Reporteros y amigos me siguen preguntando: ¿Y qué va a suceder cuando muerta Castro?”
“Un gran funeral en La Habana”, respondo con certeza.
Otra cosa bien cierta: los exiliados anticastristas del Sur de la Florida van a dar una gran fiesta. El 31 de julio Fidel reveló que sería sometido a cirugía y cedió temporalmente sus responsabilidades a su hermano Raúl. En las calles de La Pequeña Habana hubo una erupción de entusiasmo. Políticamente, Fidel mostró de nuevo su capacidad para inducir la obsesión a sus enemigos, con lo cual les dificultó que pensaran con claridad –aparte de las cuestiones de mal gusto. La estatura de Fidel continuará obnubilando la realidad política del Sur de la Florida.
“Un gran funeral en La Habana”, respondo con certeza.
Otra cosa bien cierta: los exiliados anticastristas del Sur de la Florida van a dar una gran fiesta. El 31 de julio Fidel reveló que sería sometido a cirugía y cedió temporalmente sus responsabilidades a su hermano Raúl. En las calles de La Pequeña Habana hubo una erupción de entusiasmo. Políticamente, Fidel mostró de nuevo su capacidad para inducir la obsesión a sus enemigos, con lo cual les dificultó que pensaran con claridad –aparte de las cuestiones de mal gusto. La estatura de Fidel continuará obnubilando la realidad política del Sur de la Florida.
La Fundación Nacional Cubano-Americana apeló a la población civil de Cuba y a las fuerzas militares para que se alzaran y derrocaran al régimen tiránico. “Hoy Irak; mañana Cuba.”
No hubo ningún levantamiento, a pesar de los grandes titulares y de los principales artículos acerca de la inminente crisis en los más importantes medios de EEUU. Los cubanos se comportaron calmadamente cuando el hombre que ha presidido su destino durante 47 años se sometió a la cuchilla.
Tom Gjelten, reportero de la Radio Nacional Pública, que estuvo en Cuba durante la reunión del Movimiento de Países No Alienados, predijo que el próximo líder cubano tendría que satisfacer la demanda de más artículos de consumo de los cubanos. ¿Realizó él una encuesta y olvidó mencionarlo? ¿Cómo determinó la manera en que la población reaccionaría a un gobierno post-Fidel?
La CIA compartió la insípida ignorancia de los medios acerca de Cuba. Brian Latell, ex experto de la Agencia acerca de Cuba, opinó: “No se puede siquiera asegurar que Raúl (Castro) quiera ser algo más que un líder de transición. Raúl no disfrutará las tremendas presiones y crisis que hacen bombear la adrenalina en Fidel e inducirle típicamente su mejor pensamiento”. (“Después de Fidel: La Historia Secreta del Régimen de Castro y el Nuevo Líder de Cuba”, 2005.)
Latell nunca ha conocido a Raúl o a Fidel; tampoco ha estado en Cuba.
Los “rumores” lo llevan a la conclusión de que Raúl es menos inteligente que Fidel, que no tiene su carisma y que tiene problemas con la bebida. Se supone que Raúl ha expresado sus preferencias por políticas de reforma. ¿Más rumores?
Raúl, quien ha dirigido a los militares de Cuba durante casi cinco décadas, “no tiene la confianza de los militares que él dirige, los cuales pertenecen a la institución más respetada en Cuba”, aseguró un editorial de The Washington Times. “Si Raúl se enfrenta a una resistencia entre los militares, se suprimen las apuestas.” (2 de agosto de 2006.)
¿Quién está apostando?
El hecho político clave es que la oposición organizada al gobierno de Cuba existe en la Florida, no en la isla. A pesar de todo el dinero que Washington se ha gastado en los “disidentes” y en Radio y TV Martí, no ha logrado crear una sociedad civil equivalente a Solidaridad en Polonia, la cual provocó el movimiento para derrocar al gobierno. Ni tampoco la Iglesia Católica cubana ha desempeñado en la isla el tipo de papel militante político que desempeñó en Polonia.
