El pragmatismo subsume la ética. Es un pensamiento borroso. Los actos políticos no tienen consecuencias políticas, solo penales. Es mejor no pensar, derivar la responsabilidad política hacia el electorado, al denominado voto de castigo. Debe ser el soberano quien de la espalda a los corruptos. Si la izquierda realmente existente roba, viola, y es corrupta, es nuestra y preferible a la derecha. Cuestión que olvidan, nos pone al mismo nivel de estercolero.
Si emergen proyectos críticos donde el factor ético emerge con fuerza se les margina por no ser pragmáticos y perder de vista el neoliberalismo imperialista que nos asecha. Es mejor aplazar la crítica. Y uno se pregunta: ¿para cuándo?. Estoy seguro que ni José Martí, ni Sandino, ni Salvador Allende tuvieron cola que pisar. Su vida fue ejemplar. Y como ellos miles en Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Chile, Argentina, Cuba, o Perú. Sólo que están en el anonimato y configuran el ejercito de militantes en las fábricas, las minas, el campo o la maquila. Si la explotación capitalista destruye, entre otras cosas, la conciencia del ser humano, unir ética y política es una bandera irrenunciable. ¿Bajo qué principio se puede robar al erario público y seguir siendo de izquierdas? ; ¿Cómo se puede dejar libre a torturadores y predicar la justicia social?.
Solo cabe vergüenza ante la traición. En sí, lo dicho supone la renuncia a la lucha por la democracia, la liberación y el socialismo. Los corruptos no son nuestros ahora ni lo serán nunca. La izquierda no tiene nada en común con personajes o partidos que tras años de luchas en la clandestinidad acaban ejerciendo el poder como líderes millonarios construyendo mansiones, pisos de lujo y cuentas bancarias en paraísos fiscales. Los casos son muchos.
Este mensaje lanzado desde la derecha tiene un lema sencillo: disfruta el momento y no te dejes llevar por la conciencia. Hoy se firma un pacto de no agresión. Tu no sacas tus corruptos y yo no ventilo los tuyos. Una izquierda institucionalizada Parece estar cansada de luchar, prefiere un pacto de no agresión , vivir en pecera ajena. Participar del festín, se conforma con un acta de diputado o senador. Prefiere tener coche oficial e influencias, lo necesario para medrar y hacerse rico.
Banqueros, empresarios y políticos de la derecha bailan su triunfo. La socialdemocracia y la mal llamada izquierda moderna en América latina y Europa occidental responden a esta dinámica. Resulta irónico que el PSOE se presentase a las elecciones de 1978 con un lema: cien años de honradez. Este mensaje trasmitía un comportamiento ético como aval histórico. Bastaron diez años de gobierno para dilapidarlo y hacer trizas un patrimonio perteneciente a todo el movimiento obrero internacional de lucha por la liberación, el socialismo y la emancipación en la cual confluyen ética y política. Pasará tiempo en España antes que sea creíble unir honradez, izquierda , ética y política. Los casos de corrupción suman y siguen en el siglo XXI.
Sin ejercer la crítica, por inoportuna y tíldados de hacer el juego a la derecha, los indicadores de esta contradicción están siendo descalificativos o marginados. Se debe romper este circulo vicioso y recomponer el debate. Es necesario una pedagogía para la lucha emancipadora anti capitalista donde se practique la unidad entre ética y política. Recuperar esta práctica liberadora al decir de Paulo Freire nos pondría en la construcción de la alternativa democrática y por el socialismo del siglo XXI. Amén de explicar la diferencia entre derecha e izquierda. Otra cosa es avalar una cultura de la muerte, la razón de la sin razón y el cansancio ético propio del social-conformismo.
