Don Serafín volvió a la carga para decirnos que se quedó corto con sus alcances de lo que denominó “teta parlamentaria”, dándole a esta una doble acepción. Si no he entendido mal, en la primera, la teta saciaría una aspiración primaria de todo ser humano ( diez mil dólares mensuales no están nada de mal). La glándula mamaria, se entendería en su función alimenticia, la de dar de mamar. En última instancia, estaría relacionada con el instinto de conservación.
Siguiendo el mismo razonamiento, la otra teta, saciaría una aspiración superior: la del poder. El ejercicio gozoso de esta inmejorable posición en la sociedad que permite abrir incontables puertas. En última instancia estaría relacionada, con el instinto del placer.
Compartiré con ustedes afortunados lectores, los resultados de un experimento que hemos realizado hace unos pocos meses que consistía en someter a unos ratones a 2 opciones. La primera era el alimento (instinto de conservación) y la segunda una infusión que contenía una sustancia estimulante del apetito sexual (instinto del placer).
En vez de agua, pusimos la infusión y los dejamos con abundante y rica comida (queso gruyère, nueces, avena). Las tres parejas comenzaron a comer y como es obvio, bebieron. He aquí, que a los pocos minutos empezaron a ocurrir los primeros cambios. Tres machos y tres hembras que comenzaron a copular. Dale que dale y cada vez más seguido y así le dieron hasta que quedaron botados exhaustos, se incorporaron y fueron derechito a beber la infusión recomenzando su festín sexual e intercambiándose felices sus parejas. Solo bebían y copulaban alegres, sin importarles mucho que iban enflaqueciendo. A los siete días exactos, el sexo desenfrenado los llevó a la muerte, murieron literalmente en el acto, dejando los ratones la última gota de placer y de vida en las moribundas y gozadoras ratonas.
Estimado Serafín, esta concluyente experiencia, me induce a pensar, que el poder, que es una expresión política del placer, llevará a nuestra insaciable “canalla dorada” por el camino que ud. ha señalado en el último párrafo.
Compartiré con ustedes afortunados lectores, los resultados de un experimento que hemos realizado hace unos pocos meses que consistía en someter a unos ratones a 2 opciones. La primera era el alimento (instinto de conservación) y la segunda una infusión que contenía una sustancia estimulante del apetito sexual (instinto del placer).
En vez de agua, pusimos la infusión y los dejamos con abundante y rica comida (queso gruyère, nueces, avena). Las tres parejas comenzaron a comer y como es obvio, bebieron. He aquí, que a los pocos minutos empezaron a ocurrir los primeros cambios. Tres machos y tres hembras que comenzaron a copular. Dale que dale y cada vez más seguido y así le dieron hasta que quedaron botados exhaustos, se incorporaron y fueron derechito a beber la infusión recomenzando su festín sexual e intercambiándose felices sus parejas. Solo bebían y copulaban alegres, sin importarles mucho que iban enflaqueciendo. A los siete días exactos, el sexo desenfrenado los llevó a la muerte, murieron literalmente en el acto, dejando los ratones la última gota de placer y de vida en las moribundas y gozadoras ratonas.
Estimado Serafín, esta concluyente experiencia, me induce a pensar, que el poder, que es una expresión política del placer, llevará a nuestra insaciable “canalla dorada” por el camino que ud. ha señalado en el último párrafo.
Felipe Salvatierra