Castro, una figura única en un siglo, todavía no ha abandonado la escena, y puede que viva unos años más. Pero los medios añoran la respuesta de qué vendrá después de él, mientras ignora las pistas evidentes a la respuesta: las instituciones cubanas y sus antecedentes coloniales y revolucionarios.
Después que Fidel salió con éxito de su operación el 2 de agosto, Bush prometió que exportaría la democracia a los cubanos. ¿Habrá tenido una visión de las masas cubanas rebelándose y exigiendo el tipo de libertad que él llevó a Irak?
En su lugar, después de la cirugía de Fidel, los autobuses atestados de Cuba siguieron funcionando. Las tiendas, las fábricas y oficinas abrieron. “Pero ¿por qué no ha aparecido Raúl (Castro)?”, demandaban los medios norteamericanos. “Para encabronar a la prensa de EEUU”, respondí a un ignorante reportero. Raúl raras veces hace apariciones públicas. Si lo hiciera mientras Fidel está hospitalizado los cubanos pudieran pensar que algo no anda bien.
La cuestión de la transición no es fácil en ninguna parte. Cuba probablemente pase de ser un gobierno encabezado por el líder más carismático del mundo que dirigió milimétricamente partes de Cuba durante décadas a un gobierno en el cual su sustituto, sea un individuo o un comité, no tendrá ese tipo de estatura. Pero sí su misma filosofía política.
Antes de su operación, Fidel promovió en TV “la batalla de ideas”. Pero su llamado no produjo una creatividad inmediata. Es más, prevalecen una insatisfacción generalizada y cinismo. Y cada mes un número apreciable de cubanos se marchan de contrabando o se montan en balsas para llegar a la Florida. No lo interpreten mal. El descontento en Cuba no se traduce en comportamiento contrarrevolucionario.
Aún antes del colapso soviético mis amigos cubanos habían comenzado a dedicar horas cada día a “resolver problemas” relacionados con las necesidades diarias. Esto usualmente implica comprar artículos en la bolsa negra. Un cubano vende a otros cubanos la propiedad pública en su propio beneficio.
Todos los cubanos comprenden que viven en un virtual estado de sitio, pero atribuir al bloqueo de EEUU la falta de libertad de palabra, de reunión o de prensa trivializa la “batalla de ideas” de Fidel. ¿Cómo hacer coincidir una campaña para promover el pensamiento crítico si el estado amenaza con encarcelar o castigar a algunos de los que hacen preguntas críticas? En filmes como Fresa y chocolate o Guantanamera el cine cubano planteó profundas cuestiones acerca del curso de la sociedad. Sin embargo, esas críticas no aparecen en la prensa diaria, radio o TV.
La política de Washington ha ayudado a viciar la libertad cubana. Aún antes de que Washington apoyara la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, la CIA había organizado intentos de asesinato y esfuerzos de sabotaje contra la economía cubana. Al terrorismo se le unió el embargo comercial. Estas acciones agresivas continúan, pero ¿justifican después de casi 48 años de educación revolucionaria un constante estado de intolerancia a la discrepancia?
¿Qué inducirá a los gobiernos post-Fidel a confiar más en la gobernancia compartida con su educada población? ¿O continuarán sencillamente “dando” cuidados de salud, educación y subsidios para las necesidades? ¿Qué responsabilidad tienen los ciudadanos con el proceso de gobierno? Fidel y el Partido han movilizado al pueblo en contra de las amenazas de EEUU –las restricciones adicionales al embargo de la Helms-Burton, Elián González y el intervencionismo de Bush–, pero no han alentado el debate social libre acerca de cómo cada sector, cada cuadra debe enfrentar la desvergonzada intervención de Bush en los asuntos internos de Cuba.
