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Agosto 20, 2026

Generación Canguro

No lo sabía, pero me duele.  No sabía que en mi país existía una generación canguro, es decir, la de los jóvenes que viven hasta avanzada edad junto a y dependiendo de sus padres. Y no es que me haga el tonto ante una realidad lacerante. Sino que vengo regresando de una ausencia de 33 años y no podía imaginarme que en Chile también existía uno de los problemas que acosa al mundo desarrollado europeo: el de la falta de oportunidades para los jóvenes,

el de la falta de ilusión de los jóvenes,

el de la falta de perspectivas de futuro para los jóvenes,

el de la falta de acceso a una vivienda digna de nuestros jóvenes.

Y me encuentro con que en Chile estamos viviendo en un mundo competitivo feroz, donde más se le obliga al joven, donde más se le exige, donde el curriculum es el que manda y los jóvenes viven para engordar ese curriculum. Se gastan lo que no tienen en estudios en universidades y centros estudiantiles, en muchos casos, de mediocre nivel o de dudosa capacidad docente. Porque la educación es un gran negocio en Chile. Y los jóvenes obligan a sus padres a endeudarse. Incluso ellos mismos, los estudiantes, se endeudan antes de terminar una carrera. Profesionales que nacen endeudados y que se endeudan más aún, porque tienen que engordar su curriculum y poder competir en un mundo tan competitivo. Jóvenes que consiguen títulos sin experiencia, que reciben cartones con timbres relucientes y conocimientos más bien limitados. Y que se han gastado lo que no tienen para conseguirlos. Por lo tanto, jóvenes que tienen la suerte -o la solvencia- de poder entrar en una universidad o una academia especializada. El que no tiene dicha solvencia, se queda sin estudiar, sin posibilidades de título. La educación, por tanto, tiene un precio…¡qué lejos estamos de aquellos tiempos en que el gobernante siguó una línea clara y sin  claudicaciones: “Gobernar es educar”!

Chile progresa. Pero progresa en un mundo de codazos, de competencias desleales, del “pese a quien pese…y pise a quien pise”. Y no puede ser.

Los talentos se miden por lo que hay un poco más abajo de la cabellera y no dentro de las billeteras.

Nuestros jóvenes viven en el mundo de los canguros, cobijándose en las marsupiales bolsitas de sus padres. Y ese calorcillo les protege y les amodorra. Pero también les castra en el deber de salir y luchar, de luchar para vivir, de vivir para progresar.

Necesitamos jóvenes con la vista alta, puesta en el futuro. Y para ello necesitamos darles oportunidades, tenderles la mano y ayudarles a salir de la marsupial. Permitirles mostrar sus talentos y formarlos en ellos, con el fin de que sean mejores…ojalá, mejores que nosotros mismos. Si completamos ese ciclo, ya no tendremos generaciones canguro y veremos avanzar a nuestra sociedad en el mundo de las igualdades y de las libertades.