Si Transantiago no existiese habría que inventarlo. Después de todo los helenos fueron capaces de inventar el drama griego. ¿A título de qué la copia feliz del edén no sería culo de inventar una nueva forma de tragicomedia? Si después de todo sólo se calculó mal la cantidad de buses, y por consiguiente la cantidad de conductores, y no se tenía idea de donde debían partir ni adonde llegar ni por donde ni a qué hora debían pasar, ni para transportar ni a quién ni a donde, dispensándose de tomar en consideración un elemento tan secundario como el tiempo de transporte…
Confesemos que para haber inventado el mejor sistema de transporte del mundo y sus alrededores somos los reyes de la chapuza. Ver o escuchar a los autores de esta derrota recuerda la pieza de teatro de Michel Ecoffard “Commediante Tragediante”, obra consagrada a las mentiras verdaderas y a las verdades falsas que cada cual se cuenta a sí mismo y a los demás. El ministro Espejo por ejemplo (pobre, ¿que hizo para merecer esto?) que gran “¡Tragediante!”, y Lagos que inmenso “¡Commediante!”. En vez de inflingirnos otra candidatura don Ricardo debiese pensar seriamente en dedicarse al teatro, representando por ejemplo el Tartufo de Molière. Habida cuenta de su megalomanía más le vale empezar por los clásicos y el personaje le va como anillo al dedo: no necesitaría ni ensayar le bastaría con ser él mismo. Pero me voy alejando de la telenovela de moda, el Transantiago, que cuestión audiencia (reitin dicen los entendidos) se ha cargado hasta los culebrones brasileños. Una pasajera, ¿o debemos decir “cliente”?, de Transantiago se ha querellado contra el engendro y pide una indemnización de 319 millones de pesos por una fractura de su columna vertebral, accidente que atribuye al paso por un “lomo de toro” del vehículo articulado en el que logró encaramarse. El diputado Carlos Olivares (DC) estima que “estos vehículos estan mal diseñados…” No, honorable diputado: los que están mal diseñados son los responsables del Transantiago y los genios que implementaron los “lomos de toro” ya prohibidos en todo el mundo civilizado precisamente por su peligrosidad para el tráfico, y especialmente para las ambulancias y los vehículos de transporte público. Pasa que de vez en cuando hay que leer el Peneca o el Barrabases, o por lo menos saber leer sobretodo cuando uno asume responsabilidades en el transporte. Cualquier alumno de primer año de ingeniería sabe que el área de contacto de los neumáticos con la superficie de rodado es extremadamente reducida. Cualquier elemento que elimine ese contacto genera un peligro evidente para el tráfico, incluso a velocidad reducida. Ahora bien, los “lomos de toro” son verdaderos trampolines para todo tipo de vehículo. En el primer mundo están prohibidos muy especialmente “en las vías utilizadas por el transporte público de pasajeros así como en las vías que conducen a centros de socorro, hospitales y clínicas”. El no respeto de las especificaciones técnicas de los “lomos de toro” lleva a los Estados a atacar en justicia a los organismos responsables. (Nota importante: “Responsable: Referido a una persona o institución, que conoce sus deberes y obligaciones y trata de cumplirlos”). Las normas pertinentes establecen que los ralentizadores implantados en áreas urbanas sólo pueden ser instalados en vías limitadas a 30 Km/h, y están prohibidos en vías de tráfico superior a 3.000 vehículos/día. Su altura no debe sobrepasar 10 cms y el borde de ataque debe ser inferior a cinco milímetros. El coeficiente de rugosidad SRT (para evitar derapes) debe ser superior a 0,55. La obligatoria señalización horizontal y vertical, antes y después del ralentizador, también está definida en forma rigurosa. Apuesto a que los chapuzas del Transantiago ya lo sabían. No obstante, en el Chile de nuestra moderna modernidad modernizante aun no se han descubierto los ralentizadores de caucho ni las cintas de alerta constituidas de estrías gravadas o impresas en la calzada, infinitamente menos peligrosas. Si entiendo bien, a las numerosas enmiendas, retoques y correcciones que le están haciendo al magnífico Plan de Transportes de la Región Metropolitana habrá que agregar la demolición de los “lomos de toro”. ¡No te jode! Para más INRI ahora ya es la cueca empelotas: el Sr. Guillermo Díaz, ex director de Conama (gobierno de Lagos) y ex presidente de EFE (gobierno de Bachelet), procesado por fraude al Fisco por el caso Gate, regenta “Transpalitos”, empresa destinada a la reintegración de las viejas micros “amarillas” que habían sido retiradas de la circulación por la insistencia del ex director de Conama, Sr. Díaz Guillermo. ¡Cuando te digo que esto no se inventa!
