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Agosto 18, 2026

Por una reforma democrática de la universidad: Por una nueva universidad en una sociedad democrática

La crisis de la educación en general y universitaria en particular en Chile, es tan evidente, que me ahorra describir sus efectos. Los epígonos, opinólogos pinochetistas / concertacionistas, del consenso / status quo, protagonistas en la trepa diaria, evidentemente no comparten esta afirmación, menos aún, los medios mediático mercuriales de comunicación, defensores a ultranza del modelo de sociedad heredado de la dictadura de marras.

Las causas de la crisis se mueven a dos niveles distintos:

– Partiendo de lo ya expresado y de la crisis social y cultural que provoca el desarrollo de la globalización del capital, nos encontramos, en el caso chileno, con ciertas características específicas que agravan, si cabe, la crisis universitaria. Un Estado antidemocrático ha dirigido, durante más de tres décadas, como mínimo, la política universitaria, en base a unos principios de ordenación autoritarios y burocratizados, y a unos planteamientos ideológicos de tipo reaccionario, donde prima el lucro y la lógica económica sobre la académica, y haciendo gala de un evidente menosprecio de la cultura, ha creado unas condiciones de crisis mucho más agudas que en otros lugares. No se trata únicamente de que la universidad chilena carezca de una serie de servicios estructurales, de un presupuesto adecuado, de un estatuto racional y democrático de la función académica, de una imprescindible participación del estamento estudiantil con derecho a voz y voto, de autonomía – académica, administrativa y territorial, tanto más graves es que quienes rigen la política universitaria lo hacen con una total improvisación de lo que debería ser una universidad, incluso, desde un planteamiento capitalista.

La clase política chilensis, pinochetista / concertacionista, no quiere hablar de crisis de la educación en general y universitaria en particular. Ésta llega en Chile al extremo de que no se sabe qué tipo de titulados salen de la universidad y para qué sirven. Los estudios no se caracterizan tanto por un tipo de profesionalización real, sino pura y simplemente por un diploma. El licenciado y su título se encuentran entonces proyectados a un mercado de trabajo para el cual no fueron preparados, fruto de una universidad de tiza y pizarrón, sin calificación suficiente o más frecuentemente, sin que tengan una clara ubicación laboral dentro de su disciplina.

La falta de libertades ha repercutido en la universidad, y la discriminación ideológica, consagrando la incompetencia científica, y eliminando las discrepancias. Hay que agregar a lo anterior, la inexistencia de una política mínimamente coherente, tanto por parte de la dictadura de marras, como de los gobiernos de la concertación, entronizando la improvisación y el reparto de cuotas políticas entre los distintos partidos de la oposición pinochetista y del gobierno concertacionista, en aras del sacrosanto consenso / statu quo…

Como colofón, consecuencia de lo anterior, pero con repercusión decisiva en la universidad, hay que señalar el exacerbado clasismo de toda la enseñanza, que en la universidad no hace más que reflejar en su cima: falta escandalosa de escuelas públicas / municipalizadas, alto coste y privilegio de la enseñanza privada, desprecio de la enseñanza municipalizada y técnica, etc.

Cambio político y reforma universitaria:

Para hacer frente a la crisis universitaria, hemos pues de plantearnos un doble objetivo, teniendo en cuenta las condiciones especiales de la situación en Chile: democratización del modelo de sociedad heredado de la dictadura de marras y por ende de la universidad y en esta última, cambio de su estructura y función social. Aunque sean diferentes estos objetivos, no están separados y ninguno de los dos puede conseguirse sin cambios paralelos en el Estado y la sociedad. El primero, requiere la conquista y consolidación de un régimen democrático, – con el fin de la falacia de la democracia, de la libertad, y de la justicia en la medida de lo posible, de la constitución de 1980 recientemente parchada / recauchada, del decreto de auto amnistía de la dictadura, del sistema binominal y de todos los decretos amarres de la dictadura -, el segundo, la puesta en marcha de unas reformas económicas y sociales de fondo que resuelvan inmediatamente las deficiencias de servicios sociales y disminuyan posteriormente las enormes y odiosas diferencias que separan a una minoría de privilegiados – 8% -, los ricos, de la clase media y de la clase olvidada marginada de la sociedad, los pobres, sin trabajo, atención médica, educación, etc.

