En la jerga de la Villa de Santiago de Nueva Extremadura “Ser quemado” quiere decir que se tiene mala suerte, como Longueira que escuchaba voces del más allá que le aconsejaban “seguir a ese cura” y después de seguir el consejo resultó que el cura era tan trucho y tan chanta como el espíritu que le prodigaba los consejos. De quién tiene una mala suerte recurrente se suele decir: “Si se compra un circo… le crecen los enanos”.
Teresa Jara, por ejemplo, es quemada a más de un título. Primero, literalmente, porque para protestar por el término de los Planes de Generación de Empleo que le permitían mal ganar su pan y el de sus hijos se roció con bencina y se prendió fuego frente a la Intendencia Regional de Valparaíso en octubre pasado. Segundo, en sentido figurado, porque el Intendente Iván de la Maza, en su generosidad infinita, no encontró nada mejor que rechazar y criticar su gesto por considerarlo “extremo”. Al otro “extremo”, “quemados” son también los “operadores políticos” procesados por malversación de los fondos de los Planes de Generación de Empleo de la Quinta Región que regenta Iván de la Maza, y “quemados” son los diputados y senadores electos gracias a ese billete visto que de todo eso no tenían la menor idea, faltaba más, donde se ha visto, si además de diputado o senador hay que ser responsable de los secuaces que uno emplea para hacerse elegir no sé adonde vamos a ir a parar. Otro quemado, literalmente hablando, resulta ser Jacinto Montecinos quién el 4 de enero se prendió fuego frente al Palacio de La Moneda por problemas de deuda habitacional. Jacinto Montecinos también es “quemado” en sentido figurado: primero porque para orgullo del Intendente de Valparaíso es vecino de la Quinta Región, y segundo porque para sacarse el pillo el Subsecretario del Interior Felipe Harboe descartó que fuese deudor habitacional y sugirió que pudiese ser deudor de la banca privada. En otras palabras, te puedes quemar cuando te dé la puta gana si eres víctima de la banca privada, pero si eres víctima de los servicios públicos no se te ocurra llegar a esos “extremos”. La sabiduría popular suele decir que el mal ajeno es muy llevadero y es verdad que hay que tener paciencia para esperar la alegría que debía venir y el crecimiento con equidad habida cuenta del derrame de sensibilidad social al que nos están acostumbrando en este país. Lo malo es que si se produce la alternancia propia a la vida democrática caeríamos en manos de gente como Longueira o la parejita Larraín & Larraín lo que lleva a pronunciar la frase que cae de cajón: ¡“P’tas que somos quemados”! Y hablando de “quemados” uno no puede menos que apiadarse del secretario general de la OEA que debiese explicarle a Dobeliú que perdió las elecciones generales, que la oposición controla la Cámara de Representantes y el Senado y que la opinión pública le exige poner fin a la agresión en Irak. Se es profesor de democracia o no se es, quién te mandó a meterte en camisas de once varas, hay que decirle a Dobeliú que ordene el alto al fuego ¡”P’tas qu’eres quemado”! Tampoco se trata de inmolarse en el altar de la democracia, nadie le pide al secretario general de la OEA que se queme a lo bonzo frente a la Casa Blanca o en las escalinatas del Capitolio, ni que invada Cuba, ni que envíe los marines a Caracas. Bastaría con que deje de ser uña y mugre con el imperio porque en este tipo de amistades, se mire como se mire, nadie tiene dudas de quién se reserva el papel de la uña. ¡“Seremos quemados”!