El año pasado Dios aparentemente dijo a Bush que hiciera pasar la transición de Cuba por la Comisión para la Ayuda a una Cuba Libre, co-presidida por la Secretaria de Estado Condoleezza Rice y el Secretario de Comercio Carlos Gutiérrez. Su informe del 10 de julio de 2005 dijo que Estados Unidos debe “garantizar que la estrategia de sucesión del régimen de Castro no tenga éxito.”
Esta Comisión huele como una Enmienda Platt podrida, la cual el Senado de EEUU anexó por la fuerza a la constitución cubana de 1902, lo que permitía a Washington intervenir a su antojo en los asuntos internos de Cuba. La revolución cubana se sobrepuso a tales nociones anexionistas. Sin embargo, las amenazas de EEUU aún provocan ansiedad y a veces lleva al gobierno a arrestar a “disidentes”.
En 1968 filmé el documental Fidel. En el filme Castro decía que la completa democracia socialista ocurrirá cuando cada cubano participe diariamente en la vida política. Ahora casi ningún cubano se expresa políticamente acerca de la política exterior o económica. Sin embargo, bajo Fidel los cubanos se han convertido en una nación orgullosa y saludable. Sus soldados se forjaron un nicho permanente en la historia africana; los médicos cubanos imponen un récord de sacrificio desinteresado en todo el Tercer Mundo; artistas, escritores y atletas también han inscrito sus nombres en los anales creativos del mundo. La voluntad y la visión de Fidel provocaron esto.
Cuando Fidel no esté, según un nuevo chiste, reinará el “Fidelismo sin Fidel”. Eso deja el “ismo”. Es más, Cuba tiene instituciones estables y una economía creciente. El Presidente de Venezuela Hugo Chávez ha hecho inversiones sustanciales en la isla, así como China. El plan de EEUU para aislar a Cuba se ha hecho trizas con Chávez y el recién elegido presidente boliviano Evo Morales. Es más, casi toda Latinoamérica reconoce formalmente a Cuba y tiene relaciones comerciales normales con ella, a pesar de décadas de presiones norteamericanas para evitarlo. Cuba incluso tiene un acuerdo comercial con Brasil y Argentina, un acuerdo que rechaza el embargo norteamericano. El año pasado, los perforadores descubrieron una rica y considerable reserva de petróleo cerca de la costa de Cuba, una solución para el problema energético, una fuente de inversiones y divisas extranjeras.
La saludable y educada población cubana no quiere comenzar a pagar alquiler o matrícula. Es más, ¿quién en su sano juicio puede querer cambiar el cuidado gratuito de salud por la medicina privada –parte del plan de Washington de “privatizar todo”?
A diferencia de la mayoría de los latinoamericanos, los cubanos disfrutan de importantes derechos. A pesar del dicho constante (“no es fácil”), los cubanos no trabajan tan duro como sus vecinos, no sufren la ansiedad de no tener acceso al cuidado de salud o de vivir sin casa. El equipo cubano de transición de experimentados comunistas puede fortalecer las instituciones socialistas abriendo a su educada población una discusión acerca de decisiones claves.
Varios ex funcionarios norteamericanos han pedido consejo para una futura política EEUU-Cuba.
Yo les digo: Primero, ideen una política en vez de asumir la eterna aplicación de la Doctrina Monroe. “Hagan contacto”, recomendó un editorial de The New York Times. Sigan con “un pronto levantamiento del embargo económico podría fortalecer a la maltratada clase media cubana y ayudarla a que desempeñe un papel más activo en la futura transición política.” (2 de agosto de 2005.)
El autor del editorial del Times no definió a esta “clase media”, que históricamente tiene propiedades; no es así en Cuba.
Algunos de la izquierda se niegan a criticar a Cuba. A menudo comparan la tasa cubana de mortalidad infantil o la educación con las de Estados Unidos. Pero la izquierda debiera esperar más del lugar donde el socialismo surgió por primera vez en este hemisferio.
