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Agosto 18, 2026

El puzzle político y el laberinto de la guerra

Las dramáticas escenas del último atentado que, de inmediato, tanto el gobierno iraquí como la administración de la ocupación atribuyeron al Partido Baas, o a fundamentalistas islámicos, revela el tema sabido y reiterado: el problema es cada vez más político que bélico. A estas alturas, por lo sucedido, por la obstinación angloamericana y la inmovilidad política europea, donde hay que incluir a una ambigua Rusia, la intención al parecer ha sido destruir Irak como estado-nación.

Con los antecedentes que existen, habría que preguntar si la intención inicial de la ocupación ha sido o no, desintegrar Irak, y por extensión, la transformación política de la zona. Si no fuera ese el objetivo, entonces cual era.

Por qué de pronto resurge el Partido Baas en la confrontación violenta, si se suponía acabado por la oficina especial instalada para su erradicación por Paul Bremer, -el ex administrador de la ocupación.

En lo práctico, todas las estrategias para la estabilización y reconstrucción han fracasado, y el resultado ha sido la paulatina desintegración del Irak. Sin embargo en esta situación, la responsabilidad es compartida. Esa masa muy afín al pensamiento original de la invasión, que está constituida por los propios iraquíes exiliados y también por los iraquíes del interior, que dominan políticamente el país, creyeron que sus lecturas políticas eran inmensamente superiores a las de los nuevos “conquistadores”. Por la reacciones políticas a los atentados, eEl gobierno iraquí a pesar de los acercamientos con Siria e Irán, pareciera estar actuando como una prolongación de la ocupación.

Aquí hubo una falla central en la mezcla, y la tendencia ha sido recurrir al argumento fácil de que Al Queda, o el fundamentalismo islámico, o los recalcitrantes del Partido Baas se instalaron en Irak para destruir. Esto es lo que se escucha permanentemente en los medios acoplados a la ocupación, y también en los medios de Europa occidental, que concentran la responsabilidad en la administración Bush , mientras evitan resaltar la responsabilidad que le cabe a la Comunidad Europea, en su pasividad, al menos en la difusión pública. Es lo que se ve.

Guerras y reconstrucción de naciones

El historiador chileno Mario Góngora acuñó la idea de que Chile nace como un país de guerra. Nace como una fortaleza militar dicen otros. La historia europea y de los reinos en la China que forman a la nación Han, nacen como fortalezas en guerra.

Ahora que Irak está semi desintegrado, y camino al caos total, es útil recurrir a la retórica más filosófica -como último recurso para justificar lo que está ocurriendo- de George W. Bush y Tony Blair. Por lo menos a la del período en que las cosas no habían empeorado al nivel actual.

El mensaje que se transmitía entonces consistía en que las nuevas democracias surgían con esa ideología ortodoxa occidental de que “las naciones de verdad”, surgían a partir de guerras y traumas como los que sufre la población de Irak. “ Este sacrificio del pueblo Iraquí, está inscrito en el Irak del futuro democrático, próspero y libre”. Esta idea está estampada discurso tras discurso, en Bus h y Blair, cuando se veían atrapados por una fuerte crítica a la gestión en Irak.

Muchos lectores de historia dirán que así han nacido los estados, a partir de guerras, grandes traumas o revoluciones. El argumento resulta válido en la génesis de los estado-nación atravesando varias generaciones, después del absolutismo en Europa. La China y el Japón de hoy, también enfrentaron un sendero parecido. Los remedos de estado- nación de América Latina, en su mayoría nacen de procesos bélicos empaquetados en luchas de independencia, derivadas de los desencuentros entre potencias europeas con violencias desplazadas a sus periferias coloniales.

Sin embargo no es tan simple el argumento. Si hay una enseñanza a partir de la acumulación de sucesos en Irak, es aquella de que Occidente ha demostrado conocer mucho menos de la política interna de la zona, de lo que sus baluartes del conocimiento (de la zona) se suponía manejaban.

Se dirá que ese conocimiento no traspasó a las políticas exteriores de muchos países comprometidos directamente o indirectamente con esta ocupación. O, que el empecinamiento de dos mandatarios como George W. Bush y Tony Blair, fue una coraza impenetrable para esa sapiencia.

El popular film Lawrence de Arabia, puede ser una referencia útil para describir ese desnivel entre propósito y argumento, que supuestamente debería estar basado en el conocimiento. En términos más bélicos, en Irak se ha demostrado un marcado desnivel entre objetivo y estrategia, que también depende de un conocimiento sólido.

Mientras la violencia aumenta, sus efectos no parecen instigar acciones políticas que conduzcan a prevenir la paulatina desintegración de Irak. Este proceso ha avanzado a una velocidad mayor que la estabilización, a través de una desestabilización inducida tanto por la ocupación, como por el camino errado de implantar un sistema constitucional estampado en el papel, con escasas posibilidades de legitimación.

En este plano, Naciones Unidas podría – por lo menos en la visibilidad pública- jugar un rol más activo en colaborar a desenredar este nudo gordiano.

La llegada del diplomático surcoreano Ban Ki Moon, como nuevo Secretario General, podría ser el “milagro” que se está esperando. Corea del Sur es uno de los participantes con tropas en esta ocupación. Las decisiones políticas para esta participación, se desarrollaron cuando el Ministro de Relaciones Exteriores Ban Ki Moon, era Embajador de su país ante la ONU. Estamos frente a una situación paradojal y excepcional. Los países del sistema y el Consejo de Seguridad eligieron para dirigir la ONU, al representante de un país que participó en la violación de la determinación del Consejo de no invadir. Al ser un político que proviene del interior del sistema que generó la situación actual, Ban Ki Moon tiene la oportunidad única de incidir en la rectificación de los errores cometidos. 
 
 
Artículo publicado en Argenpress