La verdadera universidad, – la conciencia crítica de la sociedad -, en el marco de su autonomía está inserta en el proceso político y social general, lo que le permite contribuir activamente a su desarrollo, de forma, que la mayoría de los universitarios puede – y debe – plantear las reformas sociales que exigen el cambio de la función social de la universidad antes de que existan las condiciones prácticas para su realización. Dicho de otra manera, la reforma en profundidad de la enseñanza universitaria, resulta imposible si no se acomete paralelamente una reforma económica y social que libere a las clases populares de los efectos del capitalismo salvaje y su inhumano, insolidario e irracional mercado.

Democracia y autonomía:

Yo doy por supuesto que la universidad sólo será plenamente democrática cuando lo sea el régimen en que ésta se inserta, y que la naturaleza democrática de toda institución permite una profundización siempre mayor (tesis de doctorado del suscrito: “un modelo de universidad para el tercer mundo”, aprobada con la más alta distinción). Se trata, por lo tanto, de marcar unos mínimos que en la actual coyuntura parecen indispensables para poder denominar democrática a la universidad. Éstos serían:
 
–          La participación de la comunidad universitaria en la reforma democrática de la universidad – profesores, estudiantes y personal no docente -, debe apoyarse en la participación libremente consentida y democráticamente organizada de todos cuantos intervienen en ella. El órgano supremo será el claustro de la universidad, donde se encuentran representados adecuadamente – paritariamente-, los tres estamentos antes citados. Sus miembros será elegidos por sufragio universal y directo dentro de cada uno de ellos.
–          La nueva universidad establecerá libremente su estructura administrativa y de gobierno, determinando expresamente la participación de los diferentes estamentos.
–           El órgano supremo de determinación y de decisión es el consejo superior en el que se encuentran representados todos los estamentos: profesores, estudiantes, y empleados no docentes, elegidos en sufragio directo y universal dentro de cada estamento.
–          De forma paralela, serán creados los consejos de las diversas unidades académicas y administrativas.
–          Todos los cargos de gobierno, sean individuales o colegiados, serán siempre electivos.
–     En el marco de su autonomía académica, administrativa y territorial, la universidad establece su estructura académica, organiza los planes de estudio y determina los títulos correspondientes a cada rama del saber.
–     El financiamiento de la universidad será de cargo del Estado. La administración del presupuesto global de ella, será aprobado por el consejo superior y administrado por la rectoría.
–     La autonomía universitaria es inseparable del gobierno democrático de la universidad.
–     Como colofón, el claustro de reforma acordara:

a) Promover la recomposición científica y crítica de los contenidos de la enseñanza superior
b) La desmercantilización completa de la enseñanza superior, rematando la desmercantilización del resto de la educación, porque la eduación no es un negocio ni menos se puede lucrar con ella
c) La nueva universidad será: crítica, humanista, racional, científica, solidaria, abierta, tolerante y social.

La Autonomía Universitaria:

El rol que la universidad desempeña en el proceso social es histórico, contradictorio y subordinado. Histórico, en tanto que sólo se le puede entender en el contexto de una formación social concreta: Contradictorio, porque en su seno se expresan las contradicciones básicas del proceso social traduciéndolas en función de su propia naturaleza, y subordinado porque su destino depende de la solución de aquéllas.
La universidad es, ante todo una institución histórica, o en otras palabras, como parte de la superestructura es, a la vez, producto y escenario de la lucha – luchar es vivir -, por alcanzar una sociedad más justa, solidaria, y culta. La universidad desempeña pues, un papel determinado y no determinante. Los polos de la contradicción universitaria, son los polos de la contradicción social.

Por casi un siglo y especialmente en la década de los sesenta, la autonomía universitaria se convierte en instrumento de lucha por una verdadera democracia, justicia y libertad política. Durante todos estos años, al calor de la lucha, los universitarios se van preparando y van madurando junto con otros sectores de lucha un proyecto distinto de universidad y de sociedad. La derecha cavernaria, solo acepta la autonomía como un instrumento para lucrar y hacer de la educación un negocio.

La autonomía universitaria se liga a la lucha por la reforma universitaria democrática, como guía para la incorporación de los universitarios a la lucha por la transformación social de la sociedad.