En 1989, Fidel ejecutó a los narcotraficantes confesos General Arnaldo Ochoa y Coronel Tony La Guardia. En 2003 encarceló a 75 “disidentes”. Cuando esos hechos ocurren, “Cuba duele”. (Eduardo Galeano.)
Esperamos un mal comportamiento de Bush, pero cuando Cuba viola principios socialistas, nos sentimos enfermos del alma. Cuba importa. Por eso escribo críticamente acerca de ella –y del gran hombre que la forjó como una nación orgullosa y socialista. Los amigos de Cuba no niegan. Ofrecen apoyo crítico.
¡Viva Fidel!
El nuevo libro de Landau, Un mundo de Bush y de Botox, será publicado por Counterpunch Press.
No hubo ningún levantamiento, a pesar de los grandes titulares y de los principales artículos acerca de la inminente crisis en los más importantes medios de EEUU. Los cubanos se comportaron calmadamente cuando el hombre que ha presidido su destino durante 47 años se sometió a la cuchilla.
Tom Gjelten, reportero de la Radio Nacional Pública, que estuvo en Cuba durante la reunión del Movimiento de Países No Alienados, predijo que el próximo líder cubano tendría que satisfacer la demanda de más artículos de consumo de los cubanos. ¿Realizó él una encuesta y olvidó mencionarlo? ¿Cómo determinó la manera en que la población reaccionaría a un gobierno post-Fidel?
La CIA compartió la insípida ignorancia de los medios acerca de Cuba. Brian Latell, ex experto de la Agencia acerca de Cuba, opinó: “No se puede siquiera asegurar que Raúl (Castro) quiera ser algo más que un líder de transición. Raúl no disfrutará las tremendas presiones y crisis que hacen bombear la adrenalina en Fidel e inducirle típicamente su mejor pensamiento”. (“Después de Fidel: La Historia Secreta del Régimen de Castro y el Nuevo Líder de Cuba”, 2005.)
Latell nunca ha conocido a Raúl o a Fidel; tampoco ha estado en Cuba.
Los “rumores” lo llevan a la conclusión de que Raúl es menos inteligente que Fidel, que no tiene su carisma y que tiene problemas con la bebida. Se supone que Raúl ha expresado sus preferencias por políticas de reforma. ¿Más rumores?
Raúl, quien ha dirigido a los militares de Cuba durante casi cinco décadas, “no tiene la confianza de los militares que él dirige, los cuales pertenecen a la institución más respetada en Cuba”, aseguró un editorial de The Washington Times. “Si Raúl se enfrenta a una resistencia entre los militares, se suprimen las apuestas.” (2 de agosto de 2006.)
¿Quién está apostando?
El hecho político clave es que la oposición organizada al gobierno de Cuba existe en la Florida, no en la isla. A pesar de todo el dinero que Washington se ha gastado en los “disidentes” y en Radio y TV Martí, no ha logrado crear una sociedad civil equivalente a Solidaridad en Polonia, la cual provocó el movimiento para derrocar al gobierno. Ni tampoco la Iglesia Católica cubana ha desempeñado en la isla el tipo de papel militante político que desempeñó en Polonia.
Castro, una figura única en un siglo, todavía no ha abandonado la escena, y puede que viva unos años más. Pero los medios añoran la respuesta de qué vendrá después de él, mientras ignora las pistas evidentes a la respuesta: las instituciones cubanas y sus antecedentes coloniales y revolucionarios.
Después que Fidel salió con éxito de su operación el 2 de agosto, Bush prometió que exportaría la democracia a los cubanos. ¿Habrá tenido una visión de las masas cubanas rebelándose y exigiendo el tipo de libertad que él llevó a Irak?
