La Fiscalía Centro Norte de Santiago tuvo una idea cojonuda: determinar, geográficamente, la distribución de los delitos en la capital, dato cuya utilidad no escapa a tu sagacidad de sabueso ni a las luces de los encargados de prevenir y combatir la delincuencia. Uno de ellos, el Fiscal del Centro, lo puso claro como el agua de roca cuando expresó que dicha información permite “ir a buscar proactivamente la flagrancia, describir y vigilar los modus operandi y realizar la detención maximizando el resultado de la acción penal”.
Uno no puede sino suspirar aliviado ante la limpidez del propósito, la audacia del gesto y lo loable del objetivo. De modo pues que según los resultados de la encuesta, el área más criminógena se sitúa, escucha bien, en el cuadrante formado por las calles Bandera, Catedral, San Antonio y Moneda, o sea a dos cuadras del Palacio de La Moneda y del MOP, y a menos de trescientos metros de la Contraloría General de la República detalle que en la copia feliz del edén no hace sonreír sino a los mal pensados. Desde luego valdría la pena examinar más de cerca los pormenores del estudio. En enero del 2001 Ricardo Lagos, que oficiaba de primer mandatario, hizo un discurso denunciando la evasión fiscal que sumaba en aquel entonces más de cuatro mil millones de dólares al año y visto que nunca anunció el fin de tan lamentable “ilícito” uno supone que las empresas evasoras tienen su sede en el área mencionada. Y no sería de extrañar que Inverlink tenga oficinas en el sector, así como la CORFO, CODELCO, el Banco Central, Chiledeportes, algún ex ministro reciclado embajador o lobbysta, el hospital de carabineros, un cierto número de sostenedores, una que otra minera del cobre, un par de administradores de los planes de empleo y desde luego los bancos que redujeron los pagarés de la CORFO o cobran tasas de usurero, las sanitarias, las compañías eléctricas, GATE, Pinochet alias el “oro purito”, el choro Soria, el cabro Carrera y hasta el indio Juan. Justo por dar un ejemplo, buscando bien en el sector tal vez fuese posible encontrar los jarrones, caiga quién caiga. Y es aquí donde uno comienza a admirar la intrepidez, la osadía, la valentía y la temeridad de quienes encargaron el estudio de marras. Porque si uno le cree al Fiscal del Centro, tales informaciones permitirían “ir a buscar proactivamente la flagrancia, describir y vigilar los modus operandi y realizar la detención maximizando el resultado de la acción penal”. En una de esas hasta meten en cana a Pinochet y el homenaje previsto por Izurieta lo tienen que hacer en chirona. El personal, que de estas cosas no tiene una puñetera idea, se dice que la geografía de la delincuencia no se resume al trocito de Santiago delimitado por los autores del magno estudio visto que el pillaje del cobre constituiría delito en cualquier país en que no hubiese colusión de la clase dirigente con las multinacionales, y que se sepa las minas están p’al norte. De ahí que en un sobresalto de dignidad y amor propio, y en nombre de mucho santiaguino honrado que también los hay, me permita sugerir que en materia de corrupción, tasas de interés usureras, precios especulativos de la energía y del agua potable, desvío de recursos públicos a mangantes privados, concentración del ingreso, pillaje de los recursos básicos, estafa en la educación, incuria e incompetencia de los poderes públicos, políticas económicas sesgadas que favorecen a los poderosos, en una palabra todos los ilícitos que pueden servir para establecer una cartografía del delito, utilicemos los límites definidos por la insigne Violeta Parra: “Chile limita al norte con el Perú y con el Cabo de Hornos limita al sur. Se eleva en el oriente la cordillera y en el oeste luce la costanera”… ¡No te jode!
