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Agosto 20, 2026

Transantiago: ¿el destierro de la Concertación?

 Políticamente, había que lanzar ahora el nuevo sistema de transporte capitalino, cuando faltan 20 meses para que la ciudadanía se pronuncie en las urnas sobre el gobierno de Bachelet. Pero el dolor social es tan alto que sus efectos pueden golpear al conjunto de las clases dirigentes.



La advertencia del senador Alejandro Navarro de que “el Transantiago nos puede costar el gobierno” expresa no sólo la enormidad del problema planteado por la partida del nuevo sistema de transporte capitalino. También la preocupación que se está apoderando en algunos círculos del oficialismo por los nocivos –acaso letales- efectos políticos que la situación puede traer. La advertencia del ministro Belisario Velasco de que los problemas subsistirán por 90 días más pudo ser el intento de inyectar una dosis extra de paciencia a los usuarios –una suerte de operación estoicismo-, pero es posible tomarla también como una temprana admisión de fracaso.
 
Por mucho que el Transantiago sea un proceso revolucionario, que apunta a terminar con malos hábitos arraigados de operadores y usuarios de micros, una marcha blanca o período de ajuste –como quiera llamársele- no debe tener tan alto costo humano y social. No es sólo incomodidad la que está sufriendo la gente: también dolor por ser tratada como animales, rabia por sentirse herida en su dignidad e impotencia por no poder llegar a su destino mientras el tiempo y los plazos se consumen.
 
Como suele ocurrir ante el fracaso, los responsables políticos del Plan ya empezaron a sacarse los ojos entre ellos, y –como parecen revelar las encuestan publicadas a partir del último fin de semana- los dedos empiezan a apuntar al mismísimo ex Presidente Lagos. Si cunde el pánico, ex ministros y ex asesores tocarán los botones de alarma, como aquellos atribulados pasajeros del metro, para intentar bajarse del Transantiago. Un desbande así –pauteado por el ex Mandatario cuando dijo que había que distinguir entre el diseño del plan y su implementación- puede llegar a provocar una segunda crisis en la Concertación, después de las fisuras por los escándalos de corrupción.
 
Los desafectos y las crispaciones al interior de la coalición gobernante no harán sino expandir el distanciamiento creciente que se observa entre ella y la gente. Pero lo que debería ser un regalo para la oposición no le permite a ésta sacar cuentas alegres, porque se hace claro, según todos los indicadores, que la derecha no se salva del malestar ciudadano. La bronca es con todas las clases dirigentes –los lìderes opositores también se borraron del mapa santiaguino durante febrero y cuando se asomaron fue para hacer oportunistas intervenciones de un día “con arena en los pies”-; entre las élites cuestionadas están también los empresarios privados: los promisorios nuevos operadores y los viejos micreros estigmatizados, la empresa tecnológica Sonda –al parecer detentadora un falso prestigio-, que falló en el software, y el Administrador Financiero conformado por conocidos bancos de la plaza.
 
Con ellos quieren sacarse los balazos los responsables políticos, pero éstos debieron prever los ripios de los privados en el diseño, y lanzar el nuevo sistema progresivamente, integrándolo por partes. Ahora ya no hay marcha atrás, porque eso indicaría un enorme fracaso. En lo único que acertaron fue en lanzar el plan a más tardar ahora, antes de las elecciones de 20 meses más. Una decisión políticamente acertada en teoría. Pero que por su inmenso costo social puede volverse en contra de la multipartidaria que el próximo domingo cumple 17 años en el gobierno.
 

(Transmitido por Universidad de Chile Noticias, 102.5 FM)