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Agosto 18, 2026

Frío, amnesia y miseria: La excepción chilena

En la región de Aysén, principalmente en Coyhaique y  Balmaceda, casi se mueren de frío por esta ola polar. Los  24 grados Celsius es una de las pocas  puntas  del iceberg que aparecen de vez en cuando  desnudando o desabrigando a nuestro civilizado país: cañerías inutilizadas por el hielo, familias pidiendo ayuda, el gobierno dando soluciones a media…La noticia es  llamativa, aunque menos que las que llenaron portadas hace dos semanas gracias al pasado temporal en la zona centro-sur de Chile que dejó, según datos oficiales, 24 muertos y 25.000 damnificados, donde ya se olvidaron las causas hasta que el próximo año se destape la olla una vez más.

Estas víctimas aparecen y desaparecen cada 12 meses mostrando la realidad  de un país, que en estos días, se  preocupa   de problemas MAYORES como la disputa codo a codo que tenemos con  Estados Unidos a propósito del voto, o no voto, a Venezuela por el Consejo de Seguridad de la ONU. Los que sufren  siempre son los más pobres, es decir la mayoría de los habitantes de la aldea. Chile se parece más a Venezuela de los que pensamos, a pesar de nuestro civilizado clima.

En conversación con radio Cooperativa, la  señora Yolanda, habitante de la malograda región de Aysén, acuñó este lunes esta  desesperada frase que se ha repetido en nuestra historia criolla: “La gente tiene frío y hambre, entonces quiero que las autoridades se preocupen, porque hace como una semana que no están nombrando a Balmaceda y estamos incluso sin leña”.

 

Problema solucionado. La intendenta Viviana Betancourt y el director regional de la Oficina Nacional de Emergencia (ONEMI), Juan Azócar,  aseguraron que se coordinó, junto a Bomberos, la entrega de agua potable en Balmaceda y Coyhaique con camiones aljibes. Las palabras de Azócar son concluyentes y serenas,  “Para tranquilidad de la comunidad tomamos contacto con Bomberos para repartir agua en el sector, y además va un equipo de la Gobernación de Coyhaique para ver algunos problemas de orden social, como llevar frazada o visitar algunos abuelitos”.

Frío en Santiago

Donde nunca parece que habrá solución parche, a medias,  caribeña, es al frío natural que tenemos en Santiago cada vez que el termómetro baja o llega la temida ola polar. El escritor  Joaquín Edwards Bello aseguró en junio de1960 que nunca había sentido tanto frío en su vida que aquí, en Santiago de Chile. Comparó sus experiencias vividas en Inglaterra, Francia y en Pozuelo, conocido pueblo frío cercano a Madrid y siempre concluyó que nuestro país era el más frío que había conocido. “El invierno nos pilla de sorpresa, como la lluvia. En cuanto a la primera lluvia, se oye decir: Dónde quedaría el paraguas. Caen goteras en todas las piezas. No estamos preparados para el invierno”, decía.

El cronista  cita incluso que escuchó  hablar a un escritor que humorísticamente decía que podemos calentarnos con la carta de don Pedro de Valdivia a Carlos V. “En esta carta, escrita por el secretario, le dice al rey que aquí gozamos de eterna primavera. Es posible que en el momento de escribir así el secretario tiritara de frío, como tirito yo al escribir esto. Según algunos historiadores, la palabra Chile, o Chili, quiere decir frío, en lengua de los indios”, escribía Edwards.

Al parecer, Chile tiene una histórica amnesia generalizada en el amplio espectro social y cultural, se nos olvida que somos precarios y sólo nos acordamos  de ello cuando tropezamos con el cerro de basura que dejamos debajo de la alfombra. 

En Santiago y sus alrededores, -de la I a XII región- ni siquiera en las casas de las clases media-alta existen  termo paneles, ni  calefacción central, pero sí hay filtraciones por todos lados y el resto- el ochentaytantos por ciento de la población más pobre- se muere de frío en este par de semanas glaciales, que nos hacen recordar, una vez más, que somos bananeros, fríos -muertos-de-frío y lloramos porque no tenemos petróleo: una excepción mundial.

En Córdoba, durante  la foto oficial de la pasada Cumbre del MERCOSUR,  un acalorado Hugo Chávez tocó, abrazó y tocó parte de la anatomía que se escondía tras el glacial vestido  blanco de nuestra Presidenta. Rápidamente salieron voces de distintos sectores, desde el socialismo a la Udi, reclamando en contra de la actitud insolente, machista, desubicada en contra de nuestra compuesta, fría, occidental, europea, y seria Michelle Bachelet. ¿Qué tan lejos estamos de Venezuela?