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Agosto 18, 2026

El Letelier que conocimos

 De simpatías liberales en su juventud y de sosegado socialismo después, Orlando Letelier nunca volvió a la vida que llevara antes de ser ministro de Allende; por eso, el Estado terrorista le quitó en 1976 la nacionalidad y, días más tarde,  el 21 de septiembre, le cobró la vida.

Hace exactamente 30 años, en un día como hoy, los chilenos que vivíamos en el extranjero pudimos comprobar dos cosas: que el largo brazo del terrorismo de Estado del régimen de Pinochet seguía extendiéndose por el mundo, y que este hecho cobraba la atención de los medios de comunicación masivos del mundo occidental.
 
En ese entonces –y pediremos que se nos permita un testimonio personal- nos encontrábamos en Alemania, en una suerte de confinamiento en un castillo medieval, donde el matrimonio de los barones Von Metzingen-Von Geminen nos acogía mientras esperábamos cumplir una invitación del gobierno federal de Bonn, para cubrir las elecciones generales de octubre de 1976. El 21 de septiembre, a las 7 de la tarde, sintonizamos la radio France Inter de París para enterarnos de las noticias del mundo, en un idioma asequible. La primera noticia de los titulares del día fue el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier en Washington, hecho que fue informado una hora más tarde por el noticiario central de la televisión alemana.
 
En los dos años anteriores, otros atentados similares habían tenido como blancos a Bernardo Leihgton y señora Anita Fresno, en Italia, y a Carlos Prats y señora Sofía Cuthber, en Argentina. ¿Qué consiguieron los autores de estos crímenes políticos? Desde luego, extender un amplio manto de simpatía y solidaridad con la causa chilena y la alerta internacional ante los derechos humanos conculcados ya no sólo dentro de las fronteras de la nación víctima, sino dondequiera estuviese esparcida su diáspora.  A la acogida política y humana de italianos, franceses, españoles y suecos vino a sumarse, en 1976, la atención inédita de los estadounidenses, que vieron morir a una de las suyas, Ronnie Moffit, junto a su compañero de trabajo, el ex embajador de Chile en Washington Orlando Letelier.
 
Por ese crimen en el distrito de Columbia, el corazón político de la gran potencia, empezó a desgranarse el choclo judicial para los personeros del régimen de Pinochet, con el agente Townley extraditado y el general Contreras detenido, por primera vez -en el Hospital Militar por supuesto-, por un juicio de extradición que no fructificó.
 
Dos años después del crimen Letelier, vimos como la semilla del ex residente de Washington –donde trabajó por largos años en el Banco Interamericano de Desarrollo- había germinado en esa ciudad, en el Instituto de Estudios Transnacionales, donde trabajara con Ronnie Moffit y su marido Michael. Allí residían, junto a entusiastas colaboradores “gringos”, las viudas Isabel Margarita Morel y Angela Jeria y sus hijos Juan Pablo Letelier y Michelle Bachelet. Esos lazos fueron revalidados ayer por la ahora Presidenta de Chile en la Asamblea General de las Naciones Unidas, al rendir su homenaje al caído de hace 30 años, cuando se realizaba una reunión similar en Nueva York.
 
Hemos querido sumarnos a la recordación con este testimonio periodístico sobre el hombre que, como Canciller, entrevistamos en La Moneda y con el cual charlamos en su departamento sobre el Parque Forestal, donde nos invitó a desayunar; el político que, como ministro del Interior, acogió cálidamente nuestro saludo después de jurar en esa cartera -ante Salvador Allende y muy cerca del comandante subrogante Augusto Pinochet-, y que atendió con sencillez, tarde una noche de domingo, nuestra consulta telefónica de más de una hora. Al ministro de Defensa ya no lo vimos, porque su amigo Pinochet lo sacó del edificio de las Fuerzas Armadas, lo envió a Dawson y después lo expulsó del país. Este hombre de simpatías liberales en su juventud y de sosegado socialismo en la adultez nunca más volvió a ser un aséptico funcionario internacional desde que el Presidente Allende lo sacara del BID, para enfrentarlo, primero como Embajador, a Nixon y Kissinger y, después como ministro, a la feroz embestida contra el gobierno de la Unidad Popular.  Letelier no se quedó tranquilo en el barrio de Bethseda, en Virginia, y el Estado-carente-de-Derecho lo apuntó: mandó a sus funcionarios a quitarle la nacionalidad el 10 de septiembre de 1976 y once días más tarde envió a sus agentes a cobrarle la vida.