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Agosto 18, 2026

Good Bye Mr. Google

El lector con nombre de paladín justiciero de la época medieval, señor Felipe Salvatierra, no ha podido abandonar la adorable esclavitud mental que lo tiene atado a su caudillo, y no ha escatimado esfuerzos en defenderlo ante el público “no ilustrado”.  Pero su defensa no pasa de ser una pataleta, reflejo claro del fondo fascista que se incuba en aquellos que dicen defender la libertad y la rebeldía, y a la primera oportunidad tratan de imponer a bombazos y piedrazos sus inconsistentes reflexiones seudoanarquistas.

En primer lugar, yo no le resto ningún mérito a Bakunin. Critico su, como lo he llamado, “bolchevismo individualista” y  su fanatismo sacrosanto en una libertad exclusivamente pensada como carente de imposiciones.  En segundo lugar, ubico a Bakunin en el sitio que le corresponde dentro de las reflexiones anarquistas, esto es: en los arrabales. Porque si queremos ser serios, señor Salvatierra, los que pusieron la “primera  piedra” de esta ideología están bastante más atrás que el “poseído” que nos convoca: me refiero a Max Stirner y a Pierre Joseph Proudhon, e incluso, como lo señalara mi querido lord inglés, Bertrand Russell, podemos encontrar rastros del anarquismo en maestros chinos como Chuang Tzé o Lao Tsé.  En tercer lugar, no ahondaré en la referencia antisemita de “autor religioso judío” con la que el señor Salvatierra califica al efectivamente desconocido Martin Buber, y sólo le diré que los “ultrafamosos” Marx y Freud también eran judíos, e incluso, bastante religiosos, aunque con disfraces diversos.

Finalmente, para no aburrir más a la audiencia silenciosa de este foro,  diré que enfrentarse a las estructuras de dominación desde la perspectiva de los dominadores y/o dominados es un ejercicio de consolidación de dichas estructuras dentro de nuestra propia conciencia. Y ahí está lo malo,  porque nos convierte en potenciales Amos o en potenciales Esclavos, resentidos o impositivos, sin posibilidad de ver más allá del maniqueísmo de los buenos y de los malos, de los ricos y de los pobres, etc, etc: la mediocre realidad que nos circunda, en suma.