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Agosto 18, 2026

Jorge Schaulsohn no miente

Si juzgamos con el sentido natural y simple de las cosas, afirmar que un partido instrumental, – en que por definición no caben ideologías – ha tenido y tiene la “ideología de la corrupción”, es en sí, un contrasentido. De manera que siguiendo el razonamiento, el ahora díscolo militante y ex- presidente del PPD ha sido expulsado por afirmaciones que carecen de sentido.

Distinto sería si Schaulsohn afirmara que el PPD es una asociación política que ha hecho uso de su existencia legal para delinquir, y luego hubiera hecho los cargos de innumerables actos de corrupción que él tuvo el privilegio de conocer. En tal caso, el Tribunal Supremo del PPD, no tendría más que remitirse a la justicia ordinaria, y no como en la realidad está actuando, fastidiándonos una vez más, con anuncios circenses, del tipo de castigos que se llevan a cabo en el centro del hemiciclo de lona y cuerdas, en que con unas falsas tablas, le dan sonoros golpes en el trasero a los payasos de turno.
 
No olvidemos jamás que el senador Nelson Ávila fue expulsado por afirmar mientras ejercía su calidad de senador, que los Zaldívar eran subalternos de Anacleto Angelini y que por lo tanto debían abstenerse de participar en la confección de la ley de pesca que por entonces se discutía. Ávila fue expulsado sin contemplaciones por hacer afirmaciones comprometedoras, sobre militantes no de su partido, sino que de otro, el PDC. Tal es el poder de los financistas políticos.
 
La corrupción propiamente tal, según he averiguado, consiste, en usar recursos públicos, asignados en forma reservada para otros menesteres y de ningún modo para financiar campañas políticas, como al parecer han procedido los militantes de los partidos de la Concertación, haciendo entre ellos, un notorio abuso de confianza estos vilipendiados PPD, que no tienen Dios ni ley, pues son instrumentales. En resumen: cero ideología, cero doctrina, uno para todos y todos para uno.
 
De todo esto se desprende la ilegitimidad de las autoridades elegidas durante el apogeo de esta práctica de corrupción sistemática, me explico:
de Ricardo Lagos para abajo, todos – los de la Concertación- han ganado sus particulares elecciones, en forma fraudulenta. Senadores, diputados, alcaldes y concejales, todos.
 
De acuerdo a las opiniones de los doctores de la ley, esta ilegitimidad se ha vuelto legítima por el uso, por el hecho incuestionable de haber ejercido el poder. De la misma manera en que Pinochet se hizo legítimo, por el uso. Tal es la gravedad de los hechos. Este sí que es un empate.
 
Entonces el tema planteado, es la inmoralidad de la Concertación, esa invencible tendencia hacia la corrupción que ella tiene, por haber torcido los resultados electorales, agregando dinero sucio a la mesa del sistema electoral democrático. Una especie de trampa en el juego.
 
En resumidas cuentas, el dinero es una virtud en el libre juego democrático, pero deviene en el peor de los vicios, cuando este dinero proviene del Estado, y peor aún si éste se ha usado contraviniendo las normas específicas para su uso , que por lo demás están escritas. He aquí el origen de la corrupción: contravenir la norma que rige el uso de los famosos gastos reservados.
 
Debo confesar, que después de investigar lo que he escrito para ustedes con mucho cariño y dedicación, mi estado de ánimo no es el mejor. Pensé que estábamos viviendo un buen momento para corregir la corrupción, esa depravada manera de actuar por algunos, que permite la sobre-representación de parte de éstos: a saber, corruptas alianzas, que juegan en el sistema binominal y que mucho les acomoda. Esa depravada influencia del dinero en las campañas electorales, que los tiene representados solo a ellos.
 
Sin embargo, nada es en vano. Todos nos damos por enterados que es el dinero del cual disponen los candidatos, lo que definitivamente decide una elección. Es paja molida eso del voto universal, informado y libre. Nada de eso, platita es lo que cuenta.
 

¿Y entonces de dónde sacamos nosotros la platita para poder participar en el juego? : muy fácil, hay que jugar al KINO.