Mascotas desechables, novillos torturados y zorros inmolados por pura crueldad y en nombre de un ¡viva Chile!
Efectivamente, un número altísimo de perros “zombi” deambulan sin rumbo por nuestras calles y barrios; y ya son parte del paisaje urbano. El espectáculo conmueve: se los ve con sus ojos de abandono, raquíticos, no pocos con tiña, brutalmente maltratados. En las noches frías despedazan la basura embolsada esperando encontrar algún rastrojo para introducir algo en sus vientres vacíos. Cuántos no terminan mordiendo o tragándose algún plástico, o con su hocico sangrando por alguna lata de jurel San José vacía transformada en una trampa maldita. Nosotros/as sostenemos que es una mentira el afirmar que se trata de perros vagos. La verdad es que “perros vagos” no es más que un sobrenombre que los humanos les hemos puesto para ocultar nuestra responsabilidad y desprecio hacia ellos. Seamos sinceros: llamémosles mejor perros abandonados. Es verdad que hay un número de ellos que se ha extraviado, pero en general se trata de perros desechados, olvidados, que algún día alguien de “alma grande” decidió tirar a la calle como quien tira una de esas bolsas de basuras aludidas. ¿Quién puede decir que jamás ha visto a uno de ellos? Sólo quien no quiera verlos. De hecho la mayoría los elude. Es que esos perros son un llamado que se incrusta como un taladro insoportable en nuestras conciencias: si te los encuentras sus ojos tristes e indefensos te hablan, te parten el pecho; sus ojos son los ojos del abandono, ojos del espanto causado por nuestra crueldad; ojos que parecen preguntarte ¿por qué?, o como que aullaran desde su más honda tragedia un auxilio desgarrador, o como que lloraran al cielo suplicando ¡piedad, misericordia, justicia, dadme agua, dadme algo para comer o libérame de este tormento!
Digámoslo, y aunque no nos guste admitirlo: no les llegamos ni a los tobillos a nuestros antepasados en materia de respeto a los que éstos y Francisco de Asís reconocieron como hermanos. Es que aquí prima un antropocentrismo soberbio y que en no pocos casos invoca razones bíblicamente distorsionadas para asegurar la supremacía del hombre sobre toda la creación, jurando que el sitial reservado para éste es el vértice de la pirámide cósmica. Así es, y seguro debe ser por esto de que aquí en nuestra patria (humanista y cristiana) se exalta como un valor sumo la ley bruta de la pura crueldad y del matonaje del más fuerte contra el más débil. ¡Pobres mascotas desechables! ¡Pobres “hermanos menores”, especialmente en septiembre! Para colmo este mes llegan los circos, muchos de ellos verdaderas cárceles rodantes para miles de animales condenados a perder su libertad y dignidad porque a alguien se le ocurrió lucrar con ellos forzándolos a andar en dos patitas para que unos ciudadanos “humanistas y cristianos” celebren y rían a carcajada batiente comiendo cabritas desde unas butacas pasadas a peo. ¿Y los rodeos? Ni hablar de los rodeos.
En nuestros “adorables” y “patrióticos” rodeos -y no sólo en septiembre- se ovaciona con delirio a unos señores de talones de suela y pezuñas rompe sábanas que se sienten “héroes haciendo patria” por atormentar a unas indefensas criaturas de Dios abandonadas a su suerte en unas medialunas que evocan a los circos romanos (en cuyo suelo corrían ríos de sangre de víctimas indefensas a objeto de satisfacer el apetito insaciable de algún Calígula pelacables). ¡Que desgracia la de estas pobres criaturas de Dios!
En virtud de lo precedente, y considerando especialmente septiembre, debiéramos sentirnos llamados a hacer una reflexión aunque sea mínima sobre el respeto que le debemos a nuestros hermanos menores los animales, sobre todo considerando que somos humanistas y… cristianos. Por de pronto, a nosotros/as nos da vergüenza; sí, porque hasta aquí hemos atropellado flagrantemente los más elementales derechos de esas criaturas, también hijas e hijos de Dios. Un ejemplo de ese atropello, otro ejemplo: el caso de “la caza del zorro”, organizado por un club de huasos acá en la IV Región (de esos que no se pierden ni una fiesta de religiosidad popular, y que en los cuasimodos ponen ojos blancos al cielo y caras de “inocentes niños buenos” y que se queman hasta los ojos con la esperma de las velas que levantan en la celebración).
Para que se sepa a qué referimos, señor director: resulta que estos neo-huasos, aprovechándose de las fiestas patrias, no encontraron nada mejor que imitar una tradición cortesana inherente a las noblezas europeas o monarquías feudales (claro que haciendo gala de un estilo más rasca que tapadura de greda) y organizaron cacerías de animales. Sí; y la víctima elegida es un pobre zorro, al que sueltan para la ocasión. ¿Y sabe quién se lleva el trofeo de ganador o campeón? Respuesta: el “lord” que vuelva con el zorro muerto al hombro. Y corren hasta apuestas en dinero para darle más “honor” al ganador y color a la cuestión. ¿Podríamos llamarle a esta invención, una acción zorrúa, señor director? ¿O así estaríamos haciéndoles un flaco favor a los pobres zorros?
En último término, dicha invención, o “entretención”, se inscribiría -siguiendo la línea argumental del destacado historiador chileno Alfredo Jocelyn-Holt- en un viejo truco más por parte de cierto trasnochado “nacionalismo político y cultural”[3] que se ha enquistado entre nosotros, y que “desde hace casi ya 200 años”[4] viene operando en las fiestas patrias para hacerle creer a no pocos que en esos entretenimientos vulgares, picantes y deshumanizantes está la “chilenidad”, gritando a los cuatro vientos unos “viriles” ¡viva Chile! ¿Sabrán lo que es desear vida y jugársela por la vida? ¡Por favor!
Respetuosa y perrunamente, le damos las gracias, señor director, por tomar partido por promover el respeto debido a nuestros hermanos “menores”, porque como advertía sabiamente Gandhi: La nobleza de un pueblo se mide por el respeto que sus habitantes tienen por los animales.
Nosotros/as decimos que ese respeto nos hace más humanos. Por último, ¡que ejemplo de humanidad y respeto a todas las creaturas nos dan una vez más los pueblos originarios, especialmente los Chiribaya, de nuestra hermana República del Perú!
Muy Atte., Juan Alegría Mundaca, Micaela Huala, voceros movimiento
autónomo de filosofía –UC del Norte, IV Región, Chile.
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[1] Diario La Tercera, domingo 24 de septiembre de 2006, p. 40.
[2] Ibid, p. 40.
[3] Ibid, p. 3.
[4] Ibid, p. 3.
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