Para salir al paso de cualquier pregunta puntuda cómo por ejemplo ¿ Qué tienen que ver las frutas y la frutilla con “Defendamos la Ciudad” ?, recurriré al encadenamiento siguiente : nuestra organización defiende a la ciudad, pero la ciudad que defendemos no está en el aire sino que, en este caso preciso, en Chile, de modo que lo que ocurra en nuestro país nos concierne, pues repercute sobre la ciudad y, como se verá, hay muchas cosas indeseables que sí repercuten sobre la ciudad. Al grano, en una tarea de denuncia ciudadana responsable, veraz y con algunos ingredientes simpáticos.
Las deliciosas frutas que hoy consumimos proceden de diferentes y a veces lejanos países que, en virtud de un proceso de globalización histórico, se expandieron por el resto del mundo, una de las formas de globalización que todos celebramos. Así, la chirimoya tuvo su origen en Perú y Bolivia, el mango viene de la India, la naranja de China, las cerezas de la región del Mar Caspio, el plátano de Papúa, el níspero de China y Japón, la piña de Brasil, la palta de México, el coco de Oceanía, la uva del Cercano Oriente, la papaya tropical de América Central, el kiwi de China, el durazno de Persia, los pepinos de fruta y la papaya chica de la región andina, etc.
En Chile, según los entendidos, se originó la frutilla, lo cual me llena de orgullo patriótico pues hemos dado a la humanidad algo más sabroso e imperecedero que la harina de pescado y el aserrín de alerce, sin querer en esta oportunidad hablar del oro y la plata que las transnacionales se llevan enredadas en el cobre, pues no viene al caso ya que no son frutas.
De la misma manera que el coyote, el pato Donald y el ratón Mickey sugieren la imagen de USA, Chile ha sido asociado, según el parecer del asociador, al cóndor, al guarén, al copihue, al cochayuyo, al jaguar, al gato de campo, al huemul, al jurel, etc. y creo que algo de ellos tenemos en grado variable. Sin embargo, una mirada más atenta al Chile de hoy me hace pensar que la frutilla es la que mejor nos representa y no me refiero a la frutilla de mi infancia sino a la moderna, mejor dicho a la postmoderna.
Los que tenemos memoria recordamos que la antigua frutilla era chiquitita, menudita, regordetita, modesta. Pero, llegaron los neoliberales y, con el concurso armado del que acaba de esfumarse, el mercado se vio invadido por la neofrutilla: alta, vistosa, agresiva, tersa, bustos prominentes, incluso sigue siendo roja por fuera -lo cual no es sino un truco de márquetin y un rasgo no muy bien visto por algunos culijuntos- pero al meterle el diente revela una carne blanquizca sin gracia y un hueco vacío y lo que es aún más evidente, sin dulzura, alineada con el gusto de los usanos con dólares, a extremos casi serviles, ya que sólo nos falta rebautizarla de estroberrie o chileberrie.
Pero ¡ atención ! el vacío hueco no es tal, pues sustentado en el neoliberal principio de que Ud. recibe de la vida solamente lo que puede pagar, está repleto de :
– usura institucionalizada
– priapismo consumista
– castellano empobrecido
– educación y medicina a 2 velocidades
– prediofilia y megalomanía urbanas
– favoritismo en la publicidad estatal
– autocensura servil
– asfixia de la prensa libre
– prensa y televisión populacheras y ramplonas
– culotura y masculatura generalizadas
– castigos que son premios
– xenofobia
– contaminación
– información privilegiada para los regalones
– estrés generalizado
– endeudamiento malsano
– opinólogos tanto o más huecos
– teflonismo
– narcisismo y vedetismo
– secretismo impermeable
– corrupción con uñas limpias y mucha gomina
– libremercado falaz
– leyes sin garra y agujeros para violarlas recurrentemente
– pagos y loteos brujos
– reciclaje de altos funcionarios públicos en gestores privados
– cupulismo
– nulo escrutinio partidario interno
– avestruzismo
– representantes no representativos
– cortoplacismo
– promesas no cumplidas
– inquina con los países vecinos
– lenguaje sibilino
– conformismo popular
– incuria legislativa
– machismo y acoso sexual
– paternidad irresponsable
– explotación del trabajo juvenil
– consensos espurios
y sigue.
