Aquel martes de número fatídico, Bachelet hizo hincapié en la equidad, en la igualdad de oportunidades, en los frutos del desarrollo, en la importancia económica y social de las pequeñas y medianas empresas. “Si realmente queremos alcanzar el desarrollo, si queremos hacer reales estos sueños de equidad, tenemos que ser capaces de hacer que el país innove, que los privados inviertan, compitan y sean cada vez más productivos”, decía la Presidenta en medio de un fervor retórico al presentar su proyecto de 27 medidas, que integraban las tributarias, financieras, de inversión, energéticas, de incentivos a la exportación, a la innovación… y hasta becas para estudiar inglés. Un enorme catálogo de medidas, que pese a su amplitud no ha tenido, con una sola excepción identificable, plausibles comentarios. La salvedad la ha constituido la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), la cúpula de la gran empresa, quienes, hablando por sí mismos, que sin duda allí están para hacerlo, también intentaron hacerlo por las pymes, los trabajadores, en fin, hasta por los niños y los pobres de este país. “Lo importante -dijo Alfredo Ovalle, el presidente de esa Confederación- es entender que todo esto aporta en la dirección correcta, de poder lograr un crecimiento mayor, una mayor inversión y mejores oportunidades para todos los chilenos”.
¿Qué le gustó tanto a la gran empresa? ¿Cuál es la dirección correcta? Según él mismo dijo y fue ratificado en un documento, lo más relevante del Plan es la depreciación instantánea de la mitad de los desembolsos en activo fijo como un incentivo importante para la inversión privada, como también el anuncio de perfeccionar el sistema de devolución del IVA para incentivar la exportación de servicios. En suma, nuevos pasos que facilitan las cosas y rebajan los costos empresariales. Un paquete de medidas que el gran conglomerado ya tiene en la mira. En fin. Más agua para el molino privado.
La depreciación acelerada es un incentivo tributario, del que hará uso, básicamente, la gran empresa. De eso se trata. Una ventaja tributaria que se extenderá por casi dos años y ya tiene al sector privado frotándose las manos. La medida, sin embargo, no es una novedad para los señores confederados, que han estado desde hace varios gobiernos de la Concertación tras ella, y tampoco es nueva para las grandes empresas: es el mecanismo que utilizó la minera de cobre La Disputada, entre otras varias, para no pagar impuestos a las ganancias por más de veinte años.
Rebajar los impuestos de las empresas, un poquito por aquí, otro poco por allá, hasta llegar a una placentera comodidad, como ya ha ocurrido con las mineras, es un claro reflejo de la inspiración profundamente neoliberal que orienta a Hacienda: básicamente, más libertad de mercado. Aun cuando se trate de un incentivo que, según esos criterios, estimulará la inversión y la producción –y, eventualmente, demandará insumos, servicios y mano de obra- hay ciertos rasgos más profundos de la medida que necesariamente merecen destacarse. Mediante el nuevo estímulo, el Fisco recaudará menos impuestos o postergará, en tanto la gran empresa, que goza de enormes ganancias, resulta premiada. En suma, se libera de trabas y obligaciones a las grandes corporaciones. Que sean las grandes empresas, cada vez más eximidas de normas y tributos, las que muevan la economía. En el fondo, nada nuevo desde los tiempos de nuestros inspirados en Chicago.
El gobierno no habla de las grandes corporaciones, sino de las empresas, que incluyen a las pymes. De hecho, el discurso del martes 13 estaba lleno de alegorías sobre el desarrollo y la equidad. Pero no ha sido entendido así entre este empresariado. El plan ha sido adulado por la gran empresa, pero denostado por sus destinatarios, los vapuleados aparentes beneficiarios. El Plan hacia las pymes ha partido mal desde su anuncio. Mal porque la pyme percibe que se trata de un proyecto que le queda grande, que no resuelve sus problemas, y mal también porque involuntaria pero muy simbólicamente, fueron omitidos en la invitación a la ceremonia. Aun cuando más tarde Velasco se disculpó con los pequeños empresarios agrupados en Conupia, organización que dirige Iván Vuskovic, no ha sido sólo el error de protocolo sino los contenidos del proyecto lo que ha vuelto a alejar a la Concertación de las pymes. El problema no está en cómo se invierte, en los planes de inversión, en la depreciación inmediata, sino en el acceso a mercados, en las ventas, en acceso a capitales.
