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Agosto 18, 2026

LA LIBERTAD: Un peso, un voto

Hace años leí en un manual de Economía Moderna la siguiente frase: “Un dólar, un voto”. Así se sintetizaba el concepto de libertad económica. He aquí la llave que abre la puerta hacia la libertad: mientras más dinero tienes, más ejerces la libertad. Tal es la invitación.

Con toda seguridad, esas palabras estaban dirigidas  a los pobres, porque son los pobres los que piensan más que nadie en los pesos. Los ricos ya tienen esas tan familiares monedas, de manera que gozan hace rato de la libertad, lo que significa entre otras cosas: ejercer el ocio, realizar actividades que desarrollen su humanidad, adquirir bienes sofisticados si les place y por cierto, el poder de mandar.
 
Los resultados obtenidos después de 30 años de libertad económica, en condiciones óptimas, confirma en Chile, el acierto de la frase que encabeza este texto. Los pobres no ejercen su libertad porque aún no hacen acopio del dinero mínimo, entonces no acceden a los bienes necesarios para desarrollar su temperamento, para cultivar su alma.
 
La relación del ingreso entre un rico (gerente) y un pobre (jornalero, junior, o telefonista) es de 1 a 70, de lo que se deduce que el rico es ahora, 70  veces más libre que un pobre. Algo de lentitud se observa en este banquete, al parecer una gran parte de los convidados retrocede en su menú de libertad, en cambio otros pocos, ya han obtenido jugosas unidades del mismo plato.
 
A mí me parece ya prudente, fijar el sueldo mínimo en un monto 4 veces superior al actual, de modo que el empresario o patrón, asimile en su negocio esos nuevos datos, realice un ajuste en los salarios de los gerentes, altos ejecutivos, y disminuya sus retiros personales para que ello sea posible. Debemos considerar, que el país es de todos, de los ricos y de los pobres.
 
Actualmente el Estado subsidia indirectamente a los empleadores mediante la asistencia médica y social que se da a los obreros y empleados en los Consultorios de salud y Centros sociales públicos. No tengo conocimiento, que el Estado Absolutista o algún otro, haya ido en ayuda de los señores feudales, para solventar el mantenimiento de sus siervos que al menos tenían asegurado el techo, abrigo, comida y salud.
 
El Estado de ningún modo debe intervenir practicando la caridad, no debe financiar los costos de la manutención física y mental del trabajador o empleado. Es obvio que eso corresponde al agente económico, es parte de su trabajo técnico. Si el Estado tuviera que intervenir, sería en poner pesos para un seguro de cesantía que mantuviera el salario del trabajador hasta que el mercado laboral se estabilice.
 
El sonido de la palabra “libertad” hoy resulta algo obscena, pero no del todo despreciable.