Cada vez que leo los titulares de la prensa santiaguina me quedo un pelín acojonao. Es de miedo. Tal parece que como en los siglos IV y V de nuestra era los bárbaros invaden progresivamente la capital del mundo civilizado creando la incertidumbre en la refinada población de Roma. Ya sabes que de Atila se dijo de todo, como por ejemplo que por donde pasaba su caballo no volvía a crecer el pasto.
Por donde pasan los modernos hunos no vuelve a pasar ni una micro, las damas que suben al Metro son manoseadas, del pillaje no se escapan ni las becas, las arcas de la CORFO (o del MOP, que para el caso da lo mismo) son violadas, se desata la explotación desenfrenada del medio ambiente, se contaminan las aguas y los bosques, se nos roban el cobre, en fin, sálvese quién pueda y maricón el último. Los pobres romanos, o su equivalente contemporáneo, se defienden como pueden, con piedras, escupos, insultos, e incluso quemándose vivos frente al palacio de gobierno, o al edificio de la intendencia respectiva, lo que da la medida de su infamia y su mala fe. Y ya manda cojones que los dirigentes del PPD que aun están libres, me refiero a esos que no robaron, o que no han robado aun, o que aun no están procesados, califiquen de gravísima la “agresión” de la que fue objeto Nicolás Eyzaguirre, o más bien el automóvil de Eyzaguirre, que él mismo no recibió la patada en el culo que se merece por haber confesado a posteriori que no hizo nada por los pobres: “Es nuestro mayor fracaso. Después de seis años al frente de la política económica del Gobierno de Ricardo Lagos, sé que cada vez que intentábamos una redistribución más justa, un poderoso establishment impedía adoptar las medidas más elementales“. O sea que dejó a los miserables revolcándose en su miseria, y ahora privados hasta de transporte gracias, entre otros, a la eficiencia de estos ministros estrella que siempre están del mal lado de las protestas, en Praga o en Santiago, y del buen lado del capitalismo, en Santiago o en Praga. Gracias al Transantiago pergeñado en los tiempos en que Eyzaguirre y su patrón el Sr. Lagos manejaban la manija, hay millones de seres humanos condenados a morder el polvo del camino – hasta que no llueva -, pero el PPD califica de “gravísima” la agresión del modesto autito 4×4 del ministro. Inverlink no fue “gravísimo” (¡Y García fue a parar de embajador en Suecia!), como no fue “gravísimo” robarse las platas de los planes de generación de empleo (cuyos responsables son diputados o senadores). ¡No te jode! Cientos de millones de dólares dilapidados en un plancito de transportes napoleónico que en veinte días de actividad provocó la muerte de seis inocentes ciudadanos y la desesperación de millones, pero el ministro del interior, aquejado de soponcio declara que “no se puede permitir que se dañe la propiedad pública y privada” en relación al ataque con piedras que cerca de 50 personas realizaron contra buses y una garita pasada la medianoche. El diarucho que difunde la noticia agrega que: “Los antisociales venían de participar en una manifestación contra el Transantiago, la que se unió a otras registradas en Maipú, Pudahuel y Lo Espejo”. Que quede claro: los ladrones del patrimonio público, los criminales, los delincuentes se llaman capitanes generales, ministros, excelencias, señorías, honorables, o “your highness” en la lengua del imperio. Quienes se defienden con los puños y alguna piedra de las barbaridades de los bárbaros, son ANTISOCIALES. Afortunadamente Michelle Bachelet ordenó resolver el cagazo en 48 horas (ella sabe de qué habla y por eso les dio a los ministros mucho menos tiempo del que le dejó Lagos para eliminar las colas en los servicios de salud con los resultados que conocemos…). Todos nos preguntamos cómo no se le ocurrió darles 48 horas hace un par de meses, o hace un año. Nos habríamos ahorrado seis muertos, un joven de 24 años encarcelado y condenado como criminal por haberle dado un puñetazo a un validador, y el bochorno de pasar por al país más chapucero de América latina y el mundo, lo que equivale a los más chambones del sistema solar, la galaxia toda, y porqué no decirlo del universo. Como el Plan Transantiago mismo, cuya celebridad ya llegó hasta el Brabant Wallon, que para el caso está tan distante como la estrella Alfa Centauro, unos cuatro años luz, lo que equivale a dos o tres viajecitos en los autobuses del Transantiago. ¡Dios nos libre y nos guarde!