Nada que ver con las pymes
Vuskovic no ha podido ser más explícito, no sólo con el aparente desaire, sino con el fondo de las medidas. La verdad tengo que aceptarle las excusas (a Velasco) pero no lo creo, porque en el fondo las medidas efectivamente no tienen nada que ver con la pyme, no se está pensando en la Pyme y si había alguna oportunidad ese mismo día de haberlo hecho seguramente le habríamos ‘meado el asado’”. Las medidas, dijo el dirigente, están pensadas para otra gente. “No pueden decir que van a hacer un plan de inversión cuando el problema de la pyme no es cómo invierte, sino cómo me salvo, cómo avanzo, cómo puedo progresar. Mi problema es cómo accedo a plata para poder invertir, no que me den ventajas tributarias. Eso no tiene nada que ver con pyme”.
El Proyecto, según las reacciones, es más de lo mismo. Es una historia tan vieja como la Concertación. Es posible que la economía chilena pueda aumentar en unas décimas su tasa de crecimiento, tal vez sobre un cinco por ciento, como ya anuncian algunos cálculos optimistas del propio gobierno, pero nada indica que esa proporción de mayor actividad económica se distribuya entre los más débiles. Los aplausos que sacó el Plan entre los grandes empresarios y la desilusión que generó entre los pequeños está también refrendada por las interpretaciones que han hecho del programa diversos economistas, a quienes un molesto Velasco no dudó en calificar de “opinólogos”. Entre todos hubo consenso en cuanto Chile Invierte no ayudará a las pymes, sino, una vez más, a la gran corporación.
Economistas de todas las tendencias han afirmado que la propuesta más relevante, la depreciación acelerada, que prevé reconocer como gasto tributario el 50 por ciento del valor de los bienes físicos entre este momento y diciembre del 2008, es sin duda un incentivo a la inversión, pero el mecanismo difícilmente lo podrán emplear las pequeñas empresas. Sólo las que tengan la capacidad financiera de adelantar la compra de activos fijos podrán hacer uso de la medida. En otras palabras, sólo la gran corporación. La pyme, aun cuando no tenga grandes problemas de endeudamiento, que son pocas, no tienen una gran capacidad de reacción ante las nuevas posibilidades.
No hay cambios importantes en el horizonte. No está ni ha estado en el núcleo del programa gubernamental un vuelco o una reforma profunda al modelo económico. Se trata de matices, de ajustes al modelo económico que ha contribuido a colocar a Chile entre los países más desiguales del mundo. Sin un sólido apoyo a las pequeñas y medianas empresas el proceso de concentración de la riqueza mantendrá, e incluso, aumentará su curso.
A quiénes ayuda el Plan
El proceso de concentración de los mercados y de la riqueza, que se sucede con fuerza desde comienzos de la década pasada, se puede observar entre las propias sociedades anónimas. Las 600 corporaciones que cotizan en la bolsa de Santiago tuvieron un resultado cercano a 18 mil millones de dólares, lo que es un aumento en valor de un 40 por ciento a lo ganado el 2005. Un nuevo, y así ha sido cada año, récord histórico.
Esos son los registros generales. Al comenzar a desagregarlos, vienen la gran sorpresa. La mayor parte de esta suma –¡no podemos casi imaginar lo que esa suma significa!- corresponde a las gran corporaciones. Las 30 empresas con más altos resultados concentraron el 80 por ciento del total de las ganancias. Al hacer un cálculo sobre el incremento de las ganancias, estas 30 empresas, que son apenas el cinco por ciento del total, concentraron el 90 por ciento del aumento. Si no hay concentración de la riqueza, ¿de qué estamos hablando? ¿Están aquí los “sueños de equidad”, la cooperación, el país de las oportunidades?
Y hay todavía más. Cálculos privados concluyen en lo siguiente: las corporaciones que más elevaron sus ganancias son las de mayor tamaño. El ocho por ciento de las empresas concentró el 90 por ciento de las utilidades. En números, 48 compañías ganaron 16.200 millones de dólares. Una media de 337 millones de dólares de ganancia por empresa. ¿Cuánto dijo que ganaron las pymes?
