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Agosto 18, 2026

¡Bravo el artista!

Quisiera rendirle homenaje a Augusto Pinochet Ugarte (a) “el capitán generás”. Así como lo lees. Ya basta de desconocer los altos logros de quién está acercándose lenta pero seguramente al momento en que liberará definitivamente el país, acarreando con ello un brusco descenso de la contaminación. ¿Cómo sería posible desconocer los méritos de quién fue un oscuro estudiante, un cadete mediocre, un oficial insignificante, y no obstante llegó a ser el jefe de la “familia militar”?

¿Cómo olvidar que, habiendo apretado las nalgas hasta el último momento para sumarse al golpe militar sólo en el último instante – cuando ya todo estaba cocinado -, logró presentarse como el inspirador de la gesta, como el demiurgo de la salvación de la patria? ¿Cómo ignorar que, aparte beber menos que el curagüilla Merino, sin ninguna cualidad o disposición superior a la de sus pares de la Junta Militar logró imponerse como un primus inter pares y hacerse entronizar nada menos que presidente de la república? ¿Cómo recusar la habilidad de quién logró engañar a los políticos que pidieron y aplaudieron el golpe creyendo que en unos pocos meses les dejaría el trono? ¿Cómo no reconocer que, muertos más, muertos menos, logró estructurar un ordenamiento jurídico e institucional que aun perdura y que así como vamos perdurará aun largo tiempo? ¿Cómo obviar que negoció – por cojones – el abandono del poder obteniendo de sus adversarios mucho más de lo que nunca imaginó pedir? ¿Cómo olvidar que su entrada al Parlamento como senador vitalicio, – ya que no eterno -, llevó a no pocos ex opositores a correr trastabillando para fotografiarse a su lado? ¿Cómo negar que cada uno de los partidos políticos que existen, – para no decir “operan” -, en Chile, se estructura de acuerdo a lo dispuesto en la constitución que hizo redactar muy a su medida? ¿Cómo negar que el modelo económico con el que pagó los servicios prestados por sus secuaces autóctonos fue aplaudido, adoptado y profundizado por quienes le sucedieron en el ejercicio del poder? ¿Cómo no reconocerle que, habiendo asesinado, – o hecho asesinar -, a los más meritorios y brillantes oficiales, el ejército aun le rinde homenaje? ¿Cómo refutar que, habiendo asumido el poder al frente de una banda de desalmados, la institución militar constituida mayoritariamente por gente digna todavía lo considera uno de los suyos? ¿Cómo ignorar que superando a Al Capone, la impunidad le haya sido fiel incluso cuando se trató no ya de crímenes, tortura y desapariciones, sino de tráfico de armas, narcotráfico y fraude al fisco? ¿Cómo no agregar que su defensa judicial, para no hablar de su protección física, es  pagada con el dinero de todos los chilenos? ¿Cómo no reconocerle que, después de proclamar que ni una hoja de árbol se movía sin que él lo supiera, logró culpar de todo a sus subordinados y pasar piola?  (El Mamo ya lleva diez condenas…, y el perla ninguna). ¿Cómo ignorar el gran mérito que consiste en ocultar la pesada culpa de los civiles que participaron del pillaje del patrimonio público y siguen impunes? ¿Cómo olvidar que cuando cayó preso en Londres fueron sus propios adversarios los que mojaron la camiseta para protegerle, liberarle y garantizarle la impunidad? Por todo lo que precede, y por haber entronizado en el cerebelo de la elite transversal que maneja la manija una especie de miedo pavloviano ante la fuerza bruta, el atropello y el alejamiento de los negocios, le despido de antemano como se lo merece: ¡Bravo el artista!