En síntesis, la autonomía universitaria como práctica de las libertades académicas, científicas y políticas, debe ser ejercida plenamente por quienes la construyen: los universitarios. La mejor defensa de la autonomía universitaria es su ejercicio, y su ejercicio dentro de una lucha concreta, de donde ha surgido y en donde puede fortalecerse, es decir, si la autonomía como instrumento revolucionario ha surgido y se ha forjado en la lucha por una sociedad más humana, solidaria y justa, en estrecho contacto con los sectores progresistas, sólo podrá consolidarse y desarrollarse de la misma manera. La autonomía universitaria no debe ser entendida como un intento de la universidad de desvincularse del conjunto social, sino, por el contrario, como un medio para que la universidad cumpla las tareas sociales que le encomienda una sociedad democrática dirigida por los dirigentes más honestos e inteligentes de su pueblo.

Reforma democrática de la universidad:

Yo subrayo, que esta imprescindible reforma no es el fruto de un momento, sino de una continuidad de acciones, no es la destrucción de la universidad, sino su transformación necesaria, no es el retroceso científico, sino el avance democrático de los sectores progresistas, de los profesores, de los estudiantes, etc. y en consecuencia, del desarrollo de la ciencia y de la investigación.
 
La reforma democrática de la universidad al transformar el sentido de su función social, al incrementar el carácter científico – crítico del contenido de su enseñanza, al cimentar el conocimiento y la investigación en una tecnología de igual rango, al modernizar las técnicas pedagógicas, al propiciar un mayor acceso de jóvenes provenientes de los sectores populares a sus aulas, al establecer los servicios asistenciales que hagan esto realidad, y al reformar democráticamente sus formas de gobierno, puede situar a la universidad en condiciones de ejercer de manera real y eficaz su rol de cultora de las capacidades técnicas, humanísticas, artísticas, de la persona y promotora de su desarrollo multilateral, creador y crítico.
 
Yo acentúo que la universidad, sosteniendo su propia dinámica se puede situar al lado de la fuerza del progreso como lo fue en Chile hasta el 11 de septiembre de1973. Pero, manipulada, enajenada, puede asumir junto a la clase dominante, los ricos, la tarea de hacer de la educación un negocio, un instrumento del lucro, para mantener y ampliar los niveles de explotación, de marginación e injusticia prevalecientes. O sea, la ciencia – ser y razón de la universidad -, pasa a ser un dispositivo estratégico del sistema político en el reforzamiento de la dominación económica de los países subdesarrollados por parte de los países desarrollados. Por ello, la lucha por colocar a la universidad al lado de las fuerzas progresistas que se inclinan por el cambio social, es al mismo tiempo una lucha contra la dependencia.

Por último, yo quiero expresar que la acción para llevar a término la construcción de una nueva universidad, debe concebirse con extensión continental. Las más recientes agresiones a diversas universidades y por ende, a profesores y estudiantes latinoamericanos, son pruebas fehacientes de que el extrañamiento positivo, tiene ante sí un enemigo poderoso, aunque no imbatible, también de extensión continental. Éste enemigo no es otro que el imperialismo yanqui globalizado y sus aliados, las burguesías locales. La vanguardia de esta lucha, la constituyen los estudiantes de Latinoamérica, quienes conquistarán inevitablemente su nueva universidad democrática, “más temprano que tarde”, y pondrá a ésta, al servicio de la urgente exigencia: la transformación del modelo de sociedad imperante.
 

Las experiencias de autonomía universitaria a fines de la década de los sesenta, – en el proceso de la reforma universitaria -, son una prueba excelente de la fecundidad que entraña la liberación de la capacidad creadora de los universitarios chilenos, junto a los académicos progresistas y personal no docente. Yo creo, que hoy lo más importante de inmediato, es la movilización de los universitarios por la conquista de la autonomía universitaria. En el marco de ella, debe figurar, la participación estudiantil, la libertad para establecer planes de estudios y de organización de las actividades docentes e investigadoras, la libertad para seleccionar el profesorado y fijar las condiciones de admisión de los estudiantes y la libertad para administrar sus presupuestos y para elegir los propios órganos de gobierno a todos los niveles de una autonomía universitaria. Sólo en el contexto de una autonomía así concebida, podrá implantarse una gestión democrática universitaria, evidentemente en una sociedad democrática.

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