuenta. Una de sus ventajas reside en la aparición de una idiosincracia común a todo el planeta y la muerte programada de los particularismos locales. Así uno comprende fácilmente la política mundial y hasta los líos de las Naciones Unidas. Antes había que echar mano de los “expertos” y de los politólogos que te aclaraban la película.
Ahora basta con comparar las catástrofes planetarias con las huevadas que uno ve en su propio país y todo queda claro. Mira por ejemplo el cagazo de Irak. Hace unos cuatro años Dobeliú se pavoneaba en un portaaviones con un cartelito que decía “Misión cumplida”. Poco tiempo después, en un arresto de originalidad, Trivelli puso cartelitos con grandes letras que decían “¡Cumplimos!”. Trivelli pavimentó la Alameda y Dobeliú sigue intentando pavimentar Irak: en ambos casos los resultados están a la altura de los personajes. Otra. Cada vez que muere un “boy” en Irak Dobeliú declara que “las cosas van mejorando y hay que persistir en los esfuerzos para liberar ese país amigo”. Si no lo tenías claro, por eso no me gusta ser amigo de los yanquis. Del mismo modo, cada vez que hay un muerto en el Transantiago, Danilo Núñez declara que “las cosas van mejorando y hay perseverar hasta que este Plan le dé satisfacción a los santiaguinos”. Si no lo tenías claro, por eso no me gusta ser amigo de Danilo Núñez. Para arreglar el pastel en Irak Dobeliú dice que hay que enviar más tropas y gastar más dinero. ¿Quién hubiese adivinado que para arreglar el Transantiago hay que enviar más buses y dilapidar más plata? ¡Joder! ¿Quién le copia a quién? No deja de ser curioso que al invadir Irak Donald Rumsfeld exigió reducir la cantidad de tropas en acción. Los ágiles del Transantiago estaban en la misma y originalmente calcularon tan sólo 4.657 vehículos. Visto el despelote Dobeliú pidió enviar 20.000 marines de refuerzo y cuando los electores le dijeron que se fuese al carajo envió ¡30.000! Desde que el 10 de febrero el Transantiago se fue al peo el gobierno comenzó a exigir más y más buses, primero cinco mil, luego 5.600, y ahora Escalona sugiere poner lo que haga falta. Así, dando un largo rodeo, llegaremos a tener las mismas once mil micros que maltrataban al pasajero santiaguino. Y uno recuerda que Dobeliú, para atemorizar a quién no comulgaba con sus ruedas de carreta, lanzó la célebre frase: “Quién no está con nosotros está contra nosotros”(sic). Es verdad que Escalona se limita a exigir un apoyo “incondicional”(resic), pero la intención es la misma. Ventajas de la globalización y de una izquierda que no es ni tan nueva ni tan original: hubo algún socialista que votó la ley de “defensa de la democracia”. En fin, que poner “cara de palo”, o mejor aun ser “cara de palo” se ha transformado en método de gobierno en el ámbito planetario. Parafraseando a Goebbels se podría decir: “Negar, negar, negar, que algo queda”. También hay una novedad que tenemos el orgullo de deberle a un patriota chileno: cada vez que un gobierno tenía problemas solía explicarlos echándole la culpa al gobierno precedente. Ahora no, ahora el gobierno precedente le echa la culpa de lo que no hizo, o hizo mal, al gobierno que vino después. Si uno fuese adepto de crear neologismos bautizaría este descubrimiento de “Neocaradepalismo Laguensis”. Einstein, o los huesos de Einstein deben bailar cumbia de alegría al ver lo lejos que ha llegado la teoría de la relatividad en manos de Ricardo Lagos. La misma teoría de la relatividad bien empleada le permitió calificar la corrupción de su gobierno de “hojarasca”, lo que ya es menos original. También es cierto que Einstein dijo que él había tenido sólo una idea en su vida pero que le había sido muy fiel. No le podemos criticar eso. Hablando de conservadores, neoconservadores y otros reaccionarios contemporáneos no puedo dejar de reconocer que siempre me divertí un puñao con el padre putativo de todos ellos, Ronad Reagan, que fue al “caradepalismo” lo que Van Gogh fue al impresionismo: el punto culminante. En una reunión de pechoños y pechoñas integristas celebrada en 1985, RR dijo lo siguiente: “La marea de la historia se está moviendo irresistiblemente en nuestra dirección. ¿Porqué? Porque al otro bando se le agotaron las ideas. Ya no tiene nada que decir, nada que agregarle al debate. Ya gastó su capital intelectual”. La cita la cogí de TIME Magazine, que da vuelta la frase para decir que es exactamente lo que le ocurre ahora a los conservadores, neoconservadores y reaccionarios de todo pelo. Como a los nuestros, Concertación incluida. El “caradepalismo” es el único recurso que les queda, pero no te desanimes: ¡De eso les queda pa’ rato!