En su lugar, después de la cirugía de Fidel, los autobuses atestados de Cuba siguieron funcionando. Las tiendas, las fábricas y oficinas abrieron. “Pero ¿por qué no ha aparecido Raúl (Castro)?”, demandaban los medios norteamericanos. “Para encabronar a la prensa de EEUU”, respondí a un ignorante reportero. Raúl raras veces hace apariciones públicas. Si lo hiciera mientras Fidel está hospitalizado los cubanos pudieran pensar que algo no anda bien.
La cuestión de la transición no es fácil en ninguna parte. Cuba probablemente pase de ser un gobierno encabezado por el líder más carismático del mundo que dirigió milimétricamente partes de Cuba durante décadas a un gobierno en el cual su sustituto, sea un individuo o un comité, no tendrá ese tipo de estatura. Pero sí su misma filosofía política.
Antes de su operación, Fidel promovió en TV “la batalla de ideas”. Pero su llamado no produjo una creatividad inmediata. Es más, prevalecen una insatisfacción generalizada y cinismo. Y cada mes un número apreciable de cubanos se marchan de contrabando o se montan en balsas para llegar a la Florida. No lo interpreten mal. El descontento en Cuba no se traduce en comportamiento contrarrevolucionario.
Aún antes del colapso soviético mis amigos cubanos habían comenzado a dedicar horas cada día a “resolver problemas” relacionados con las necesidades diarias. Esto usualmente implica comprar artículos en la bolsa negra. Un cubano vende a otros cubanos la propiedad pública en su propio beneficio.
Todos los cubanos comprenden que viven en un virtual estado de sitio, pero atribuir al bloqueo de EEUU la falta de libertad de palabra, de reunión o de prensa trivializa la “batalla de ideas” de Fidel. ¿Cómo hacer coincidir una campaña para promover el pensamiento crítico si el estado amenaza con encarcelar o castigar a algunos de los que hacen preguntas críticas? En filmes como Fresa y chocolate o Guantanamera el cine cubano planteó profundas cuestiones acerca del curso de la sociedad. Sin embargo, esas críticas no aparecen en la prensa diaria, radio o TV.
La política de Washington ha ayudado a viciar la libertad cubana. Aún antes de que Washington apoyara la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, la CIA había organizado intentos de asesinato y esfuerzos de sabotaje contra la economía cubana. Al terrorismo se le unió el embargo comercial. Estas acciones agresivas continúan, pero ¿justifican después de casi 48 años de educación revolucionaria un constante estado de intolerancia a la discrepancia?
¿Qué inducirá a los gobiernos post-Fidel a confiar más en la gobernancia compartida con su educada población? ¿O continuarán sencillamente “dando” cuidados de salud, educación y subsidios para las necesidades? ¿Qué responsabilidad tienen los ciudadanos con el proceso de gobierno? Fidel y el Partido han movilizado al pueblo en contra de las amenazas de EEUU –las restricciones adicionales al embargo de la Helms-Burton, Elián González y el intervencionismo de Bush–, pero no han alentado el debate social libre acerca de cómo cada sector, cada cuadra debe enfrentar la desvergonzada intervención de Bush en los asuntos internos de Cuba.
El año pasado Dios aparentemente dijo a Bush que hiciera pasar la transición de Cuba por la Comisión para la Ayuda a una Cuba Libre, co-presidida por la Secretaria de Estado Condoleezza Rice y el Secretario de Comercio Carlos Gutiérrez. Su informe del 10 de julio de 2005 dijo que Estados Unidos debe “garantizar que la estrategia de sucesión del régimen de Castro no tenga éxito.”
Esta Comisión huele como una Enmienda Platt podrida, la cual el Senado de EEUU anexó por la fuerza a la constitución cubana de 1902, lo que permitía a Washington intervenir a su antojo en los asuntos internos de Cuba. La revolución cubana se sobrepuso a tales nociones anexionistas. Sin embargo, las amenazas de EEUU aún provocan ansiedad y a veces lleva al gobierno a arrestar a “disidentes”.
