Las viejas carreteras se hacían cada vez más insuficientes por la estrechez de sus pistas, congestionándose con frecuencia ante la debacle de autos circulando las veinticuatro horas del día.
Después de un año y medio de intenso trabajo, la súper carretera fue concluida, y el gobierno satisfecho por el cumplimiento de los plazos y la vertiginosidad de la empresa para cumplir con las metas planificadas, programó su inauguración para un par de días antes de la Navidad.
Fue un día 23 de diciembre cuando los canales de televisión empezaron a instalar sus cámaras. Lentamente el sector fue invadido por una gran cantidad de invitados, entre ellos, el presidente de la Cámara Chilena de la Construcción, los Ministros de Obras Públicas y de la Vivienda, Subsecretarios, autoridades civiles y militares.
Los obreros por su parte, acudieron con sus cascos y los uniformes proporcionados por la empresa contratista; unos metros más atrás fueron ubicados sus familiares consanguíneos: mujeres, hijos, abuelos, todos expectantes por las características del acontecimiento.
Treinta minutos después arribó el presidente acompañado de su mujer y el Ministro del Interior ante el aplauso de la concurrencia quienes lucían unos gorros de la empresa con la leyenda: “Chile progresa”.
Una vez que la autoridad se sentó en el estrado principal frente al podium, el Orfeón de Carabineros dio por iniciado el evento.
Al son de la Canción Nacional los trabajadores y sus familias fueron descendiendo hacia el subterráneo edificado a un kilómetro de profundidad, solemnes marcaban el paso como si se tratase de una parada militar, mientras el público sonriente aplaudía a los obreros quienes iban desapareciendo del primer plano de la carretera, momentos después, se levantó de su silla el presidente y subiéndose a un convertible descapotado dispuesto para la ceremonia descendió junto a su mujer y el Ministro del Interior. Una vez estacionado el vehículo en el subterráneo, se aproximó a un micrófono y luego de una breve locución, cortó la cinta tricolor dando por inaugurado el nivel inferior de la mega carretera.
Obreros y familiares recibieron en un contexto de gran solemnidad, las llaves de sus nuevas casas en el complejo habitacional “Catacumbas siglo 21”, de espacios relativamente amplios, naturaleza de plástico, canchas deportivas de alquitrán , pulpería, colegios con salas de internet, una filial del registro civil para matrimonios, nacimientos, defunciones; una parroquia y un cementerio politeísta con un crematorio incluido.
Entre algarabías y resignación, una ambigua síntesis de emociones, los residentes fueron instalándose en sus nuevas viviendas, mientras el presidente subía al convertible, y dando una orden a su chofer el auto retornó a la superficie.
Arriba el sol quemaba con su energía, mientras los asistentes consumían bebidas y helados provenientes del comercio ambulante. El primer mandatario alzó sus manos para agradecer la ovación del público apostado en las graderías temporales y en las inmediaciones del sector.
Entonces se acercó al podium y cogiendo un micrófono entre sus manos dio por inaugurada la nueva carretera, nuevos aplausos de reconocimiento para luego emprender viaje al puerto de Valparaíso, seguido de una comitiva de automóviles de los invitados especiales y usuarios de la nueva vía Santiago – Valparaíso, que hacían sonar sus bocinas en señal de reconocimiento a este nuevo esfuerzo de modernización del país.
Atrás y en el silencio del subterráneo quedaba enterrada la pobreza.
Gregorio Angelcos es escritor y periodista, entre sus obras se destacan: Dios necesita un siquiatra y otros cuentos; El abuelo que comía mariposas (cuentos), y su último ensayo: CHILE: una democracia de oligarquías.
