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Agosto 18, 2026

A otro perro con ese hueso

Desde los tiempos de Maricastaña se ha utilizado en la guerra como en la política un artilugio que consiste en desviar tu atención hacia un blanco fácil, un señuelo, un cebo, una carnaza, para hacerte picar allí donde no hay nada o muy poco. Otra versión es la que consiste en distraer al perro tirándole un hueso. En otra época, cada vez que los gobiernos de Chile o Argentina tenían un problema serio se las arreglaban para crear un lío fronterizo.

De ese modo, el griterío creado en torno a “la defensa del territorio patrio” hacía olvidar los bajos salarios, el aumento del costo de la vida, uno que otro escándalo y las medidas gubernamentales más lesivas para los pueblos respectivos El truco no falla:  pasa que el personal es buen público y engancha. Tú, si no eres tan peras cocidas, te das cuenta que en la copia feliz del edén los temas políticos de fondo no faltan: la abrogación de la constitución de la dictadura y la reconstrucción de una institucionalidad republicana mediante la adopción de una Constitución democrática, la recuperación del cobre y de las riquezas básicas para todos los chilenos, el rescate de los servicios públicos (salud, educación, agua potable, energía, previsión) de las ávidas manos del mercado, la defensa y la protección del medio ambiente, la formación profesional y la superior calificación de la mano de obra, la inversión productiva en sectores de mayor valor agregado, el estímulo a la pequeña y mediana empresa, la descentralización efectiva y democrática del aparato del Estado, la lucha contra la evasión fiscal del gran capital, la recuperación del control de las políticas monetarias desde las manos de un Banco Central irresponsable, la producción de viviendas dignas para la población más modesta, la redistribución del ingreso cuya concentración en pocas manos es  escandalosa, la justicia social que establezca y haga cumplir derechos laborales dignos de ese nombre, los derechos conculcados de los pueblos originarios, en fin, tú me entiendes, tú me. A todo aquello le puedes agregar la urgente necesidad de legislar a propósito del aborto (un mercado infame y criminal en la hora actual), de la protección de la mujer y de los adultos mayores, del derecho a morir dignamente, del derecho a voto de los chilenos residentes fuera del país, la lista es larga. Pero estos son temas rompecojones para la elite transversal que maneja la manija y se reparte lo que queda del botín. De ahí que nos hayan tirado el hueso podrido y nauseabundo de la corrupción con el fin de alejarnos de lo que verdaderamente importa. No es que la corrupción con las terribles secuelas que provoca en el cuerpo social no deba inquietarnos. Que un ex ministro y un actual senador se vanaglorien públicamente de haber negociado la impunidad de unos y otros, “borrón y cuenta nueva”, da la medida del descaro, de la desvergüenza, del cinismo, de la desfachatez con la que tratan estos temas los antiguos esbirros de la dictadura con los nuevos padres de la patria. “Tú nunca viste los crímenes ni la tortura ni el pillaje del patrimonio del Estado, yo nunca vi los dineros que repartí para comprar conciencias”. Hubo una época en la que hombres dignos dieron su vida por Chile y por su pueblo, desde Caupolicán a Arturo Prat, de José Manuel Balmaceda a Salvador Allende. Ninguno de ellos tuvo consultorías ni pasó su vida a traficar acuerdos a espaldas del pueblo de Chile. Pinochet y su desalmada dictadura nos dejaron esta bazofia en la que se refocilan los administradores del modelo económico que legitima el robo, el pillaje, la evasión, la mentira y la incuria. Y si por azar lo que queda de justicia te cae encima, si del ministerio o de la diputación te vas a los Tribunales o a la cárcel, hay que organizarte “una cena de desagravio”. Para escondernos la pelota nos sirven a más de algún secuaz del montón que se va a hacer declaraciones a la prensa seria, esa que tiene hasta ahora la exclusividad del dinero público, asegurando que no sólo no sabe nada sino que además va a contarlo todo. ¿Que miserables cálculos se ocultan detrás de todo aquello? ¡A otro perro con ese hueso! Si no es mucho pedirle a vuestras  señorías, haríais bien en sacar vuestras narices de las alcantarillas, vuestras manos de nuestros bolsillos, y comenzar a ocuparos de los temas que nos importan a todos.