En resumen, el hueco de la frutilla está que revienta,
En consecuencia, propongo que las autoridades frutillas de este país frutilla le otorguen a la frutilla el sitial de honor que le corresponde, según lo modestamente expuesto en este tratado frutícola y sea portada como emblema o escudo nacional, en reemplazo del noble cóndor y el pacífico huemul.
Héctor Arroyo Llanos
Analista frutero y de paso arquitecto y urbanista
En Chile, según los entendidos, se originó la frutilla, lo cual me llena de orgullo patriótico pues hemos dado a la humanidad algo más sabroso e imperecedero que la harina de pescado y el aserrín de alerce, sin querer en esta oportunidad hablar del oro y la plata que las transnacionales se llevan enredadas en el cobre, pues no viene al caso ya que no son frutas.
De la misma manera que el coyote, el pato Donald y el ratón Mickey sugieren la imagen de USA, Chile ha sido asociado, según el parecer del asociador, al cóndor, al guarén, al copihue, al cochayuyo, al jaguar, al gato de campo, al huemul, al jurel, etc. y creo que algo de ellos tenemos en grado variable. Sin embargo, una mirada más atenta al Chile de hoy me hace pensar que la frutilla es la que mejor nos representa y no me refiero a la frutilla de mi infancia sino a la moderna, mejor dicho a la postmoderna.
Los que tenemos memoria recordamos que la antigua frutilla era chiquitita, menudita, regordetita, modesta. Pero, llegaron los neoliberales y, con el concurso armado del que acaba de esfumarse, el mercado se vio invadido por la neofrutilla: alta, vistosa, agresiva, tersa, bustos prominentes, incluso sigue siendo roja por fuera -lo cual no es sino un truco de márquetin y un rasgo no muy bien visto por algunos culijuntos- pero al meterle el diente revela una carne blanquizca sin gracia y un hueco vacío y lo que es aún más evidente, sin dulzura, alineada con el gusto de los usanos con dólares, a extremos casi serviles, ya que sólo nos falta rebautizarla de estroberrie o chileberrie.
Pero ¡ atención ! el vacío hueco no es tal, pues sustentado en el neoliberal principio de que Ud. recibe de la vida solamente lo que puede pagar, está repleto de :
– usura institucionalizada
– priapismo consumista
– castellano empobrecido
– educación y medicina a 2 velocidades
– prediofilia y megalomanía urbanas
– favoritismo en la publicidad estatal
– autocensura servil
– asfixia de la prensa libre
– prensa y televisión populacheras y ramplonas
– culotura y masculatura generalizadas
– castigos que son premios
– xenofobia
– contaminación
– información privilegiada para los regalones
– estrés generalizado
– endeudamiento malsano
– opinólogos tanto o más huecos
– teflonismo
– narcisismo y vedetismo
– secretismo impermeable
– corrupción con uñas limpias y mucha gomina
– libremercado falaz
– leyes sin garra y agujeros para violarlas recurrentemente
– pagos y loteos brujos
– reciclaje de altos funcionarios públicos en gestores privados
– cupulismo
– nulo escrutinio partidario interno
– avestruzismo
– representantes no representativos
– cortoplacismo
– promesas no cumplidas
– inquina con los países vecinos
– lenguaje sibilino
– conformismo popular
– incuria legislativa
– machismo y acoso sexual
– paternidad irresponsable
– explotación del trabajo juvenil
– consensos espurios
y sigue.
En resumen, el hueco de la frutilla está que revienta,
En consecuencia, propongo que las autoridades frutillas de este país frutilla le otorguen a la frutilla el sitial de honor que le corresponde, según lo modestamente expuesto en este tratado frutícola y sea portada como emblema o escudo nacional, en reemplazo del noble cóndor y el pacífico huemul.
Héctor Arroyo Llanos
Analista frutero y de paso arquitecto y urbanista