La virtual proclamación presidencial de Insulza y la invocación por Bachelet de un plebiscito, para salir del callejón del binominalismo, jugaron en contra de la coherencia y, en definitiva, de la capacidad de conducción que tiene que demostrar el gobierno a medio año de iniciado.
La situación política que vive el país, a nivel de superestructuras, pareció condensarse el sábado pasado en el consejo general del PS. Entonces ocurrieron dos hechos que trajeron cola: la ovación y el trato especial brindado al militante de ese partido, José Miguel Insulza, quien desde su paso por el ministerio del Interior con Lagos y su desempeño actual como secretario general de la OEA, no ha dejado de ser considerado una carta presidencial para 2010. La escenificación fraguada por la directiva socialista incomodó al panzer, quien estuvo renuente a asistir a la instancia partidaria. Durante la misma, Michelle Bachelet dio un paso disruptivo para los esfuerzos –reales o atemperados- de la Concertación por modificar el sistema electoral vigente.
Al hablar de un plebiscito no vinculante para dar una salida ciudadana al callejón del binominalismo, la Presidenta creó animadversiones en la derecha por un planteamiento tal, así como declaraciones de que había cometido un error por parte del alvearismo, el sector que controla la DC y que está siempre atento a diferenciarse del bacheletismo.
Aunque la gobernante dijo ayer miércoles que no se movía un milímetro de sus dichos y pidió que no los descontextualizaran, esta movida suya traerá consecuencias distintas a las que se plantearon en lo inmediato. Aunque está claro que la derecha se aprovechó para agregar un nuevo pretexto a su conocida renuencia a tratar el asunto, en definitiva, tendrá que participar en el debate, y ese fue uno de los acuerdos de la directiva de RN con su presidenciable Sebastián Piñera, quien desea incorporar sus propias ideas a la discusión, la de los senadores nacionales incluida.
Pero como la invocación presidencial de un plebiscito no tuvo acogida en sectores del oficialismo, y algunos ministros tuvieron que salir a interpretar las palabras de Bachelet, el episodio será explotado como una nueva falta de coordinación y, en consecuencia, de conducción desde La Moneda. Aunque los presidentes de los partidos de la Concertación acordaran un artificioso e inconvincente salvataje, la derecha seguirá empeñada en alentar la percepción en la ciudadanía de que hay un vacío de liderazgo en el país.
Y como todo vacío tiende a ser llenado, la proliferación de las manifestaciones de interés en la Primera Magistratura se acentuarán en los próximos meses. Por insólito que resulte que, a sólo medio año de gestión del nuevo Ejecutivo, los pingos ya hagan sus aprestos para tan larga carrera, todo parece conspirar para que así sea, No sólo constituyen factores los errores, las descoordinaciones, las tareas mal hechas por las autoridades, sino también la fiebre de encuestas que tienta a los personajes mejor evaluados en ellas a que se miren en el espejo y se pregunten: ¿y por qué no yo?
Para la derecha esto puede resultar un bumerán. Como la Alianza por Chile no sale bien evaluada, en las mismas encuestas, ni como oposición ni como alternativa a la actual fórmula en el gobierno, puede que al final se revigorice la carta de Ricardo Lagos por todo el efecto nostalgia que pueda contener, por los atributos de liderazgo y de afiatamiento de un equipo donde lucieron figuras como Eyzaguirre, Insulza, Vidal y las propias Alvear y Bachelet. El vacío tendería a ser llenado, entonces, por el ex Presidente, quien eventualmente podría darse el lujo de competir en primera y acaso única vuelta con la abanderada democratacristiana. La gran reserva de esta elucubración es que debe dilucidarse si los altos índices de popularidad que rentabiliza hoy el anterior Mandatario se traducirían todos en votos por él, ya que muchos encuestados que le declaran su admiración son de derecha. Y una cosa es ensalzar sus virtudes y otra muy distinta marcarle preferencia electoral en una cédula en que, entre las varias alternativas, haya tal vez dos de derecha.
En estos análisis están enfrascados hoy en La Moneda y en los cenáculos que le son afines, todo por causa de un gobierno que no despega ni termina por encontrarse interiormente.
Al hablar de un plebiscito no vinculante para dar una salida ciudadana al callejón del binominalismo, la Presidenta creó animadversiones en la derecha por un planteamiento tal, así como declaraciones de que había cometido un error por parte del alvearismo, el sector que controla la DC y que está siempre atento a diferenciarse del bacheletismo.
Aunque la gobernante dijo ayer miércoles que no se movía un milímetro de sus dichos y pidió que no los descontextualizaran, esta movida suya traerá consecuencias distintas a las que se plantearon en lo inmediato. Aunque está claro que la derecha se aprovechó para agregar un nuevo pretexto a su conocida renuencia a tratar el asunto, en definitiva, tendrá que participar en el debate, y ese fue uno de los acuerdos de la directiva de RN con su presidenciable Sebastián Piñera, quien desea incorporar sus propias ideas a la discusión, la de los senadores nacionales incluida.
Pero como la invocación presidencial de un plebiscito no tuvo acogida en sectores del oficialismo, y algunos ministros tuvieron que salir a interpretar las palabras de Bachelet, el episodio será explotado como una nueva falta de coordinación y, en consecuencia, de conducción desde La Moneda. Aunque los presidentes de los partidos de la Concertación acordaran un artificioso e inconvincente salvataje, la derecha seguirá empeñada en alentar la percepción en la ciudadanía de que hay un vacío de liderazgo en el país.
Y como todo vacío tiende a ser llenado, la proliferación de las manifestaciones de interés en la Primera Magistratura se acentuarán en los próximos meses. Por insólito que resulte que, a sólo medio año de gestión del nuevo Ejecutivo, los pingos ya hagan sus aprestos para tan larga carrera, todo parece conspirar para que así sea, No sólo constituyen factores los errores, las descoordinaciones, las tareas mal hechas por las autoridades, sino también la fiebre de encuestas que tienta a los personajes mejor evaluados en ellas a que se miren en el espejo y se pregunten: ¿y por qué no yo?
Para la derecha esto puede resultar un bumerán. Como la Alianza por Chile no sale bien evaluada, en las mismas encuestas, ni como oposición ni como alternativa a la actual fórmula en el gobierno, puede que al final se revigorice la carta de Ricardo Lagos por todo el efecto nostalgia que pueda contener, por los atributos de liderazgo y de afiatamiento de un equipo donde lucieron figuras como Eyzaguirre, Insulza, Vidal y las propias Alvear y Bachelet. El vacío tendería a ser llenado, entonces, por el ex Presidente, quien eventualmente podría darse el lujo de competir en primera y acaso única vuelta con la abanderada democratacristiana. La gran reserva de esta elucubración es que debe dilucidarse si los altos índices de popularidad que rentabiliza hoy el anterior Mandatario se traducirían todos en votos por él, ya que muchos encuestados que le declaran su admiración son de derecha. Y una cosa es ensalzar sus virtudes y otra muy distinta marcarle preferencia electoral en una cédula en que, entre las varias alternativas, haya tal vez dos de derecha.
En estos análisis están enfrascados hoy en La Moneda y en los cenáculos que le son afines, todo por causa de un gobierno que no despega ni termina por encontrarse interiormente.
(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, 102.5 FM)
