El triunfo de Correa fue limpio y contundente y los ecuatorianos, mayoritariamente descendientes del pueblo quechua, que formó el reino de Quito, tienen ante sí la difícil tarea de devolverle al país la estabilidad perdida hace diez años, durante los cuales se han sucedido siete presidentes. Y el desafío es grande porque aún cuando tienen importantes recursos petroleros, las utilidades que produce su explotación no llegan a las mayorías. En 2004 el 41 por ciento de los habitantes eran pobres y la pobreza se ha incrementado, el informe de UNICEF dado a conocer hace un año señala que siete de cada diez niños son pobres y un estudio reciente indica que el 80.8 por ciento de la población no tiene cobertura de salud.
Aunque ya son suficientes, esos no son los únicos problemas que enfrenta Ecuador, que en alguna medida ya ha iniciado un cambio en la relación con las transnacionales petroleras que operan el país. Los cambios no son fáciles cuando se tiene un enclave como el que representa la base militar estadounidense en Manta, autorizada por decreto por el depuesto mandatario Yamil Mahuad, el mismo que implantó al dólar como moneda.
Correa y el cambio
El presidente electo obtuvo su título de economista en la Universidad Católica de Guayaquil y tiene dos maestrías en la materia, una en Estados Unidos y la otra en la Universidad de Lovaina, Bélgica,así como un doctorado en la estadounidense Universidad de Illinois. Fue ministro de Economía entre abril y agosto de 2005 y su gestión se caracterizó por el rechazo a la injerencia de los organismos financieros internacionales en la economía ecuatoriana.
Como ministro propuso que el excedente derivado de los precios del petróleo se destinara al combate a la pobreza y no a disminuir la deuda externa. Ahora como presidente electo ha ratificado que va a revisar los contratos con las empresas petroleras para aumentar la participación del Estado en los beneficios, en la actualidad el país recibe entre el 22.83 y el 30.89 por ciento de la producción. Ya el futuro ministro de energía empezó a recibir información del actual gobierno y reiteró que no habrá nacionalización de los recursos, sino una reingeniería del ministerio a su cargo y una reestructuración del ente estatal Petroecuador.
Correa, que ha dicho que América Latina “está cambiando de época” y que se siente identificado con Lula en Brasil, Kichner en Argentina y Michelle Bachelet en Chile, porque a su juicio“representan la nueva corriente progresista en América Latina que está superando la tristemente nefasta noche neoliberal que asoló al subcontinente” es mirado con reticencia por Estados Unidos.
La administración Bush obviamente habría preferido que ganara Noboa, que afirmaba que rompería relaciones con Venezuela, y no un joven que se declara de izquierda cristiana y que no reniega de su amistad con el mandatario venezolano Hugo Chávez, aunque no se proponga hacer un gobierno similar al suyo,si bien su proyecto contempla convocar a una Asamblea Constituyente, en una acción bastante audaz, ya que por no considerarse un político tradicional su partido, Alianza País, no postuló candidatos a parlamentarios.
Convenio de manta no se renueva
Quizás el punto más complejo en el programa de Correa sea el relativo a la base militar estadounidense en la localidad ecuatoriana de Manta, cedida por Mahuad sin aprobación del parlamento. El presidente electo planteó siempre y reiteró ahora que “el convenio de la base de Manta no se negociará,finalizará en 2009 porque la soberanía no está en venta y creo que el pronunciamiento popular del domingo ha dejado muy claro este aspecto”.
Supuestamente los militares estadounidenses estacionados en esa base deberían combatir el narcotráfico, así se estipula en el convenio. En la práctica es lo que no hacen, porque su función real es cumplir las misiones que les encomienda el Comando Sur de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Y una de sus misiones es el desarrollo del llamado Plan Colombia, que es parte de la estrategia geopolítica y petrolera de Washington. Los esfuerzos del país del norte por involucrar a Ecuador en ese plan han sido infructuosos hasta ahora.
Hace un par de meses el nuevo comandante norteamericano en Manta declaró que esa base “es muy importante dentro del plan Colomia ,estamos muy bien ubicados para operar en esa área”.Esto originó un reclamo diplomático de Ecuador ,cuyo canciller declaró que su gobierno ratifica que el uso de la base es para luchar contra el narcotráfico y que ésta no es parte del plan Colombia.
El problema para Ecuador, y para toda América Latina, es que el Comando Sur ha estado operando impunemente en todos los países. En cada nación latinoamericana hay un representante de dicho Comando, que se ha convertido en un instrumento de control político de Estados Unidos en la región.Su tarea principal es combatir lo que llaman “populismo radical” y eso puede ser cualquier cosa, desde no renovar el convenio en Manta hasta afectar los intereses de las corporaciones transnacionales
Además, Estados Unidos ha determinado que volverá a entrenar a los militares latinoamericanos. El entrenamiento había sido suspendido porque la mayoría de los países se negó a dar impunidad a los militares del norte. Pero ahora la administración Bush ha decidido reiniciarlos porque se estima que el ejército estadounidense ha perdido influencia en nuestros países y que a eso se debe que “los candidatos izquierdistas hayan logrado el poder en Latinoamérica”,según informó el diario USA Today.
