Sí voy a señalar que la gran mayoría del millón largo de chilenos que estamos en el exterior, hemos aprovechado el tiempo en aprender, en observar y en ser cada día mejores. En desarrollarnos en sociedades más desarrolladas. En avanzar en conocimiento y en capacidad. En aprender la modernidad.
Todo ello, ¡sin dejar de mirar al sur!. Con Chile en el futuro. Con Chile en el corazón.
En la hora del regreso, pienso que nuestro país posee una reserva humana muy bien preparada en el exterior. Capacidades que nunca antes había tenido a su disposición. Intelectuales, científicos, deportistas, artistas, profesionales en todas las lenguas. Y en su gran mayoría, con un talento reconocido en sus respectivos países de residencia. Incluso, a nivel mundial. Además, con un nivel privilegiado de contactos.
Un batallón que no pierde de vista a Chile ¡para ayudar!, para empujar el carro de nuestra Patria, para potenciar su imagen y su desarrollo. Un ejército lo suficientemente preparado como para asegurar un salto cualitativo importante de nuestro país en el concierto mundial.
Y no exagero. A las pruebas me remito: revisen los listados de personalidades chilenas radicadas fuera de Chile y se sorprenderán de la calidad y cantidad.
Por eso sorprende comprobar que cada vez que se produce un cambio de Gobierno, los coletazos a nivel diplomático también son profundos. Pero nadie, sea del partido político que sea, aprovecha el nivel de los connacionales radicados en el exterior, todos muy bien informados de lo que sucede en Chile, que participan en las organizaciones de chilenos de todo tipo que funcionan afuera, que se mantienen en contacto permanente con su país y que, aún más, ayudan económica y culturalmente en forma concreta y cotidiana. Chilenos que poseen un profundo conocimiento del país en que residen, donde también participan en sus estructuras sociales, económicas y políticas, y donde han alcanzado un nivel importante de prestigio y reconocimiento.
¿Por qué nuestro servicio exterior no cuenta con ellos?
Se designan Agregados (culturales, de cooperación, de prensa, laborales, económicos, turísticos, etc..)en las embajadas, escogiendo personalidades que destacan en Chile o que están vinculadas con familias políticas determinadas…pero que desconocen la realidad del país al que van. Llegan y tienen que conocer el medio, desarrollar contactos y, por fin, aplicar programas, proyectos de desarrollo en sus respectivas áreas.¿Cuánto tiempo se pierde en todo esto?. Y, ¿cuánto dinero se gasta el Estado chileno en trasladar diplomáticos, en uno u otro sentido?.
Entiendo que los Embajadores sí que deben ser personas de la absoluta confianza de los gobernantes, que representen a cabalidad la línea programática de su gobierno. Pero los demás deberían ser escogidos de entre los chilenos que residen en esos mismos países. Debería, en consecuencia, aprovecharse esos talentos que se han visto obligados a salir de Chile y que se han empapado de las realidades de sus lugares de residencia. Entonces no habría necesidad de dedicar tiempo a la adaptación, esfuerzos para forjar amistades, estrategias para abrir contactos, partidas económicas para desplazamientos.
Eso es: racionalizar los recursos, tanto humanos como materiales, para conseguir en el extranjero los resultados más óptimos para nuestro país. Hay un batallón de calidad y fiabilidad afuera para ayudar, para empujar el carro del crecimiento de Chile, para fomentar su desarrollo y su prestigio.
La modernidad avanza inexorable en el mundo. Y Chile necesita de todos sus hijos porque no merece quedarse atrás.
(Es lo que veo en la hora de mi regreso. Lo dije oportunamente en los círculos que consideré adecuados. Lo escribo ahora para que no haya interpretaciones equívocas).