En 1968 filmé el documental Fidel. En el filme Castro decía que la completa democracia socialista ocurrirá cuando cada cubano participe diariamente en la vida política. Ahora casi ningún cubano se expresa políticamente acerca de la política exterior o económica. Sin embargo, bajo Fidel los cubanos se han convertido en una nación orgullosa y saludable. Sus soldados se forjaron un nicho permanente en la historia africana; los médicos cubanos imponen un récord de sacrificio desinteresado en todo el Tercer Mundo; artistas, escritores y atletas también han inscrito sus nombres en los anales creativos del mundo. La voluntad y la visión de Fidel provocaron esto.
Cuando Fidel no esté, según un nuevo chiste, reinará el “Fidelismo sin Fidel”. Eso deja el “ismo”. Es más, Cuba tiene instituciones estables y una economía creciente. El Presidente de Venezuela Hugo Chávez ha hecho inversiones sustanciales en la isla, así como China. El plan de EEUU para aislar a Cuba se ha hecho trizas con Chávez y el recién elegido presidente boliviano Evo Morales. Es más, casi toda Latinoamérica reconoce formalmente a Cuba y tiene relaciones comerciales normales con ella, a pesar de décadas de presiones norteamericanas para evitarlo. Cuba incluso tiene un acuerdo comercial con Brasil y Argentina, un acuerdo que rechaza el embargo norteamericano. El año pasado, los perforadores descubrieron una rica y considerable reserva de petróleo cerca de la costa de Cuba, una solución para el problema energético, una fuente de inversiones y divisas extranjeras.
La saludable y educada población cubana no quiere comenzar a pagar alquiler o matrícula. Es más, ¿quién en su sano juicio puede querer cambiar el cuidado gratuito de salud por la medicina privada –parte del plan de Washington de “privatizar todo”?
A diferencia de la mayoría de los latinoamericanos, los cubanos disfrutan de importantes derechos. A pesar del dicho constante (“no es fácil”), los cubanos no trabajan tan duro como sus vecinos, no sufren la ansiedad de no tener acceso al cuidado de salud o de vivir sin casa. El equipo cubano de transición de experimentados comunistas puede fortalecer las instituciones socialistas abriendo a su educada población una discusión acerca de decisiones claves.
Varios ex funcionarios norteamericanos han pedido consejo para una futura política EEUU-Cuba.
Yo les digo: Primero, ideen una política en vez de asumir la eterna aplicación de la Doctrina Monroe. “Hagan contacto”, recomendó un editorial de The New York Times. Sigan con “un pronto levantamiento del embargo económico podría fortalecer a la maltratada clase media cubana y ayudarla a que desempeñe un papel más activo en la futura transición política.” (2 de agosto de 2005.)
El autor del editorial del Times no definió a esta “clase media”, que históricamente tiene propiedades; no es así en Cuba.
Algunos de la izquierda se niegan a criticar a Cuba. A menudo comparan la tasa cubana de mortalidad infantil o la educación con las de Estados Unidos. Pero la izquierda debiera esperar más del lugar donde el socialismo surgió por primera vez en este hemisferio.
En 1989, Fidel ejecutó a los narcotraficantes confesos General Arnaldo Ochoa y Coronel Tony La Guardia. En 2003 encarceló a 75 “disidentes”. Cuando esos hechos ocurren, “Cuba duele”. (Eduardo Galeano.)
Esperamos un mal comportamiento de Bush, pero cuando Cuba viola principios socialistas, nos sentimos enfermos del alma. Cuba importa. Por eso escribo críticamente acerca de ella –y del gran hombre que la forjó como una nación orgullosa y socialista. Los amigos de Cuba no niegan. Ofrecen apoyo crítico.
¡Viva Fidel!
El nuevo libro de Landau, Un mundo de Bush y de Botox, será publicado por Counterpunch Press.
